Una propuesta sobre el IVA para reducir el precio de los alimentos

Novedades Fiscales

Todos los habitantes deben acceder a los alimentos básicos y nutritivos a un precio absolutamente accesible. Eso es posible con cambios en la estructura tributaria.

La cuestión de los alimentos y el Impuesto al Valor Agregado (IVA), es un tema reiterado en nuestro país, no por eso irrelevante.

El Gobierno intenta modificar el tratamiento de las leches, lo cual se trata de algo vital para lograrse tener el precio de góndola más reducido posible.

Sin embargo, la preocupación debiera llevar a lograr que todos los habitantes accedan a los alimentos básicos y nutritivos a un precio absolutamente accesible. Eso es posible con cambios en la estructura tributaria.

Todos sabemos que el IVA es el impuesto más regresivo, pues las personas de bajos recursos consumen la mayoría de sus ingresos en bienes esenciales, no pudiendo siquiera pensar en ahorrar.

En Argentina se impuso en 1975 con una tasa general del 13%, luego se incrementó al 16% y llego prontamente al 18%. Se agregaron tres puntos, e incluso sobre su naturaleza, pero finalmente apalancó este tributo en el 21%. Todos estos aumentos de alícuota fueron y son pagados por los consumidores quienes abonan 44% de carga impositiva incluida en su precio final.

Los productos extraídos de la tierra estaban exentos del IVA y sus créditos fiscales eran computados a cuenta como un saldo de libre disponibilidad por ley 22.817. En 1990 se amplió el tributo a prácticamente a todos los servicios y los bienes, entre ellos se incluyeron los productos denominados primarios que comercializa el campo.

La gravabilidad de este sector complicó las cosas. Más del 80% de los granos y una parte relevante de las carnes, eran exportadas. Se debió cumplir con la ley y devolver el impuesto contenido en el precio de dichos productos.

Ante la acumulación fastuosa de deudas del fisco a favor de los exportadores, se redujo en un 50% la tasa del impuesto para estos bienes con la pretensión del resolver la mitad del problema. Así se llegó desde 1998 al 10,5% para granos, frutas y legumbres, carne bovina, ovina, porcina y aviar. Se trata de aquellos bienes obtenidos de la tierra que se vendan en estado natural, sin ser sometidos a un proceso que cambie la naturaleza del producto.

Ello no fue una buena idea, por las complicaciones y acumulación de saldos a favor, con restricción de uso para compensar otros impuestos.

El prejuicio es manifiesto para los productores agropecuarios. Se trata de un sobrecosto para ese eslabón de la cadena productiva. El capital de trabajo queda en manos del fisco siendo ese crédito propiedad del contribuyente, que se diluye con el paso del tiempo y genera quebrantos inaceptables.

El IVA debe ser neutro para los integrantes de la cadena económica.

En el gobierno de Macri se dispuso una exención del IVA para ciertos alimentos de primera necesidad, que siendo una medida bien receptada no se completó con la razonabilidad que merecía, como ser excluir a los productos importados.

Corresponde analizar los efectos económicos que ello produjo y qué cambios pueden plantearse.

Para los supermercados y negocios que comercialicen alimentos indispensables para la vida humana, debiera fijarse una disminución absoluta del IVA. Proponemos como máximo una tasa del 5% o bien directamente disponer un 0% que no es idéntico a exento.

De esta forma los precios de góndolas al consumidor deberán reducirse sensiblemente y los agentes de recaudación del tributo que son supermercados, almacenes o negocios de barrio, debieran disminuir en esa medida con una baja equivalente del precio al consumidor.

Es decir que el comerciante inscripto en IVA, podrá computar todo su crédito fiscal detallado en la factura de compra a sus proveedores sin restricción.

Ello a diferencia de tratar a la venta de esos bienes como exentos, caso en que el crédito formaría para del costo con el consiguiente incremento del precio final, efecto denominado piramidación.

Con esta propuesta, teniendo en consideración la gran diversidad de productos que venden estas empresas, algunos al 21% y otros al 5%, no se producirán saldos en favor del contribuyente, lo cual de otra forma sería una cuestión perjudicial para las empresas y produciría un efecto potenciado que se manifestaría en un aumento del precio al consumidor.

En aquellos sujetos registrados como monotributistas, el costo que asuman de impuesto al valor agregado será idéntico al actual y la alícuota de IVA no modificaría el precio final.

La menor recaudación obtenida, estará justificada de lograr una disminución sensible del precio de los productos de la canasta básica.

Podría ampliarse también una reducción sensible del IVA o tasa 0%, en aquellos bienes de higiene personal básica.

El subsidio indirecto, si bien llegaría a todos los adquirentes de esos productos, aquellos habitantes de mayores ingresos los obtienen en una proporción porcentual menor respecto del resto de los gastos.

No somos partidarios del uso de tarjetas sociales, atento las maniobras frecuentes de los inescrupulosos de siempre.

Un sistema tributario progresivo, se puede lograr reduciendo impuestos al consumo en lugar de pensar siempre en incrementar el impuesto a la renta, el cual ya dispone de porcentuales elevados y su carga actual es absolutamente distorsiva.

Contador público, socio fundador del Estudio SSV y Asoc.

Agradecemos la revisión de esta nota por parte de Matías Lestani responsable de CRA. (Confederaciones Rurales Argentinas).

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