Open banking: la necesidad de fijar prácticas maduras y reglas claras

Negocios

Contar con una regulación clara es imprescindible. Con la regla desaparecen los vacíos y los grises, gana el usuario y se promueve el uso responsable de datos y prácticas maduras para brindar servicios.

Por Pablo Ces

El Open Banking propone “liberar” información para personalizar los servicios financieros a la medida del usuario. Se trata de una práctica mediante la cual los bancos y entidades financieras abren sus sistemas y permiten que la información de los consumidores se compartan con otras entidades financieras o con terceros.

No existen buenas y malas prácticas en Open Banking. Existen prácticas más maduras y menos maduras, es decir, manejos que alcanzan un desarrollo completo, un estado ideal.

Una práctica madura es el manejo de datos se da a través de APIs bancarias abiertas, lo cual no significa que sean API públicas. Las APIs se pueden abrir a terceros de manera controlada y los terceros utilizan las APIs del banco sin fricción.

Estas interfaces abiertas dotan a la entidad de al menos cinco ventajas:

  • Estandarización: se crean comunicaciones estandarizadas entre distintos agentes, facilitando la escalabilidad en las conexiones.
  • Restricción de acceso: existe mayor seguridad a la hora de acceder a los datos, y no es posible hacerlo sin identificación.
  • Seguridad en la sesión de contraseñas: mediante el acceso con API no se requiere que los clientes proporcionen contraseñas a terceros para acceder en su nombre. La información facilitada se concede de forma encriptada.
  • Eficiencia: al proporcionar acceso a una API, el contenido se puede publicar automáticamente y está disponible en todos los canales más ágilmente para compartir y distribuir.
  • Personalización: gracias a estas interfaces, la entidad puede personalizar tanto los contenidos como los servicios derivados del análisis de datos recopilado de los clientes.

Madurar en Open Banking también significa definir roles seguros. Por ejemplo, separar un agregador de datos de un agregador de servicios para brindar mayor seguridad al usuario sobre cómo serán implementados los datos.

En tal sentido, contar con una regulación clara es imprescindible. Con la regla desaparecen los vacíos y los grises, gana el usuario y se promueve el uso responsable de datos y prácticas maduras para brindar servicios.

Esto es vital para el ecosistema fintech de Latinoamérica. En Europa hay buenas iniciativas como PSD2 -una regulación sobre servicios de pagos electrónicos que busca aumentar la seguridad en los pagos- y GDPR -Reglamento General de Protección de Datos. La Ley Fintech en México, las regulaciones en Brasil, en Colombia o en Chile también definen servicios financieros basados en estándares de Open Banking.

Argentina está un poco rezagada -aunque con el proyecto Transferencias 3.0 que impulsa el Banco Central comenzó a ponerse a tiro-, a pesar de la importancia de su ecosistema en la región. Pero sabemos que se está trabajando en las mesas conjuntas entre distintos organismos involucrados. Esperamos que se avance para darle un mayor impulso al ecosistema fintech de nuestro país.

(*) CEO de flexibility

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