29 de abril 2005 - 00:00

Se complica Blair a 6 días de la elección

Tony Blair
Tony Blair
Londres (EFE, AFP, Reuters) - La decisión de apoyar la guerra de Irak en 2003 amenazó ayer más que nunca con pasarle una factura al primer ministro británico, Tony Blair, en la recta final de los comicios legislativos del 5 de mayo, tras filtrarse un informe que arroja serias dudas sobre su legalidad.

A una semana de la cita en las urnas, el gobierno laborista se vio obligado ayer a publicar el documento completo en el que, el 7 de marzo de 2003, el fiscal general y asesor de Blair, Peter Goldsmith, expresaba sus reservas sobre la invasión que iba a iniciarse trece días después.

Tras oponerse en incontables ocasiones, al líder laborista -que encabeza los sondeos por más de 9 puntos- no le quedó más remedio que sacar a la luz el texto íntegro, por una cadena de acontecimientos en las últimas horas que pueden suponer un mazazo para un partido que aspira a su tercer mandato consecutivo.

• Críticas

A la filtración de un resumen del documento, a Blair se le sumaron las críticas voraces de una oposición que ya no piensa concederle tregua alguna hasta el día de las elecciones y el aluvión de preguntas con el que lo avasallaron ayer los periodistas.

El primer ministro apareció en rueda de prensa en Londres, respaldado por su «número dos», Gordon Brown, en un momento en el que le era precioso el apoyo de sus colaboradores para tratar de impedir una mayor caída de su credibilidad, mermada desde el inicio de la crisis de Irak.

Pese a que el informe de Goldsmith advertía de que «la vía legal más segura» era lograr una segunda resolución de Naciones Unidas, Blair se mantuvo en sus trece al asegurar que el fiscal general aprobó su legalidad.

«Tenía una decisión que tomar y la tomé. Eso es liderazgo. Siempre habrá gente que lo pondrá en duda (la necesidad de la guerra)», indicó Blair, para quien
«irá siempre en mi conciencia, pero no me arrepiento».

Goldsmith comunicó sus reservas al gobierno pero, tres días antes de la invasión del 20 de marzo, afirmó tajantemente ante el Parlamento que era legal con el fin de arrancar el apoyo de los diputados, como ocurrió.

Para la oposición, el significado del documento es rotundo: el conservador
Michael Howard, máximo rival de Blair en los comicios el próximo jueves, aseguró ayer que el primer ministro « engañó» a los diputados.

La honestidad del primer ministro ha sido blanco no sólo de las críticas de la oposición en los últimos días, sino que un sondeo publicado ayer por «The Guardian» refleja que 44 por ciento de los británicos lo considera un «mentiroso».

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