Un entorno hostil para las empresas
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Con un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) muy modesto, Alemania es el vagón de cola en la eurozona en cuanto al crecimiento: el Fondo Monetario Internacional (FMI) dice que el país crecerá apenas 0,8% en 2005 y 1,2% en 2006.
La globalización ha supuesto una dura prueba para las empresas alemanas, que viven en gran medida de la exportación y que tienen unos costos laborales muy por encima de la media europea. Su pérdida de competitividad ha sido meridianamente clara en sectores clave, como el del automóvil, del que depende uno de cada siete empleos en Alemania.
La patronal exige desde hace tiempo una legislación más liberal sobre el despido, que abarate los costos laborales y que permita cerrar convenios fuera de la normativa vigente.
Empresas como Siemens, Bosch, Volkswagen, Daimler Chrysler y Opel han recurrido a la deslocalización hacia el Este europeo y otros destinos en países emergentes como medio inmediato para abaratar los costos de producción ante la alarma de sindicatos y trabajadores, que ven desaparecer sus empleos a un ritmo inusitado. Aunque su dirección asegura que el momento del anuncio no está para nada relacionado con los comicios, el poderoso grupo industrial Siemens comunicó ayer una amplia reestructuración interna que abarca recortes de costos y de 2.400 empleos.
• Cambios
Esta tendencia se observa también en otras grandes firmas, como Opel y Volkswagen, que han acometido cambios radicales para incrementar el rendimiento y liberarse del lastre de planteles abultados, acumulados en tiempos de vacas gordas.
Al mismo tiempo, con la incertidumbre política surgida de los comicios tienden a aumentar aun más las dudas sobre la seguridad de los puestos de trabajo, lo que ya ha mermado notablemente la confianza del consumidor, tanto en lo que se refiere a artículos de consumo cotidiano como a la adquisición de bienes duraderos.
Según Nikolaus Scheickart, presidente de la compañía farmacéutica Altana, una de las 30 primeras empresas alemanas, «los resultados electorales son un desastre para la economía». Esta postura, aunque en términos no tan tajantes, era compartida por otros líderes industriales.
En tiempos de crisis, un gobierno con una cómoda mayoría hubiera facilitado la toma de medidas impopulares, como la suba del IVA en dos puntos, una ley de despidos más liberal -que los sindicatos, lógicamente, rechazany la eliminación de un sinfín de deducciones fiscales que endulzan la vida del asalariado.
Además, la escalada mundial de los precios del crudo afecta especialmente a Alemania, un país altamente industrializado sin recursos petrolíferos propios, que depende exclusivamente de la importación de carburantes.
Por otra parte, el Bundesbank no puede aportar su grano de arena con una baja de las tasas de interés a corto plazo, porque la política monetaria está en manos del Banco Central Europeo (BCE), que insiste en que las tasas están a niveles históricamente bajos.




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