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10 de febrero 2026 - 12:06

Integridad como forma de poder: por qué el liderazgo del futuro se construye hoy

La integridad dejó de ser un valor abstracto para convertirse en herramienta de gestión. Las organizaciones sin ética enfrentan crisis reputacionales y pérdida de legitimidad.

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Casos recientes en organizaciones públicas y privadas de Argentina y América Latina demuestran que cumplir formalmente la norma ya no es suficiente: la sociedad exige coherencia y transparencia.

Durante mucho tiempo, el poder fue entendido como la capacidad de decidir. Hoy, en un contexto de crisis de confianza institucional, social y empresarial, el verdadero poder es otro: la capacidad de generar confianza y sostenerla en el tiempo.

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Desde mi experiencia en empresas públicas, en el asesoramiento a directorios, en la docencia universitaria y en espacios internacionales como el B20, aprendí que la integridad no es un valor abstracto ni un eslogan reputacional. Es una herramienta concreta de gestión, que impacta directamente en los resultados, en la legitimidad social y en la sostenibilidad de las organizaciones.

La integridad ya no es opcional

Las organizaciones públicas y privadas que no integran seriamente la ética y el compliance en su modelo de liderazgo quedan expuestas a tres riesgos críticos:

En Argentina y en América Latina esto es especialmente sensible.

Casos recientes en organizaciones públicas y privadas demuestran que no alcanza con cumplir formalmente la norma: la sociedad exige coherencia, transparencia y responsabilidad en la toma de decisiones.

La Ley 27.401, los marcos de la UIF, los estándares internacionales de compliance y gobernanza no vinieron a “complicar” la gestión, sino a ordenarla. Cuando se los comprende estratégicamente, se transforman en aliados del liderazgo.

Liderar con integridad es decidir incluso cuando nadie mira

Uno de los errores más frecuentes es pensar que la ética frena la acción. Mi experiencia demuestra exactamente lo contrario: la ética bien aplicada acelera decisiones, porque reduce incertidumbre, conflictos y riesgos futuros.

Un liderazgo con integridad:

Esto vale tanto para un CEO como para un funcionario público. En ambos casos, liderar es hacerse cargo, no solo del resultado inmediato, sino del impacto de largo plazo de cada decisión.

Empresas, Estado y una nueva exigencia social

Hoy ya no se discute si las organizaciones deben ser éticas, sino cómo lo hacen de manera efectiva.

La agenda ESG, los derechos humanos, la relación entre empresas y Estado, y la rendición de cuentas forman parte de una misma conversación: el desarrollo sostenible con integridad.

Desde los espacios internacionales en los que participo, veo con claridad que los países y las organizaciones que logran atraer inversiones, talento y credibilidad son aquellos que integran:

Tips para líderes públicos y privados (para llevar a la práctica, hoy)

El liderazgo que viene

El liderazgo del futuro —que en realidad ya llegó— no se mide solo por resultados económicos o políticos, sino por cómo se alcanzan esos resultados.

Creo profundamente que Argentina y la región necesitan más líderes —en el Estado y en las empresas— que entiendan que la integridad no es una bandera ideológica, sino una condición básica de buena gestión.

Porque al final del día, el verdadero poder no es decidir: es decidir bien, con responsabilidad y con valores.

Cofundadora de Grupo ELEDE – Contadora. Especialista en Ética, Compliance, Gobernanza y Anticorrupción. Ganadora del Premio Mujer en Integridad AGEI 2025

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