William y Kate bautizaron a la princesa Charlotte
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La reina Elizabeth II, bisabuela de Charlotte, estuvo presente en la ceremonia.
El primer ministro David Cameron tuiteó sus "mejores deseos para los duques de Cambridge por el bautismo de la princesa Charlotte".
Algunos centenares de incondicionales de la monarquía se levantaron al alba o pasaron la noche en el lugar para ubicarse en primera línea.
"Yo los encuentro absolutamente formidables y me siento siempre bienvenido por ellos", confió Terry Hutt, de 80 años, apodado "The Union Jack Man" por sus vestimentas, tras una corta noche y haberse despertado bajo la lluvia.
Si bien el servicio religioso era privado, William y Kate habían anunciado que estarían "felices de recibir a los admiradores (de la monarquía) en el atrio delante de la iglesia" para festejar el bautismo de su hija.
A llegar a la entrada del templo, Kate tomó en brazos a su hija, que lloraba.
William y Kate eligieron cinco padrinos y madrinas para Charlotte, entre los que figuran una prima de William por el lado materno, Laura Fellowes, y un primo de Kate, Adam Middleton. Los otros tres son amigos íntimos de la pareja. En el bautismo de George fueron siete.
Conforme a la tradición, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, jefe espiritual de los anglicanos, bautizó a la niña virtiendo sobre su cabeza por tres veces agua del río Jordán.
Para la ocasión, immortalizada por el fotógrafo de moda Mario Testino, Charlotte lucía un vestido blanco de encaje y satín, réplica del que vistiera en 1841 la hija mayor de la reina y emperatriz Victoria.
Si bien numerosos miembros de la familia real, entre ellos la propia Elizabeth II y los príncipes Charles y William fueron bautizados en el palacio de Buckingham en Londres, la pareja optó por la iglesia de Santa María Magdalena puesto que la madre de él, Diana, fallecida a los 36 años en París en 1997, recibió el agua bendita en ésta el 30 de agosto de 1961. En la misma, la familia real suele festejar la Navidad todos los años.
En cuanto a George, fue bautizado en la intimidad en la capilla real del palacio Saint-James, un lugar también simbólico para William, puesto que los restos de su madre Diana reposaron allí la víspera de su funeral.
Tras el servicio religioso, los invitados fueron convidados a tomar el té en Sandringham House, acompañado de un trozo del pastel de la boda de Kate y Guillermo, realizada en 2011, como lo impone la tradición.




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