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23 de mayo 2026 - 20:00

Cómo este insólito regalo convirtió a los jubilados de un pueblito en millonarios

La población adulta de este lugar recibió un obsequio que los hizo ganar millones gracias a una inversión inesperada por parte un deudor.

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Gracias a un particular obsequio, la población mayor de este lugar ganó una fortuna. 

Freepik

Este pueblo recibió un gesto que significó un ingreso inesperado de millones a sus arcas. La ayuda, pensada para los residentes más longevos, llegó gracias a uno de los personajes más particulares nacidos allí. Y su reconocimiento no tuvo que ver con una carrera que lo volviera famoso en todo el mundo.

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Su popularidad en el lugar nació de la forma en que se comportó con sus vecinos. De origen humilde y con una vida igual de sencilla, primero saldó deudas de los habitantes y luego les dejó una enorme fortuna.

Onni MTV Uutiset

Este hombre consiguió meterse en el corazón del pueblo gracias a su gesto desinteresado.

La historia de Onni Nurmi

Onni Nurmi nació en 1885 en Savijoki, una pequeña localidad del municipio de Pukkila, en Finlandia. Creció en una familia pobre y fue criado por su madre, que trabajaba en el campo y tenía una tienda modesta. Cuando ella murió, él tenía apenas 13 años y se mudó a Helsinki para empezar una vida lejos del pueblo.

En 1912, ya adulto, volvió a Pukkila e intentó continuar con el negocio familiar. La tienda no funcionó y quedó endeudado con varios vecinos que lo habían ayudado o le habían dado crédito. Como no tenía forma de pagarles en ese momento, al año siguiente decidió viajar a Estados Unidos para trabajar y juntar dinero.

Nurmi se instaló en Minnesota, donde pasó 15 años como guardabosques. El viaje no fue una aventura sin regreso ni una ruptura con su lugar de origen, porque todavía tenía pendiente aquella deuda. Cuando volvió a Finlandia en 1928, pasó primero por Pukkila y fue casa por casa para devolver el dinero, aunque ya había pasado mucho tiempo y nadie parecía reclamárselo.

Después de saldar esas cuentas, se instaló otra vez en Helsinki. Trabajó como administrador de fincas, vivió de manera austera, no se casó ni tuvo hijos. Con los ahorros que logró reunir, empezó a comprar acciones de empresas finlandesas, entre ellas Nokia.

La donación que cambió la vida de sus vecinos

Nokia no tenía entonces la imagen que tendría décadas más tarde. No era la marca de celulares que se haría famosa en todo el mundo, sino una empresa finlandesa con negocios industriales, vinculada al papel, el caucho, los neumáticos y las botas. Para Nurmi, comprar esas acciones era invertir en una compañía conocida de su país.

En 1959, al no contar con herederos directos, redactó su testamento y decidió dejar sus acciones al municipio de Pukkila. La donación tenía una condición: los títulos no debían venderse y los beneficios tenían que usarse para mejorar la vida de los ancianos del pueblo. El dinero quedaba así unido para siempre a los vecinos mayores de la localidad.

Nurmi murió en 1962, a los 77 años. La herencia incluía 780 acciones de Nokia, valuadas en unos u$s30.000. Para un municipio chico era una ayuda importante, aunque todavía estaba lejos de ser una fortuna fuera de escala.

Lo que cambió todo fue el tiempo. Como el testamento impedía vender las acciones, Pukkila conservó esos títulos durante décadas. El municipio podía cobrar los dividendos, que son pagos que reciben los accionistas cuando la empresa reparte ganancias, pero no podía desprenderse del paquete completo.

Centro homenaje Pukkilan kunta

Este centro lleva el nombre de Onni en honor a Nurmi.

El tiempo les dio miles de millones: qué hicieron con el dinero

Durante los años 80 y 90, Nokia creció de manera enorme y pasó a ser una de las empresas más importantes del mundo en telefonía móvil. Pukkila todavía tenía las acciones heredadas de Nurmi, por lo que el valor de la cartera empezó a subir junto con la compañía.

En el momento de mayor crecimiento, esas acciones llegaron a valer alrededor de u$s90 millones. Para un pueblo de menos de 2.000 habitantes, la cifra era descomunal. Los principales beneficiarios eran los adultos mayores, porque el testamento había dejado claro que el dinero debía usarse para ellos.

El aumento del valor abrió una discusión dentro del municipio. En 1997, las autoridades propusieron vender una parte de las acciones para no depender solamente de Nokia y evitar una pérdida grande si la empresa caía. Algunos vecinos se opusieron porque entendían que venderlas iba contra la voluntad de Nurmi.

La discusión llegó a la Justicia y se extendió durante varios años. También hubo propuestas para usar los beneficios de otra manera, como aliviar impuestos municipales, pero el testamento marcaba un destino específico. El dinero tenía que estar orientado a los ancianos de Pukkila.

Finalmente, el municipio obtuvo permiso para vender una parte de las acciones y diversificar los fondos. Con ese dinero se construyó el Centro de Bienestar Onni, inaugurado en 2008, con viviendas tuteladas, espacios para personas con problemas de memoria, centro de salud, farmacia, piscina, gimnasio, biblioteca, cafetería y un jardín japonés.

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