Sung Sin, el surcoreano asesinado
ayer por los talibanes
afganos.
Kabul (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Los extremistas talibanes anunciaron ayer la ejecución de uno de los 22 surcoreanos en su poder, después de que expirara el plazo dado al gobierno afgano para que accediera a la excarcelación de presos insurgentes a cambio de los rehenes.
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El portavoz talibán, Mohammed Yousef Ahmadi, aseguró por teléfono a los medios que los secuestradores acabaron con la vida de un hombre identificado como Sung Sin.
Este fue el segundo asesinato desde que los asiáticos fueron secuestrados el 19 de julio. El miércoles, los terroristas ejecutaron a balazos a Bae Hyung-kyu, de 42 años, y líder del grupo, integrado por misioneros cristianos que habían viajado como voluntarios a Afganistán.
Según el vocero, la razón del nuevo asesinato fue el «fracaso» de las negociaciones con el gobierno, al que los secuestradores exigían la liberación de ocho presos insurgentes a cambio de los rehenes. «No respondieron positivamente a nuestra demanda, y nuestras fuerzas, de acuerdo con el plazo establecido, mataron al rehén», dijo Ahmadi, que advirtió que si el gobierno no accede a excarcelar a los milicianos, «la vida de los otros coreanos estará en peligro».
Plazas
Hasta el momento, los secuestradores habían establecido varios plazos que fueron ampliando sucesivamente para dar tiempo a las negociaciones, lo que había suscitado la esperanza de que volvieran a extender el ultimátum sin matar a ninguno de los cautivos. La última ejecución provocó horror en Corea del Sur e incrementó el temor por la suerte de los otros misioneros, entre los que hay 18 mujeres y que, según fuentes cercanas a las negociaciones, fueron divididos en tres grupos.
Anoche, el canal de televisión qatarí Al-Jazeera difundía las primeras imágenes de varios de los asiáticos. La emisora transmitió un video sin sonido de un minuto de duración, en el que aparecían un hombre y ocho mujeres, todas con el velo islámico que cubre toda su cabeza menos el rostro. Con las caras pálidas y cansadas, cinco de las mujeres estaban sentadas en el suelo, mientras detrás de ellas se veía a otras tres y a un hombre que estaban de pie con una mirada llena de miedo y desesperanza.
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