30 de noviembre 2006 - 00:00

"Chávez no era un anti-ALCA"

Caracas (enviado especial) - Fue quien gestionó la cita entre Hugo Chávez y Carlos Menem cuando el venezolano, apenas electo presidente, visitó la Argentina en 1998. Atravesó la temporada más brava de la Argentina cercana: la crisis de 2001. Sobre esos días, cita una marca indeleble: «La época de los cinco presidentes». El que recuerda es Edmundo González, embajador de Venezuela en Buenos Aires entre noviembre de 1998 y julio de 2002. Afirma que, por entonces, la diplomacia de Chávez era diferente a la actual respecto, por caso, al ALCA, iniciativa de integración de EE.UU. que Chávez demoniza.

«No podría decir que fue pro ALCA, pero al principio (Chávez) no era el anti-ALCA que es ahora», explica el ex embajador y agrega: «Se la evaluaba como una opción, no la única». A fines de 2004, en la cumbre de Mar del Plata, Chávez patentó su «Alca, Alca, alcarajo».

Diplomático de carrera, ya retirado, González tiene una mirada crítica sobre el chavismo y cuestiona la « diplomacia activa» que despliegan los delegados venezolanos en el exterior para exportar lo que llaman « socialismo del siglo XXI».

«En política exterior, hay dos Chávez: el primero respetó y mantuvo los lineamientos históricos de Venezuela, pero en 2004 cambió su perfil y produjo una ruptura para iniciar una política de confrontación e intromisión que es la que se mantiene vigente», detalla González ante Ambito Financiero.

Periodista: ¿Cuáles son esos momentos y por qué el quiebre?

Edmundo González: La primera etapa va de 1999, cuando asumió, hasta noviembre de 2004. En ese tiempo, Chávez mantuvo la línea de la política exterior histórica de Venezuela: defensa de la democracia, defensa de los derechos humanos, acercamiento con el Caribe, integración a nivel sudamericano. Hasta entonces no se daban rasgos violentos, de brusquedad. El cambio se produce cuando Chávez gana, en noviembre de 2004, el referendo revocatorio.

P.: Allí adoptó una postura muy crítica sobre EE.UU...

E.G.: Claro. Porque ese lineamiento también se da en el plano estratégico militar, refiere a la llamada guerra asimétrica y profundiza el enfrentamiento con Estados Unidos.

P.: ¿El formato de esa política es la diplomacia más activa?

E.G.: Para difundir el socialismo del siglo XXI impulsó una diplomacia más activa y se entromete en la política de otros países cuando se pretende hacer política exterior en otros territorios como si fuese el propio. Esa actitud ha provocado crisis como las ocurridas en México, donde se terminó casi en una ruptura, hubo tensiones con Perú y también lo que ha ocurrido recientemente con la Argentina.

P.: ¿Cómo evalúa la relación bilateral con la Argentina, a partir del vínculo entre Chávez y Néstor Kirchner?

E.G.: Hay que decir que la relación tiene un sustento más profundo que lo que pueda ser la coyuntura de la relación entre dos presidentes. Es histórico, de muchos años. Se ha fortalecido ahora el intercambio comercial, con mejoras para la Argentina, así como también la participación financiera de Venezuela allí. Hay una relación sólida empañada, esperemos que sólo momentáneamente, por algunas desavenencias.

P.: Fue mejor cuando compró deuda.

E.G.: Aquello fue un buen negocio para Venezuela porque los bonos argentinos se valorizaron.

P.: ¿No es entendible que Chávez busque socios para no quedar aislado?

E.G.: Chávez planificó la construcción de alianzas estratégicas muy sólidas con el pivote central en el petróleo: se ve en el caso de Rusia, de China, con la India, y en el hemisferio con Petrocaribe o el gasoducto del sur. Venezuela siempre tuvo esa política pero Chávez le agregó el condimento de la confrontación.

P.: Con el foco en EE.UU. y el ALCA.

E.G.: Fue un cambio: el discurso oficial hasta 2004 sostenía que el ALCA era una opción de integración pero no necesariamente la única. Se sostenía que había que estudiarla, evitar las asimetrías, discutir. Después hubo un giro.

P.: ¿Chávez era pro ALCA?

E.G.: No podría decir que fue pro ALCA, pero al principio lo veía como una opción que se podía conversar, replantear y renegociar. Por entonces no se ponía en el plano del rechazo absoluto, como anti-ALCA, tal como ocurrió desde fines de 2004.

P.: La información internacional afirma que gana Chávez y que sólo hay que esperar por cuánto. ¿Lo ve así?

E.G.: Si uno hace un seguimiento de la visión que hay en el exterior sobre el proceso electoral nota que caló la sensación de que Chávez tiene un triunfo asegurado. Esa matriz se transmitió a la luz de lo que arrojan las encuestas que hablan de un resultado abultado. Hay otras que reportan resultados más estrechos pero no han tenido tanta repercusión. Aquí la percepción es otra: uno ve que Rosales tiene mucho respaldo.

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