Trágica toma de rehenes en Filipinas: secuestrador mató a ocho turistas
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Horas de máxima tensión se vivieron en Manila por un secuestro dentro de un colectivo
Antes de ser abatido, Mendoza mató a tiros a ocho de los turistas que mantenía como rehenes, dijo el superintendente de policía Nelson Yabut.
Terminada la toma, al menos seis de los turistas que permanecieron como rehenes hasta el final pudieron salir del vehículo por sus propios medios, mientras que otro fue retirado también vivo pero inconsciente por los policías.
Durante el asalto se produjo un intercambio de disparos, ya que el secuestrador portaba un fusil M-16 y armas cortas. Un niño de 10 años que observaba los hechos fue herido por una bala perdida, informó la policía.
También el conductor pudo escapar cuando Mendoza comenzó a disparar en un ataque de ira al ver que la policía detenía a su hermano, que participaba de las negociaciones. El padre de ambos también fue detenido, señaló un portavoz policial.
"¿Cómo puedo estar satisfecho cuando hubo personas muertas?", dijo el presidente filipino, Benigno Aquino III, en declaraciones a periodistas.
El mandatario dijo que la situación se deterioró rápidamente luego de que el secuestrador abandonó la disposición a la negociación que había mostrado al inicio del episodio.
El ministro del Interior filipino, Jesse Robredo, dijo que el gobierno estaba "entristecido" por el violento desenlace a la crisis, televisado en directo por varias cadenas de televisión.
El gobierno de Hong Kong fletó un avión a Manila con familiares de las víctimas y heridos. También viajaron funcionarios del gobierno, personal médico y agentes de policía e inmigración, dijo un portavoz del Ejecutivo.
El gobernador de Hong Kong, Donald Tsung, calificó el incidente como una "gran tragedia", aunque expresó su decepción por el manejo del incidente por parte de las autoridades filipinas.
"La forma en que fue manejado, particularmente el resultado, lo encuentro decepcionante", declaró Tsang.
Según las autoridades filipinas, Mendoza fue echado de la policía en 2008 luego de ser acusado, junto a otros cuatro oficiales, de robo, extorsión y amenazas graves por parte del chef de un hotel de Manila que denunció que los policías lo acusaban falsamente de consumir drogas y lo obligaban a darles dinero.
Las tomas de rehenes no son infrecuentes en Filipinas. En marzo de 2007, un ingeniero civil protagonizó una toma de rehenes similar al ingresar con una granada en un ómnibus escolar que llevaba 30 niños y maestros en Manila. Todos los rehenes pudieron ser liberados ilesos tras diez horas de secuestro y el secustrador fue juzgado y condenado.




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