12 de septiembre 2026 - 17:00

De plástico a galletita: la innovadora apuesta de la NASA y científicos para combatir el hambre y viajar al espacio

El proyecto busca aprovechar residuos para producir alimentos en lugares donde conseguir comida puede ser mucho más difícil.

La propuesta convierte residuos en alimento y busca abrir nuevas opciones para producir comida en condiciones difíciles.

La propuesta convierte residuos en alimento y busca abrir nuevas opciones para producir comida en condiciones difíciles.

Southern Illinois University

La NASA impulsa distintos proyectos para encontrar nuevas formas de producir alimentos, en escenarios donde los recursos son limitados. Uno de ellos dio lugar a una propuesta poco convencional desarrollada por científicos de la Universidad del Sur de Illinois, en medio de un problema que afecta a millones de personas en todo el mundo.

El resultado son las µBites, unas galletitas todavía en etapa de desarrollo que buscan aprovechar materiales descartados para generar alimento. La iniciativa apunta tanto a futuras misiones espaciales como a situaciones terrestres donde el acceso a comida representa una dificultad.

Las µBites aprovechan residuos plásticos y vegetales para crear una mezcla que después se convierte en alimento.

Las µBites aprovechan residuos plásticos y vegetales para crear una mezcla que después se convierte en alimento.

¿Qué son las galletitas µBites y cómo se producen a partir de residuos PET?

Las µBites son galletitas ricas en proteínas elaboradas con componentes obtenidos de plástico PET y restos de la producción de maíz. Para fabricarlas se utilizan, entre otros residuos, botellas de agua y gaseosas, además de tallos y hojas que quedan luego de la actividad agrícola.

El objetivo es recuperar el carbono presente en esos materiales y reutilizarlo para generar nutrientes. Los investigadores trabajan con microorganismos modificados capaces de producir proteínas, grasas y otros compuestos que después forman parte de la mezcla utilizada para hacer las galletitas.

Una vez preparado el material, una impresora 3D lo expulsa por una boquilla y lo deposita capa por capa hasta darle su forma final. El sistema está pensado para producir comida en lugares donde conseguir ingredientes frescos o mantener una cadena de abastecimiento resulta complicado.

Una de las aplicaciones estudiadas apunta a las misiones espaciales de larga duración. El mismo método también podría utilizarse en zonas afectadas por crisis humanitarias o problemas graves de acceso a los alimentos.

El proceso bioquímico que transforma botellas en alimento

La transformación comienza sometiendo el PET y los residuos vegetales a agua y oxígeno bajo condiciones extremas de temperatura y presión. El tratamiento rompe materiales difíciles de degradar y los convierte en fragmentos más pequeños que luego pueden aprovechar los microorganismos.

En la siguiente etapa entran en acción distintas levaduras. Fueron modificadas para reorganizar los compuestos obtenidos y generar nutrientes que puedan incorporarse al alimento, entre ellos proteínas, grasas y ácidos.

El equipo también trabaja sobre el sabor. Una levadura de panadería modificada genéticamente produce un aroma similar a la vainilla a partir de la biomasa vegetal, sin necesidad de agregar ese saborizante desde otra fuente.

Otra cepa aprovecha el etilenglicol proveniente del PET para producir beta-caroteno, un compuesto que funciona como precursor de la vitamina A. Los científicos buscan sumar además almidón, fibra y edulcorante para completar la composición de las µBites.

La técnica parte de un principio utilizado desde hace miles de años: aprovechar microorganismos para transformar ingredientes, como ocurre con la fermentación del pan, el queso o el yogur. La biotecnología actual permite llevar ese proceso a residuos que hasta ahora no formaban parte de la producción habitual de comida.

Cuándo podrían llegar al mercado las galletitas impresas a partir de plástico

Las µBites ya atravesaron pruebas de seguridad vinculadas con su consumo, aunque el equipo todavía espera la aprobación institucional necesaria para avanzar con evaluaciones formales de sabor. Hasta ahora, los ensayos relacionados con el olor mostraron una recepción favorable entre los participantes.

Lahiru Jayakody, uno de los investigadores del proyecto, sostuvo que el desarrollo podría estar preparado para el consumo público dentro de pocos años. Antes todavía deben completarse las evaluaciones y ajustes sobre la formulación.

El interés por esta tecnología también está relacionado con las dificultades para garantizar el acceso a alimentos a escala mundial. Además de los 2.100 millones de personas que atraviesan algún grado de inseguridad alimentaria, otras 645 millones padecen hambre crónica.

Las proyecciones utilizadas por los investigadores advierten que la demanda seguirá creciendo durante las próximas décadas. Para 2050, cerca del 30% de la población mundial podría quedar expuesta al riesgo de hambre, uno de los escenarios detrás de la búsqueda de sistemas capaces de producir comida con menos recursos y a partir de materiales hoy considerados residuos.

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