5 de abril 2005 - 00:00

Se espera en Roma una avalancha de 4 millones de personas

Ciudad del Vaticano - Es imposible saber cuántos fieles se desplazarán a Ciudad del Vaticano para asistir a las exequias y funerales por el papa Juan Pablo II. Aunque las autoridades italianas hablan de cientos de miles de fieles, los medios de comunicación ponen ya cifras que se sitúan entre uno y dos millones de visitantes, aunque en ocasiones las elevan hasta los cuatro millones, y se apunta al «mayor evento de la historia». Más previsible es, en cambio, la presencia de cerca de 150 de jefes de Estado y de gobierno, incluidos los grandes mandatarios como el presidente George W. Bush y los monarcas de varios países.

Aunque el gobierno italiano lleva días preparando tanto las cuestiones de acogida como las de seguridad, el Consejo de Ministros nombró al responsable de Protección Civil, Guido Bertolaso, comisario extraordinario para este acontecimiento. Fue ya uno de los responsables del Jubileo del año 2000, que acogió a 24 millones de visitantes, aunque fuera a lo largo de varios meses. El reto de ahora es que se trata de una avalancha que se producirá en tan sólo una semana y sin posibilidades de previsión respecto de los medios de transporte y alojamiento. (Se ha reportado que trenes especiales llegan sin cesar a la ciudad, y sólo desde Polonia se habla de un millón de viajeros para el funeral del viernes.)

Los preparativos se iniciaron el pasado jueves, al agravarse el estado de Su Santidad. A la misma hora que se anunciaba su fallecimiento, se montaba ya en los alrededores de la Plaza San Pedro una tienda hospital para primeros auxilios.

• Suspensión

Buena parte de los diez mil policías que se van a encargar de la seguridad estaba ya en la capital, y se han suspendido todos los permisos de licencia para la policía local.

El dispositivo más llamativo es el que se instalará en la Plaza San Pedro y sus alrededores. Está previsto que se instalen detectores de metales a la entrada de la plaza y, dado que la capacidad del recinto será absolutamente insuficiente -desde el domingo hay jóvenes con bolsas de dormir dispuestos a no moverse de la plaza-, se habilitarán al menos diez pantallas gigantes para poder seguir las ceremonias en los aledaños de la plaza e incluso en espacios más lejanos.

• Apertura

El tráfico estará cerrado en el entorno de la Ciudad del Vaticano, convertida en una isla peatonal para evitar el colapso que ya se produjo el pasado fin de semana. El alcalde de Roma, Walter Veltroni, ha paralizado las obras de la línea 1 del metro, ha prolongado dos horas diarias el servicio (hasta las 11 de la noche) y ha reforzado las líneas de autobús entre la estación Termini y la Plaza San Pedro.

Para alojar a los fieles, especialmente a los jóvenes que llegarán con bolsas de dormir y sin reservas de hotel, se prevé abrir los estadios Olímpico y Flaminio, aunque no habrá tiendas disponibles.
Se ha previsto instalar camas en otros espacios urbanos, como el recinto de la Feria, el Palacio de Congresos y el Palacio de Deportes, y si resultan insuficientes, se habilitará la gran área de Tor Vergata, ya utilizada durante el jubileo.

Todos los hospitales de la ciudad han sido puestos en estado de alerta y el Ayuntamiento romano tiene almacenadas 30.000 botellas de agua para repartir entre los fieles. En distintos puntos de la ciudad se han empezado a situar ya lavabos prefabricados.

El número de periodistas desplazados supera también todas las previsiones iniciales.
El domingo la oficina de prensa del Vaticano se vio obligada a abrir sus instalaciones ante la incapacidad para poder facilitar acreditaciones a cuantos medios las solicitaban. En el área habilitada frente al castillo de Sant Angelo para las televisiones, los platós, las antenas parabólicas y los vehículos se estorban unos a otros.

Menos se conocen las medidas de seguridad que se van a adoptar. Se prevé que la mayoría de los vuelos para el viaje de jefes de Estado se traslade a los aeropuertos militares. Para el día de los funerales se plantea cerrar el espacio aéreo sobre la ciudad y se especula sobre la instalación de misiles antiaéreos. Es seguro que en el castillo de Sant Angelo y otros edificios próximos habrá francotiradores especializados del ejército para proteger la llegada de las autoridades. Y los especialistas han empezado a escudriñar, como ya es habitual en estos casos, las cloacas y los subterráneos próximos al Vaticano.

Dejá tu comentario

Te puede interesar