19 de abril 2026 - 00:00

Las señales desde Medio Oriente son alentadoras y el mercado ya festejó: ¿qué mirar hacia adelante?

La clave pasa por si el shock energético se traduce en menor actividad o en presiones inflacionarias, en un contexto donde los balances serán determinantes.

Irán anunció que el Estrecho de Ormuz queda “completamente abierto” al tráfico comercial mientras dure el alto el fuego entre Israel y Líbano. 

Irán anunció que el Estrecho de Ormuz queda “completamente abierto” al tráfico comercial mientras dure el alto el fuego entre Israel y Líbano. 

Al Jazeera

El S&P 500 marcó un nuevo máximo histórico esta semana, superando los 7.000 puntos por primera vez en su historia. El Nasdaq acumula doce ruedas consecutivas al alza, la racha más larga desde 2009. El Brent, que llegó a superar los u$s110/bbl, cuando el Estrecho de Ormuz estaba prácticamente cerrado, retrocedió y se ubica por debajo de los u$s90/bbl. El mercado decidió descontar el mejor escenario posible.

Y esta vez parece que hay razones para hacerlo. Irán anunció que el Estrecho de Ormuz queda “completamente abierto” al tráfico comercial mientras dure el alto el fuego entre Israel y Líbano. La tregua de diez días, anunciada por Trump el jueves y mediada entre Israel y el gobierno libanés, busca dar espacio a negociaciones de paz. Los precios del petróleo cayeron y las acciones subieron con fuerza tras el anuncio. Si bien hay que estar atentos a cómo evoluciona la situación en Medio Oriente, de momento parece que aumentó la probabilidad de paz en la región. La pregunta ahora es si el shock actual tiene la capacidad de descarrilar la economía estadounidense.

Para anclarnos en escenarios similares, un evento que rima es la guerra entre Ucrania y Rusia.

En 2022, el shock energético cayó sobre una economía artificialmente inflada por los estímulos monetarios y fiscales para morigerar los efectos de la pandemia. El ahorro acumulado se encontraba en niveles récord, existía demanda reprimida y el mercado laboral estaba holgado. Había casi dos vacantes de empleo por persona desempleada (hoy este ratio está por debajo de uno) y los salarios ajustaban al ritmo más rápido en décadas. A este shock de demanda se le sumó un shock de oferta que llevó a la Fed a subir tasas al ritmo más agresivo en 40 años —recordemos que veníamos de las tasas ultra bajas por el shock del Covid-19—.

Hoy el punto de partida es radicalmente distinto. La política fiscal está más ajustada tras la acumulación de deuda soberana post pandemia. No hay un colchón de ahorro excedente en los hogares. El mercado laboral está más justo, como mencionábamos antes, con menos de una vacante por persona desempleada. La creación de empleo se viene desacelerando en el último tiempo y el principal riesgo es que está concentrada prácticamente en un solo sector. Entre 2024 y lo que va de 2026, el sector salud creó 1,7 millones de empleos, mientras que el resto de la economía destruyó 56 mil.

La consecuencia práctica de estas condiciones iniciales es clara: en lugar de generar una espiral de precios y salarios como en 2022, el shock actual probablemente se absorba a través de menores ingresos reales, ajustes salariales más moderados y, en el peor caso, mayor riesgo recesivo. No a través de una inflación que se retroalimenta y obliga al banco central a pisar el freno de manera agresiva.

En este sentido, el dato de inflación de marzo fue el primero en el que se vio el impacto de la suba en los precios del petróleo, pero la lectura completa fue positiva. La inflación general avanzó 0,9% mensual y la tasa anual saltó a 3,3%, impulsada por un aumento del 21,2% en la nafta, el mayor desde 1967. Sin embargo, la inflación núcleo (que excluye alimentos y energía) subió apenas 0,2% mensual y 2,6% interanual, ambas lecturas por debajo de las expectativas.

Del lado del IPP (Índice de Precios al Productor), la dinámica fue incluso más alentadora. El índice general avanzó 0,5% mensual, la mitad del 1,1% esperado, mientras que el núcleo trepó apenas 0,1% frente al 0,5% proyectado. De cara al PCE de marzo, la medida favorita de la Fed (que mide específicamente el gasto de los hogares), es probable que se ubique por debajo del IPC. Por un lado, energía y servicios de energía tienen menor ponderación y, por otro, los servicios médicos y otros componentes core mostraron una dinámica favorable.

Otro de los efectos negativos del shock energético es sobre la actividad económica. El nowcast de la Fed de Atlanta para el primer trimestre se desplomó a 1,3% anualizado, menos de la mitad del 3,1% proyectado a mediados de febrero. El PBI del cuarto trimestre de 2025 fue revisado a la baja a un magro 0,5% en la tercera estimación.

Los indicadores adelantados confirman la desaceleración. El PMI de servicios de S&P Global cayó a 49,8 en marzo desde 51,7 en febrero, entrando en zona de contracción por primera vez en meses, afectado por la caída en la confianza de los clientes y la menor demanda vinculada al conflicto en Medio Oriente. Por el lado manufacturero, el PMI se mantuvo en expansión en 52,3, pero el sector es menos representativo para el PBI.

petroleo mercados

Efecto guerra: qué se espera en los próximos meses

El shock es claro: más inflación y menor nivel de actividad (¿hay riesgos de estanflación?). Pero hay un matiz importante. A diferencia de otros episodios, la economía estadounidense es hoy un exportador neto marginal de energía gracias a la revolución del shale. No es una economía petrolera, pero tampoco recibe el golpe de la misma manera que Europa, Japón o el Reino Unido, donde el impacto sobre crecimiento debería ser más severo.

De cara a lo que viene, para seguir viendo si el S&P 500 puede sostener estos niveles (o incluso ir por más), la clave estará en la temporada de balances que comenzó hace unas semanas. Los primeros reportes de los grandes bancos fueron alentadores: JPMorgan reportó resultados por encima de las expectativas, con ingresos récord en su negocio de mercados.

Pero la verdadera prueba vendrá con las grandes tecnológicas. Si los balances confirman que la capacidad de generación de ganancias sigue intacta a pesar del shock energético, el mercado tendrá argumentos para consolidar los 7.000 puntos. Si decepcionan, especialmente en el guidance para los próximos trimestres, el rally podría quedarse sin combustible.

Analista de PPI

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