La Anónima, una de las principales cadenas de supermercados del país, enfrenta un deterioro simultáneo en dos frentes clave de su negocio: la caída del consumo en sus tiendas y un fuerte aumento de la morosidad, que se multiplicó casi siete veces en un año. La compañía registró un cargo por incobrabilidad de $19.255 millones, frente a los $2.830 millones del mismo período del ejercicio anterior, un salto que impactó de lleno en sus resultados y expuso el deterioro de la cadena de pagos en un contexto de menor poder adquisitivo y mayor fragilidad financiera de los clientes.
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La Anónima acusa el freno del consumo y sufre un salto de casi siete veces en la morosidad
La cadena de supermercados registró un cargo por incobrabilidad de $19.255 millones frente a $2.830 millones del año anterior. Las ventas en supermercados cayeron 4,22%, mientras el negocio frigorífico creció 57,71% por exportaciones.
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El negocio financiero, el único en alza para La Anónima frente a la caída del consumo
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El derrumbe del consumo también golpea a La Anónima: menos tickets y desplome de ganancia
La ganancia neta del período fue de $9.709 millones, lo que representa apenas el 0,65% de los ingresos, muy por debajo del 1,71% registrado en el mismo período del ejercicio anterior.
El aumento de los créditos incobrables coincidió con una retracción en el principal negocio de la empresa. Las ventas del segmento supermercados, que representa el núcleo de su actividad, cayeron 4,22%, reflejando el impacto directo del ajuste del consumo sobre el sector minorista. Aunque la facturación total logró sostenerse gracias a otras unidades, el deterioro del negocio principal dejó en evidencia el cambio en la dinámica comercial de la compañía.
Este escenario confirma una tendencia que afecta a todo el retail alimentario: el consumo masivo sigue sin consolidar una recuperación sostenida y el financiamiento a clientes, históricamente una herramienta para impulsar ventas, se convirtió en un factor de riesgo creciente.
En la misma línea, el resultado antes de impuestos descendió de $34.426 millones a $7.475 millones, reflejando una caída significativa en la rentabilidad del negocio.
Finalmente, la ganancia neta del período fue de $9.709 millones, lo que representa apenas el 0,65% de los ingresos, muy por debajo del 1,71% registrado en el mismo período del ejercicio anterior cuando había alcanzado los $25.238 millones.
Supermercados en retroceso y frigoríficos en expansión
El dato más relevante del balance es la caída en el principal segmento de la empresa. Según informó la compañía, el negocio de supermercados, que representa el 87,39% de la facturación total, registró una disminución del 4,22% en las ventas, afectado por la menor demanda.
Este retroceso se produjo incluso a pesar de la apertura de nuevas sucursales, entre ellas locales en Reconquista, Resistencia, Fernández Oro y San Patricio del Chañar, lo que evidencia la debilidad del consumo en las regiones donde opera la cadena.
En contraste, el negocio frigorífico mostró una evolución completamente opuesta. Este segmento, que representa el 11,79% de los ingresos, registró un incremento del 57,71% en las ventas, impulsado por la mejora en los precios internacionales y el aumento del volumen exportado. “La suba responde fundamentalmente al crecimiento de los precios en dólares y el mayor volumen exportado”, explicó la empresa en el documento presentado ante la CNV.
Este desempeño permitió compensar parcialmente la caída en supermercados y consolidó al negocio cárnico como un componente cada vez más relevante dentro de la estructura del grupo.
También se destacó el crecimiento del segmento financiero vinculado a tarjetas de crédito, que registró una suba del 106,20% interanual, aunque su peso dentro de la facturación total sigue siendo marginal, con apenas el 0,82% de los ingresos.
Caída de la rentabilidad y suba de costos
A pesar de sostener el nivel de facturación, la empresa registró una fuerte caída en su rentabilidad. El resultado operativo se redujo a $12.001 millones, frente a los $22.246 millones del mismo período del año anterior, lo que representa una caída del 46%.
Este deterioro respondió a varios factores. Por un lado, los gastos operativos crecieron un 4,21% interanual, alcanzando los $399.290 millones, impulsados principalmente por el aumento de salarios.
En este sentido, la empresa señaló que el incremento de costos laborales respondió a acuerdos salariales y ajustes operativos. “Las remuneraciones, contribuciones sociales y honorarios reflejan un aumento del 9,77%, que obedece fundamentalmente al impacto de los acuerdos por paritarias y a ajustes que debieron realizarse para adecuar las dotaciones al nivel de actividad de algunas sucursales”, indicó la compañía.
Este último punto sugiere que la empresa debió adaptar su estructura operativa al menor nivel de actividad, en línea con el retroceso del consumo.
Otro factor determinante en la caída de la rentabilidad fue el fuerte aumento de la morosidad. La empresa registró un cargo por incobrabilidad de $19.255 millones, frente a los $2.830 millones del mismo período del ejercicio anterior, lo que representa un salto de casi siete veces.
La propia compañía vinculó este deterioro con el comportamiento de sus clientes. “La pérdida está relacionada a los aumentos de saldos con clientes y del índice de morosidad”, explicó en su balance. El dato resulta especialmente relevante porque La Anónima opera con financiamiento al consumo a través de su tarjeta propia y convenios financieros, por lo que el aumento de la mora refleja el deterioro en la capacidad de pago de los hogares, en un contexto de caída del poder adquisitivo y menor nivel de actividad.
Presión financiera y menor resultado final
El deterioro también se observó en el resultado financiero. La ganancia antes de impuestos se redujo a $7.475 millones, frente a los $34.426 millones registrados un año antes, lo que evidencia un fuerte deterioro del desempeño financiero.
Finalmente, la ganancia neta del período alcanzó los $9.709 millones, equivalente al 0,65% de los ingresos, muy por debajo del margen registrado el año anterior.
A pesar de este retroceso en la rentabilidad, la empresa logró sostener su nivel de actividad gracias al crecimiento del negocio frigorífico y la diversificación de sus operaciones.
El dato estructural del balance es claro: el negocio tradicional pierde dinamismo y la morosidad se convierte en una variable crítica, mientras el frigorífico gana peso en la ecuación de ingresos.
De cara a los próximos meses, el desafío para La Anónima será doble: recuperar volumen en supermercados y contener el riesgo crediticio, en un contexto donde la recuperación del consumo todavía no logra consolidarse.
El balance deja una señal concreta: la compañía logró sostener la facturación gracias a la exportación de carne, pero la rentabilidad quedó bajo presión por el deterioro del mercado interno y el fuerte aumento de los incobrables.
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