20 de septiembre 2005 - 00:00

Un entorno hostil para las empresas

Francfort - El resultado registrado el domingo en las elecciones generales alemanas ha sumido en la más profunda incertidumbre a la economía del país, que necesita ahora, más que nunca, directrices legislativas claras para salir de su aletargamiento.

Mientras los partidos políticos están ya enzarzados en debates internos sobre futuras coaliciones que hace sólo unas semanas hubiesen sido impensables, el empresariado nacional deberá acostumbrarse a la idea de que la fragmentación y la inestabilidad en el Parlamento serán una constante en un futuro previsible.

Con un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) muy modesto, Alemania es el vagón de cola en la eurozona en cuanto al crecimiento: el Fondo Monetario Internacional (FMI) dice que el país crecerá apenas 0,8% en 2005 y 1,2% en 2006.


De hecho, el Bundesbank (banco central) anunció ayer que la economía se estancó en el segundo trimestre debido al retroceso de las exportaciones y la debilidad del consumo privado.

La primera víctima de unos resultado electorales que han sorprendido a casi todos, especialmente a los encuestadores, que habían pronosticado una clara victoria conservadora, pueden ser las tímidas reformas lanzadas por el gobierno rojiverde de Gerhard Schröder para el mercado laboral y la seguridad social.

El influyente primer ministro del estado federado de Hesse, Roland Koch, indicó ayer que una gran coalición formada por la Unión Cristianodemócrata y el Partido Socialdemócrata, una de las opciones más manejadas, paralizaría las reformas que tanto han desgastado políticamente al actual gobierno.

Los expertos coinciden en que sólo un gobierno estable que tenga el valor de emprender profundas reformas en la legislación laboral y otros sectores podrá combatir con éxito el desempleo, que afecta a casi cinco millones de personas.

La globalización ha supuesto una dura prueba para las empresas alemanas, que viven en gran medida de la exportación y que tienen unos costos laborales muy por encima de la media europea.
Su pérdida de competitividad ha sido meridianamente clara en sectores clave, como el del automóvil, del que depende uno de cada siete empleos en Alemania.

La patronal exige desde hace tiempo una legislación más liberal sobre el despido, que abarate los costos laborales y que permita cerrar convenios fuera de la normativa vigente.


Empresas como Siemens, Bosch, Volkswagen, Daimler Chrysler y Opel han recurrido a la deslocalización hacia el Este europeo y otros destinos en países emergentes como medio inmediato para abaratar los costos de producción ante la alarma de sindicatos y trabajadores, que ven desaparecer sus empleos a un ritmo inusitado. Aunque su dirección asegura que el momento del anuncio no está para nada relacionado con los comicios, el poderoso grupo industrial Siemens comunicó ayer una amplia reestructuración interna que abarca recortes de costos y de 2.400 empleos.

• Cambios

Esta tendencia se observa también en otras grandes firmas, como Opel y Volkswagen, que han acometido cambios radicales para incrementar el rendimiento y liberarse del lastre de planteles abultados, acumulados en tiempos de vacas gordas.

Al mismo tiempo, con la incertidumbre política surgida de los comicios tienden a aumentar aun más las dudas sobre la seguridad de los puestos de trabajo, lo que ya ha mermado notablemente la confianza del consumidor, tanto en lo que se refiere a artículos de consumo cotidiano como a la adquisición de bienes duraderos.

Según
Nikolaus Scheickart, presidente de la compañía farmacéutica Altana, una de las 30 primeras empresas alemanas, «los resultados electorales son un desastre para la economía». Esta postura, aunque en términos no tan tajantes, era compartida por otros líderes industriales.

En tiempos de crisis, un gobierno con una cómoda mayoría hubiera facilitado la toma de medidas impopulares, como la suba del IVA en dos puntos, una ley de despidos más liberal -que los sindicatos, lógicamente, rechazany la eliminación de un sinfín de deducciones fiscales que endulzan la vida del asalariado.

Además, la escalada mundial de los precios del crudo afecta especialmente a Alemania, un país altamente industrializado sin recursos petrolíferos propios, que depende exclusivamente de la importación de carburantes.

Por otra parte, el Bundesbank no puede aportar su grano de arena con una baja de las tasas de interés a corto plazo, porque la política monetaria está en manos del Banco Central Europeo (BCE), que insiste en que las tasas están a niveles históricamente bajos.

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