Alejandro Ripani: "Con Macri nos fue mal, pero ahora empezamos a recomponer el negocio"

Negocios

El empresario del sector alimenticio cuestionó la política económica del gobierno anterior y aseguró que "diezmó la industria nacional". "No lo supe ver", dijo.

Alejandro Ripani es uno de los referentes del sector alimenticio de la Argentina. Fundó la icónica marca Tía Maruca a fines de la década del ‘90 y desde entonces atravesó todos los procesos de crisis y expansión que vivió el país. Su experiencia en el rubro hace que su palabra no pase desapercibida a la hora de hablar de negocios, un mundo en el cual a fuerza de errores y virtudes logró construir la empresa que hoy, pese a la pandemia, comienza a recuperarse del golpe sufrido durante el gobierno de Mauricio Macri.

La crisis del sector industrial argentino no es parte de un escenario nuevo. Si bien es cierto que la pandemia profundizó el deterioro económico el país, sobre la actualidad pesan y mucho los cuatro años de derrumbe de la actividad que tuvieron lugar en el gobierno de Juntos por el Cambio. Y Tía Maruca no fue ajena a esta situación.

La empresa surgió en 1998 al calor de la creatividad e innovación de Ripani, quien luego de años de trabajar en la fábrica galletitera de su padre, optó por impulsar un proyecto propio.

“En esa época estaban desapareciendo las galletiterías y la propuesta que se me ocurrió era llevar galletas a una gran cantidad de puntos de venta a través de un exhibidor”, explica Ripani a Ámbito. “Fue un éxito”, cuenta.

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Periodista: ¿Cómo le fue a Tía Maruca en los últimos años?

Alejandro Ripani: Veníamos bien hasta 2017, cuando adquirimos la planta de Pepsico. Ahí llegamos a récord de volumen. Estábamos con una propuesta muy agresiva y con un impulso de inversión que aceleramos en 2015, proyectando lo que creía iba a ser un buen gobierno de Macri, pero a mí me decepcionó. No supe ver su política económica. Su Gobierno fue nefasto, no solo para nosotros sino también para todo el sector alimenticio. Mondelez, Pepsico, Arcor, todas generaron pérdidas. Diezmó a la industria nacional.

P.: ¿Tenía otra expectativa?

A.R.: Totalmente. Pensé que estábamos en una senda proindustria nacional y fue devastador para nosotros en cuanto a la política financiera y de commodities. La harina un día estaba cuatro pesos y al otro 15 y no podíamos trasladar precios. Fue un modelo económico que yo no supe ver. Algunos colegas supieron verlo. Pensé que iba a tener un foco en una prosperidad industrial, un aporte al desarrollo sustentable y económico de Argentina, pero fue diametralmente opuesto.

P.: Además de la caída del consumo, ¿sufrieron las altas tasas de interés en el acceso al crédito y en el cambio de cheques?

A.R.: Sin duda. Para el sistema financiero parecía que éramos terroristas. Nos trataban peor que a delincuentes. Había días que buscaba alguna mejora en los proceso para mejorar costos y llegaba a mediodía y ese día habíamos perdido el doble en cambiar los cheques para cumplir los compromisos.

P.: ¿Y en qué momento optaron por presentar el concurso de acreedores? ¿Actualmente siguen bajo el mismo proceso?

A.R.: En 2019. Fue por recomendación de mis abogados. Yo esperaba algún cambio de viento y quería respetar a los proveedores. El concurso es una instancia no agradable. En un país normal, nuestro pasivo estaría apalancado por una entidad financiera. Pero acá era inviable. Estábamos todos en esa situación.

P.: En el mientras tanto, ¿cómo reaccionaron los proveedores y empleados?

A.R.: La gran mayoría de los proveedores nos acompañó. La incertidumbre de los empleados fue grande porque tenían miedo de perder el trabajo. Muchos mandos jerárquicos no se bancaron el proceso mientras que los trabajadores estuvieron siempre. Tuvimos momentos difíciles. Estábamos atentos a los empleados que tenían dificultades más graves. Mis amigos me decían “te vas a infartar”. Fue duro. Hoy aún continuamos bajo concurso.

P.: Hoy están en un momento diferente, ¿a qué se debe?

A.R.: El desdoblamiento del dólar hizo que la sensibilidad en precios que tenían los proveedores se calme y empiece a tener un costo certero. Como te dije, con Macri nos fue muy mal. A partir de este año, al tener un poco más de estabilidad y previsibilidad, en la medida de que el dólar estaba controlado, empezamos a recomponer el negocio.

P.: ¿Y la pandemia como los afectó?

A.R.: La pandemia nos agarró nuevamente en un escenario distinto. Como ante una situación de cambio de política económica, hay ganadores y perdedores. En los años de Macri quedamos del lado de los perdedores. Los que estamos en el mercado masivo tuvimos que ver hacia donde estaba cambiando el viento y tener una propuesta para el consumo hogareño, que es el que generó la pandemia. Tener una empresa de nuestro tamaño te permite hacer ese cambio. Hoy estamos metiendo muchos productos en esos canales de consumo doméstico. Hay que reconvertirse continuamente.

P.: Con la reconversión, ¿recuperaron ingresos?

A.R.: En Maruca a veces no llegamos a los niveles del año pasado. Pero en Dilexis sí estamos arriba. Y de ahora en adelante estimamos que las dos estarán arriba de lo facturado en 2019.

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