Nueva York (DPA) - La Bolsa de Nueva York (NYSE), el mercado bursátil más importante del mundo, mantiene a un año de los atentados contra el World Trade Center, a pocas calles de distancia, el aspecto de una fortaleza amurallada.
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El venerable edificio en la esquina de Wall Street y Broad Street ha sido rodeado por defensas de hormigón que cierran el paso al tránsito de automóviles. Rejas metálicas sobre las aceras desvían a los peatones y estrictas medidas de seguridad evitan que nadie que no posea una acreditación oficial o un aviso previo de visita pueda ingresar a la Bolsa.
El NYSE abandonó sus planes de construir un segundo edificio apenas cruzando la calle de su sede actual. Ahora se piensa trasladar la mitad de las operaciones y el personal involucrado en ellas a un sector más alejado.
Mientras, la ciudad intenta desesperadamente detener mediante subsidios la salida de empresas financieras y de otros rubros del extremo sur de Manhattan. Pero obtuvo un éxito parcial.
La banca de inversión Lehman Brothers adquirió oficinas en el Midtown de Manhattan, sobre Times Square, por 650 millones de dólares, dejando el «downtown» después de 143 años. Cantor Fitzgerald LP, Salomon Smith Barney, Morgan Stanley y otras empresas siguieron su ejemplo. Citigroup perdió cerca de 110.000 metros cuadrados de oficinas con el colapso de las Torres Gemelas y tuvo que reubicar a sus empleados en numerosos edificios en Nueva York y sus alrededores. Goldman Sachs quiere mudar sus transacciones de acciones y bonos así como su división de analistas de mercado a Jersey City.
Merrill Lynch y American Express retornaron, sin embargo, a sus casas centrales en el World Financial Center, inmediatamente vecino del World Trade Center. Y el gigante de seguros AIG permanece en el «downtown».
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