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• Apertura
El tráfico estará cerrado en el entorno de la Ciudad del Vaticano, convertida en una isla peatonal para evitar el colapso que ya se produjo el pasado fin de semana. El alcalde de Roma, Walter Veltroni, ha paralizado las obras de la línea 1 del metro, ha prolongado dos horas diarias el servicio (hasta las 11 de la noche) y ha reforzado las líneas de autobús entre la estación Termini y la Plaza San Pedro.
Para alojar a los fieles, especialmente a los jóvenes que llegarán con bolsas de dormir y sin reservas de hotel, se prevé abrir los estadios Olímpico y Flaminio, aunque no habrá tiendas disponibles. Se ha previsto instalar camas en otros espacios urbanos, como el recinto de la Feria, el Palacio de Congresos y el Palacio de Deportes, y si resultan insuficientes, se habilitará la gran área de Tor Vergata, ya utilizada durante el jubileo.
Todos los hospitales de la ciudad han sido puestos en estado de alerta y el Ayuntamiento romano tiene almacenadas 30.000 botellas de agua para repartir entre los fieles. En distintos puntos de la ciudad se han empezado a situar ya lavabos prefabricados.
El número de periodistas desplazados supera también todas las previsiones iniciales. El domingo la oficina de prensa del Vaticano se vio obligada a abrir sus instalaciones ante la incapacidad para poder facilitar acreditaciones a cuantos medios las solicitaban. En el área habilitada frente al castillo de Sant Angelo para las televisiones, los platós, las antenas parabólicas y los vehículos se estorban unos a otros.
Menos se conocen las medidas de seguridad que se van a adoptar. Se prevé que la mayoría de los vuelos para el viaje de jefes de Estado se traslade a los aeropuertos militares. Para el día de los funerales se plantea cerrar el espacio aéreo sobre la ciudad y se especula sobre la instalación de misiles antiaéreos. Es seguro que en el castillo de Sant Angelo y otros edificios próximos habrá francotiradores especializados del ejército para proteger la llegada de las autoridades. Y los especialistas han empezado a escudriñar, como ya es habitual en estos casos, las cloacas y los subterráneos próximos al Vaticano.


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