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18 de abril 2026 - 00:00

Producción sostenible: lo que era visto como un costo para las empresas ahora es una forma de ganar competitividad

A través de la negociación de créditos en el mercado de carbono, las compañías locales podrían exportar hasta u$s3.900 millones adicionales. Lanzan herramientas para medir la huella ambiental entre las pymes.

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Las empresas argentinas comienzan a capitalizar la descarbonización, en un mercado cada vez más exigente en materia de sostenibilidad.

 

Latitud 25

La producción sostenible atraviesa un cambio de paradigma en Argentina. Lo que durante años fue percibido como un costo adicional -una exigencia regulatoria o reputacional difícil de monetizar- empieza a consolidarse como una oportunidad estratégica de negocio.

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En ese proceso, el desarrollo de los mercados de carbono y la adopción de herramientas de medición de huella ambiental están redefiniendo la lógica productiva en distintos sectores, desde la industria manufacturera hasta la logística y el transporte internacional.

Según estimaciones del Centro Argentino de Ingenieros y la Academia Nacional de Ingeniería, la Argentina podría generar más de 131 millones de créditos de carbono por año, lo que implicaría exportaciones de entre u$s1.400 millones y u$s3.900 millones.

Esas magnitudes transforman la discusión: la sostenibilidad deja de ser un costo operativo y pasa a ser una fuente potencial de divisas y competitividad.

Desde la Mesa Argentina de Carbono, su coordinador Juan Pedro Cano sintetiza esa visión al señalar que “la implementación del Artículo 6 representa una oportunidad concreta para transformar el capital natural del país en una fuente de divisas, inversión y desarrollo federal”.

La referencia al Artículo 6 del Acuerdo de París no es casual: ese marco habilita el comercio internacional de reducciones de emisiones y ya muestra avances con más de 100 acuerdos bilaterales en negociación o ejecución.

En paralelo, América Latina comienza a consolidarse como una región exportadora de carbono, con once países participando activamente en estos mercados y concentrando cerca del 20% de los acuerdos globales firmados.

Los avances de Argentina en el mercado de carbono

Para la Argentina, esto implica insertarse en una dinámica donde el diferencial competitivo no solo depende del volumen de créditos generados, sino también de su calidad.

En ese punto, la firma Sylvera (una de las calificadoras de créditos de carbono más influyentes a nivel global) introduce un elemento clave: el mercado evoluciona desde una lógica basada en cantidad hacia otra centrada en la integridad ambiental y la trazabilidad.

Este cambio obliga a las empresas a profesionalizar sus procesos de medición y certificación, pero al mismo tiempo eleva el valor de los créditos bien estructurados.

La información más reciente de Sylvera destaca un cambio de paradigma en Argentina: el paso de un mercado basado en el volumen a uno definido por la calidad y la integridad.

Sostiene que Argentina se encuentra en una fase de "construcción institucional" acelerada.

Según la Mesa Argentina de Carbono, el país está utilizando la métrica de Sylvera para validar su potencial en soluciones basadas en la naturaleza (NbS).

En ese sentido, destaca que la superficie certificada a principios de 2026 superó el millón de hectáreas en proyectos de carbono certificados, impulsados principalmente por actividades de pastoreo extensivo y gestión forestal.

Y resalta el potencial de inversión al estimar que Argentina podría atraer inversiones de entre u$s2.200 millones y u$s9.000 millones para 2030, capturando aproximadamente el 5% del mercado global.

El transporte marítimo como caso de análisis

El impacto de este cambio ya se percibe en sectores específicos en el país. El transporte marítimo, por ejemplo, enfrenta exigencias crecientes de descarbonización que afectan directamente su competitividad.

La Organización Marítima Internacional (OMI) estableció objetivos de emisiones netas cero hacia 2050 y un sistema de clasificación de eficiencia energética que condiciona la operación de los buques.

En ese marco, los créditos de carbono emergen como una herramienta de transición. Según explica el consultor en sustentabilidad Lucas Peverelli, “al adquirir créditos de carbono y neutralizar su producción, los proveedores dejan de vender solo combustible, incorporando también cumplimiento regulatorio y seguridad comercial”.

En otras palabras, el componente ambiental se integra directamente al valor del producto.

