Brasil: cuando los mitos ponen en riesgo la realidad
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Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
Cuando en 2002 aumentó la percepción de riesgo, el financiamiento doméstico comenzó a reducirse generando presiones al alza de la tasa de interés local. Sin embargo, como la inflación estaba a niveles bajos, el Banco Central no aumentó la tasa de interés (como se observa en el gráfico). De esta forma, la autoridad monetaria tuvo que proveer el crédito interno faltante con emisión de reales, cuando la demanda de éste disminuía por la incertidumbre. Por lo tanto, el tipo de cambio comenzó a mostrar una fuerte depreciación de la moneda nacional. Como esto tarda en reflejarse en el nivel de precios, el Banco Central no reaccionó a tiempo y empezó subir las tasas recién cuando la inflación empezó a aumentar.
Se puede verificar, además, cómo la tasa de referencia SELIC empieza a incrementarse desde octubre de 2002, a pesar de que las condiciones de incertidumbre comienzan a revertirse. De esta forma, el Banco Central mantuvo la contracción del crédito interno cuando la confianza se recuperaba, evitando que se tradujera en un incremento de la demanda interna. En tanto, la restricción monetaria y el aumento de la demanda de reales por la menor incertidumbre implicaron una apreciación de la moneda de Brasil.
En el segundo trimestre de 2003, la inflación empieza a bajar y el Banco Central comienza a seguir su evolución descendente con la tasa de interés con casi 6 meses de retraso respecto de la merma del riesgo-país. Por ello, no es de extrañar que recién ahora se empiecen a ver los beneficios de la política fiscal austera y del responsable manejo económico del gobierno de Lula Da Silva.
Por lo tanto, la demora en la reactivación no tiene nada que ver con la austeridad fiscal, sino que se debe a una errada política monetaria que no trata de anticipar la futura evolución inflacionaria derivada de la depreciación de la moneda local, sino que reacciona a ella. Este tipo de estrategia no es adecuado para países que tienen una alta volatilidad de la percepción de riesgo, aunque puede funcionar en economías muy estables.
• Problema
En tanto, el alto superávit primario no tiene nada que ver con la recesión. El Estado brasileño tiene que pagar alrededor de 10% del PBI de intereses, y casi 80% de su deuda es interna. Por lo tanto, aun con 4,5% del PBI de resultado primario favorable le quedan por financiar otros 5,5 puntos porcentuales. Es intrascendente si los intereses se pagan sacándoles un real a los contribuyentes (que no podrán gastarlo) o absorbiéndolo del crédito interno y restándoselo al financiamiento de los consumidores o inversores. La demanda interna no variará, ya que lo único que varía es cómo se consigue el recurso y quién lo gasta.
El problema hacia delante es cómo hará el presidente Lula Da Silva para convencer a sus colegas políticos brasileños de mantener la estrategia de austeridad y responsabilidad en la gestión económica y fiscal. Luego del acuerdo logrado por la Argentina, muchos pretenden que Brasil negocie una carta intención «light», lo cual cambiaría el manejo de la gestión de gobierno hacia delante. Por lo tanto, o el presidente Lula Da Silva mantiene su línea de gobierno estableciendo nuevas alianzas políticas o cambia de dirección arriesgando todo lo ganado en confianza hasta ahora.
(*) Socio de la consultora EXANTE




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