Quito (El Mundo, EFE, ANSA) - Rafael Correa tendrá, cuando asuma el poder, un desafío de difícil resolución: mantener las promesas que hizo a la población pobre de Ecuador, la mitad de la población total, sin asustar a los empresarios y al capital internacional, sin cuyas inversiones será imposible pensar un futuro mejor para el país. Por ahora, sus iniciativas aparecen como radicales y refractarias a las necesidades de la comunidad de negocios.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Correa es un economista de 43 años que se hizo a sí mismo. Nacido en el seno de una familia sin grandes recursos de la capital económica del país, la costera Guayaquil, se dedicó a la docencia durante 12 años y fue durante tres meses ministro de Economía en el actual gobierno de Alfredo Palacio hasta que dimitió, en agosto de 2005.
Su rostro de apariencia amable incluye un carácter disciplinado: a los siete años ya mostraba sus dotes de líder en el movimiento «scout» y religioso.
Formado en la Universidad Católica, declara que sus principios de justicia social emanan «de las Sagradas Escrituras y de la doctrina de la Iglesia». En los años 80 participó activamente en labores de evangelización.
Más allá de esos orígenes, los izquierdistas ecuatorianos valoran su cercanía a Hugo Chávez, de quien se declara «amigo», y a Evo Morales.
«Cuando lo conocí (a Chávez) hubo una simpatía mutua inmediata. Luego me invitaron a Venezuela y fui. Tengo con él una amistad que me honra», dijo.
Promesa
En su campaña, Correa ha dicho que «en el neoliberalismo está todo inventado» y prometió revisar la política de recursos naturales del país. Para terminar de espantar al empresariado y los inversores, anunció que, si gana, Ecuador dejará de pagar la deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional, a la que considera «ilegítima».
Otros de los caballitos de batalla de su campaña fueron su negativa al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y su interés en desmantelar la polémica base militar norteamericana instalada en la ciudad de Manta.
El líder del partido Alianza País, creado por él mismo, es un hombre cosmopolita que amplió estudios en Bélgica, donde conoció a su mujer, y en Estados Unidos. Respecto del país del Norte, fue claro durante la campaña electoral: «Bush es un presidente tremendamente torpe que ha hecho mucho daño a su país y al mundo», declaró.
Cuando su amigo Chávez dijo que el líder de EE.UU. era «el diablo», Correa suscribió: «El diablo será malvado, pero inteligente». Aunque, deseoso de no granjearse más enemigos de los necesarios, aclaró: «Una cosa es lo que pienso del señor Bush y otra lo que pienso del pueblo norteamericano, al cual quiero mucho y con el cual viví cuatro años».
Constituyente
Su propuesta de gobierno es de «revolución ciudadana», porque convocará a una consulta popular para que la población se pronuncie sobre la conformación de una Asamblea Constituyenteque cambie totalmente la Constitución.
Su discurso antisistema, el rechazo al Congreso y a los partidos políticos tradicionales fueron, para muchos analistas, las razones del crecimiento de su candidatura.
Durante los actos para la segunda vuelta dejó la correa (cinturón) que usó como metáfora de la lucha contra la corrupción que promete para su gobierno y la cambió por la guitarra, con la que acompañó a varios músicos populares. Además, se apoyó en la presencia de su esposa, la belga Ann Meleme, y sus hijos de 12, 9 y 4 años, en las actividades políticas.
Dejá tu comentario