“El combustible carbono neutral, más que un avance ambiental, es una póliza de seguro para la competitividad de las navieras en un mercado que ya no perdona la ineficiencia carbónica", señala Peverelli.

En esa dinámica, las empresas que no se adaptan corren el riesgo de quedar fuera del mercado. Las que sí lo hacen, en cambio, encuentran nuevas oportunidades de negocio.

En el caso marítimo, la utilización de combustibles compensados con créditos verificados permite sostener operaciones sin realizar inversiones inmediatas en tecnología, funcionando como un “instrumento de transición” que preserva la competitividad.

La huella de carbono en el universo pyme

Este fenómeno no se limita a grandes corporaciones o sectores altamente regulados. En la Argentina, uno de los cambios más significativos se da en el universo de las pymes, que comienzan a incorporar la sostenibilidad como un activo productivo.

La Unión Industrial Argentina (UIA) impulsa este proceso a través de programas como Ruta X y Ruta Verde, que ya asistieron a más de 300 empresas y capacitan a unas 2.000 personas por año.

En ese marco, la entidad presentó una metodología específica para medir la huella de carbono en pequeñas y medianas empresas, desarrollada junto con organismos como PAGE (Alianza para la Acción en la Economía Verde) y la ONUDI (Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial).

El enfoque apunta a democratizar el acceso a estándares globales. “Esta herramienta gratuita que ponemos a disposición de las pymes industriales de todo el territorio es la puesta en valor de una convicción institucional: que las pymes son un activo fundamental para protagonizar el mercado local y la internacionalización de nuestros productos”, afirma Silvio Zurzolo, presidente del Departamento de Educación, Tecnología e Innovación Productiva de la UIA.

La medición es el primer paso de un proceso más amplio. Como señala Gustavo Guitera, Gerente de Empresa Digital y Desarrollo de Negocios en Siemens Sudamérica, “si una organización no mide su huella de carbono, no puede mejorarla. Las herramientas digitales hacen esa medición posible, precisa, segura, trazable y escalable”.

“La tecnología es el habilitador más poderoso para transformar operaciones tradicionales en unas que sean eficientes, sostenibles y competitivas en un mundo donde la gestión del carbono es clave”, agregó.

La UIA mantiene una alianza estratégica con Siemens, en base a la cual puso a disposición de la comunidad industrial la plataforma SiGreen para la medición de huella de carbono, 100% gratuita por dos años, facilitando el primer paso hacia la descarbonización.

El acceso a plataformas digitales, como la solución SiGreen, permite a las empresas integrar datos ambientales en su gestión operativa. Esto no solo mejora la eficiencia interna, sino que también facilita el cumplimiento de requisitos exigidos por clientes internacionales, cada vez más enfocados en la trazabilidad de las emisiones.

En el encuentro organizado por la UIA los casos presentados por empresas que participaron en estos programas mostraron impactos concretos: desde mejoras en la eficiencia productiva hasta un mejor posicionamiento de marca, la descarbonización aparece como un factor que agrega valor en múltiples dimensiones.

En este contexto, la sostenibilidad se vincula directamente con la competitividad. Manuel Albaladejo, representante de la ONUDI, lo planteó en los siguientes términos: “La agenda ambiental puede redefinir procesos productivos, ayudar a introducir nuevas tecnologías y, por ende, a mejorar la competitividad empresarial”.

Los inversores globales ponen la lupa en el mercado de carbono local

El cambio de enfoque también se refleja en el financiamiento. Los proyectos de carbono, especialmente aquellos vinculados a soluciones basadas en la naturaleza, comienzan a atraer inversiones significativas.

Este flujo de capital está condicionado por la existencia de un marco regulatorio claro y estable. La “construcción institucional” mencionada por la Mesa Argentina de Carbono es, en ese sentido, un factor crítico para consolidar el desarrollo del sector.

Así, la producción sostenible deja de ser vista como una obligación costosa para convertirse en una herramienta de generación de valor. Las empresas que logran integrar esta lógica no sólo reducen su impacto ambiental, sino que también mejoran su eficiencia, acceden a nuevos mercados y diversifican sus fuentes de ingresos.

En ese proceso, el mercado de carbono actúa como un catalizador. Al asignar un valor económico a la reducción de emisiones, crea incentivos concretos para transformar los modelos productivos. La sostenibilidad, en definitiva, deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en un medio para competir mejor.

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