Cámara exige investigar responsabilidad oficial
Entonces, la propaganda gubernamental echó la culpa a la Corte Suprema, al fallar contra lo que el Estado quería. La pregunta es qué otra cosa podría haber fallado la Corte, cuando el mismo Congreso que la acusó de subversiva fue el que votó la ley de intangibilidad de los depósitos, que la Corte no tuvo más remedio que aceptar si no quería abandonar la jurisprudencia de la Constitución americana.
En 1810, la Corte de los Estados Unidos dictaminó que un contrato era válido «más allá de lo que pudieran pensar los hombres comunes acerca de su ética». Ya en 1803, reafirmaba el poder conferido por la Constitución de revisar judicialmente las leyes, «en particular si los políticos populistas, aprovechando la difusión del sufragio, atacan la propiedad legítima para congraciarse con el populacho. Para Marshall, no había diferencia entre «la chusma que se apoderara de La Bastilla por la fuerza y una turba legislativa que intente tomarla sirviéndose de una ley inconstitucional». Que la Corte argentina hubiera sostenido otra cosa diferente de la ley era un papelón.
Ahora, la Cámara Federal ha decidido «investigar», sosteniendo que no se realizó un «peritaje contable» para determinar la responsabilidad de funcionarios. Sería divertido conocer a qué conclusiones podría arribar tal peritaje. Cada vez que un demandante concurre a un tribunal sosteniendo que dos más dos es cuatro, inmediatamente se ordena un «peritaje contable». Pero luego los jueces opinan como si entendieran de procesos económicos, de finanzas y de cualquier otra cosa que les parezca bien. Todo lo que Montenegro debe haber evaluado es si el beneficiario del disparate era el Estado. Sólo debía leer las comunicaciones del BCRA en el entorno de la Com. A 3429 y mandar a archivar la causa, que seguramente terminará en una nueva Fuenteovejuna.
Winston Churchill sostenía ya en 1920 que el grado de maldad de cualquier persona era infinitamente menor que el grado de maldad de un estado: según Churchill, ninguna persona contaba con los conocimientos ni con el ánimo de hacer el mal en una medida similar a un gobierno, que podía aterrorizar a sus súbditos. Como era inteligente, no podía suponer ignorancia. Debería haber vivido para conocer a los burócratas argentinos.




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