Una vida marcada por los abusos del poder
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Uday, de 39 años, el hijo mayor de Hussein, sentía una enorme atracción por los automóviles deportivos, las botas de vaquero y los asesinatos, pero perdió el favoritismo de su familia cuando golpeó a un sirviente de la casa hasta causarle la muerte. Sin embargo, siguió siendo el heredero de su omnipotente padre hasta que fue baleado y herido gravemente en un intento de asesinato en 1996.
Incluso dentro de su propia familia fue considerado «una bala perdida», un hombre que tenía una horrenda reputación por su despiadada brutalidad y que había asesinado o mutilado a varias personas con sus propias manos.
•Violencia
Uno de los castigos habituales que aplicaba sobre los jugadores que no satisfacían sus exigencias era obligarlos a «jugar» con los pies desnudos y una pelota de piedra.
Tres días después, Kamel, su hermano y el padre de ambos fueron muertos a balazos. El turno de la madre de Kamel llegó en 2000, cuando fue asesinada a balazos en su casa de Bagdad.
Nacido en 1966, de personalidad más tímida que su hermano mayor, mantuvo siempre un perfil mucho más bajo que éste, pero controlaba las tropas de elite de la Guardia Republicana, los servicios de inteligencia y una fuerza especial que brindaba seguridad personal a Hussein, lo que lo convirtió en el segundo hombre más poderoso del país.
•Despiadado
Como su padre, Qussay era despiadado con sus oponentes y tuvo un papel muy destacado en aplastar una rebelión en 1998 y asesinar a los disidentes.
«Uday era vulgar, pero Qussay era callado y calculador», dijo la madre de uno de sus compañeros de aula sobre los hermanos en el libro del autor palestino Said Aburish: «Saddam Hussein: la política de la venganza».
Qussay también fue objeto de atentados de los que salió prácticamente ileso.



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