Un ortodoxo que combatió a los grupos disidentes
-
Elecciones en Perú: candidatos de derecha se consolidan en la cima de las encuestas
-
Trump, advirtió a Irán: "El país entero podría ser destruido en una noche y esa noche podría ser este martes"
Esta foto de 1951 muestra a Joseph Ratzinger (derecha)
junto a su hermano Georg durante su ordenación en Freising,
Alemania. Su rebeldía juvenil derivó con los años en
una firme ortodoxia doctrinaria.
Tras unos primeros esbozos de Teología rebelde, dio un giro en el sentido opuesto. Así, en 1977 fue electo por Pablo VI arzobispo de Munich.
Karol Wojtyla se dedicó en sus últimos años a diseñar un Colegio Sacro a su medida y concedió a Ratzinger un puesto clave en 2002, cuando lo designó decano del Consejo Cardenalicio.
Elegido en la tarde de ayer en la tercera ronda de votaciones en el segundo día del Cónclave, el nuevo Papa ha demostrado siempre su intransigencia en cuanto al dogma católico.
Era uno de los tres cardenales con derecho a voto en este Cónclave que no había sido nombrado por Juan Pablo II, del que fue amigo personal, consejero y mano derecha.
El llamado «guardián del dogma», de ojos azules y mirada tímida, que combatió el sacerdocio femenino y condenó la homosexualidad, prohibió la comunión a los divorciados que se vuelven a casar y luchó contra el crecimiento de los laicos dentro de la Iglesia, no se considera un duro.
«Yo no soy el gran inquisidor y tampoco me siento una Casandra cuando examino los factores negativos en la Iglesia», suele decir de sí mismo. Ratzinger arremetió contra la «dictadura del relativismo».
Ni su conservadurismo ni sus problemas de salud han supuesto un obstáculo para su elección en el Cónclave. En 2002, conforme a la regla vaticana válida para los cardenales de más de 75 años, Ratzinger presentó su dimisión a Juan Pablo II, pero éste le pidió que se quedara.
En el marco de las luchas dentro de la fe católica, Ratzinger se opuso con vigor a la «teología de la liberación», profesada por uno de sus alumnos, el brasileño Leonardo Boff, y a los disidentes, como el teólogo Hans Küng.
Su conservadurismo amenazó a veces con crear crisis políticas. En 2004, Ratzinger se opuso a la entrada de Turquía en la Unión Europea, calificándola de «enorme error» y de «decisión contra la historia».
Asimismo, en 1984, vio como «una vergüenza de nuestra época los regímenes comunistas llegados al poder en nombre de la liberación del hombre».
Frente a una Iglesia que se encuentra en un momento crucial, el Papa alemán preconiza un acercamiento con los movimientos católicos más radicales. «Cuanto una religión se acerca más al mundo, deviene más superflua», afirmó en octubre de 2004 en el semanario italiano «Panorama».




Dejá tu comentario