5 de agosto 2005 - 00:00

Argentina surrealista

El surrealismo nació oficialmente en 1924, con la publicación del «Manifiesto del surrealismo», obra del escritor francés André Breton. Aunque el propio Breton lo llegó a negar, el Surrealismo, que no sólo abarca el arte, sino también la literatura, el cine, la fotografía, nació estrechamente ligado al movimiento dadaísta. El Surrealismo fue definido por el propio Breton como «automatismo psíquico puro, por el cual se propone expresar verbalmente, por escrito, o bien de otra manera, el funcionamiento real del pensamiento, en ausencia de todo control ejercido por la razón, fuera de cualquier preocupación estética o moral».

El impacto que causó en los medios intelectuales de la época no fue inferior al escándalo provocado por el dadaísmo. Los surrealistas criticaban la pérdida de la libertad en los creadores, debido a que el pragmatismo, la rutina, el peso de la educación, «las buenas maneras» coartan al individuo de tal manera que no es necesario que exista una coacción física. La propia autocensura se encarga de limitar la capacidad de creación del individuo al no ser capaz de romper sus ataduras y dejar que la imaginación vague sin lazos ni trabas de clase alguna. El creador es, pues, un alienado de la sociedad, de la que sólo puede librarse mediante la exaltación de lo irracional, de la locura, del sueño; es decir, mediante la oposición de «otro mundo» al establecido y dominado por las clases dirigentes. Es ésta la razón por la que algunos surrealistas se adhieren al marxismo, pues piensan que es el instrumento capaz de destruir el orden social y crear una nueva sociedad.

• Pérdida

Si colocamos una mirada sobre la sociedad argentina hoy, y la forma en la cual se están desenvolviendo los acontecimientos, parecería que nos hemos convertido en un país surrealista.

En efecto, se han perdido «las buenas maneras», la razón y los límites; el principio de autoridad es visto como algo negativo y el desenfreno en las calles con violación de las garantías constitucionales de la enorme mayoría de la población es considerado como algo positivo, a lo que se califica como «protesta social». Cualquiera que reclame orden o disciplina será acusado de promover «la paz de los cementerios».

Dependiendo de las circunstancias y de cada caso, y según se produzcan los acontecimientos o difieran las personas involucradas, la exaltación de la locura y de la irracionalidad es calificada como «sueño», el cual toma cuerpo sobre la base de la construcción del «nuevo modelo social», y cobra víctimas o genera héroes frente a actitudes similares.

• Ejemplos

Una mujer que sufrió el asesinato de sus hijos no es recibida por el Ministro de Justicia y Seguridad de la provincia en la cual se produjo el asesinato, pero una mujer a la que le arrojaron huevos en un acto político es recibida por el presidente de la República; un piquetero que participó en el copamiento de una comisaría y la incendió causando todo tipo de estragos está libre y hace declaraciones políticas, pero otro piquetero acusado de pedir dinero en un casino o en un puesto de comidas rápidas, está detenido y agoniza en un hospital; hombres y mujeres que tienen trabajo estable, casa y comida les impiden a personas humildes, muchos de los cuales no tienen casa, comida ni trabajo, que puedan hacer atender a sus hijos con problemas de salud, porque copan un hospital. Niños pequeños que aguardan ser operados, asistidos o curados, con graves problemas de salud, presencian atónitos desde su precariedad junto con sus angustiados padres, una «batucada» continuada en el hall central de ese hospital protagonizada por adultos sanos que les bloquean el acceso reclamando «dignidad».

Desocupados que peticionan hamburguesas para saciar su hambre, cuando las reciben las arrojan como proyectiles en el fragor de una disputa; trabajadores humildes que viajan diariamente en tren en condicionesprecarias pierden sus ingresos por presentismo y puntualidad, porque trabajadores ferroviarios solicitan un aumento de sueldo sin preocuparse ya que por huelga no le descuentan la puntualidad ni el presentismo; los legisladores no sesionan porque están en campaña, aunque todavía legalmente falta mucho tiempo para que se habilite el período de campaña; los ministros del Poder Ejecutivo que son candidatos para las próximas elecciones continúan en sus cargos sin que pueda discernirse en cada declaración si habla el funcionario o el candidato.

Los gobernantes toman decisiones que violan normas jurídicas y reclaman una Justicia independiente, pero cuando la Justicia no convalida su actuación, y mantiene su independencia, aquéllos sostienen que los jueces no comprenden los verdaderos problemas y que dictan sus fallos sin tener en cuenta la realidad pudiendo afectar la gobernabilidad del sistema.


• Falta de cordura

Funcionarios del área de seguridad que no han podido controlar el delito en su jurisdicción manifiestan que toda queja en tal sentido es un invento mediático y que las víctimas especulan con su dolor; mientras tanto, siguen los secuestros y las muertes, y el presidente de la Corte Suprema ve por videotape cómo es saqueada su caja de seguridad en el Banco de la Nación Argentina.

Muchos otros ejemplos podrían brindarse respecto de esta falta de cordura generalizada por la que estamos atravesando, pero con los señalados tenemos ya suficiente.

¿No será hora de dejar de lado ese surrealismo que parece tan atrapante y que nos detiene como Nación para retomar el consejo de
Ortega y Gasset de « argentinos a las cosas» bajo la cordura y la razón?

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