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30 de noviembre 2021 - 14:39

La evolución de la ciberseguridad  

Desde marzo 2020 a la actualidad, la ciberseguridad ha sido materia de preocupación de organizaciones  públicas y privadas alrededor del mundo debido a la acelerada transformación digital que se evidenció en este  tiempo.  

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En el Día Mundial de la Ciberseguridad, la compañía especializada en identidad digital y prevención de fraude VU, presentó el informe “Madurez de la Ciberseguridad en América Latina”, basado en un estudio previo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y datos de la Universidad de Oxford."

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Uno de los cambios más significativos que trajo aparejada la pandemia por COVID-19 fue el vuelco de las gestiones de las personas a los entornos digitales. Desde solicitar compras con delivery, hasta las transacciones bancarias más onerosas; trabajo remoto desde las casas o tomando redes públicas, todo implicó una abrupta y masiva circulación de información y datos personales que en otro momento los usuarios hubieran hecho lo posible por proteger. Sin embargo, a partir de este contexto comenzó a ser requisito exponerlos en diferentes sistemas, lo que trajo aparejado un gran desafío en materia de ciberseguridad .

Los ciberataques representan una amenaza tanto para los usuarios como para las empresas que proveen de los servicios digitales, además de un importante daño económico. Para aportar algunos datos de base, según un estudio de Anti Phishing Working Group (APWG) en enero de 2021 se registraron picos históricos que lo convierten en el tercer mes con más registros fraudulentos de la década. Por otro lado, en un artículo publicado en Wallstreet Journal se registraron 495 millones de ataques lo que representó un 148% de incremento en relación al año anterior. Además, un estudio Beyond Borders 2020/2021 Study de Ebanx señala que el e-commerce, por ejemplo, aumentó un 30% en cantidad de usuarios a nivel regional. En seis meses se logró algo que se proyectaba alcanzar en dos años.

Todo este marco constituye un terreno fértil para los ciberatacantes y, frente a esto, las barreras de protección de los sistemas deben adaptarse a este crecimiento. Si bien las amenazas halladas no son nuevas, estas evolucionaron y se sofisticaron considerablemente con capacidad de dirigirse a objetivos más específicos y de maneras menos detectables. La ciberseguridad, en este sentido, es la encargada de ofrecer las herramientas y procedimientos que protejan datos personales y eviten vulnerar la identidad digital.

En los últimos años algunos términos como phishing, malware y, en menor medida, ransomeware comenzaron a ser cada vez más familiares para los usuarios. Todos estos son tipos de ciberataques que obtienen datos de diferentes maneras, ya sea simulando ser organizaciones oficiales, como ingresando a los dispositivos vía de sitios webs o mediante virus para obtener datos personales. En muchos casos esos procedimientos se vuelven imperceptibles para los usuarios porque en ocasiones ni siquiera requieren que interactúe con los sistemas.

Frente a este panorama, los responsables de la ciberseguridad y de TI deben hacer frente a cinco grandes desafíos:

Claves para aumentar la ciberseguridad y mitigar posibles daños en 2022

En pos de incrementar la confianza y reducir los riesgos, las compañías deben seguir trabajando en seis aspectos clave:

No perder de vista que la nueva frontera es la identidad digital

Es necesario continuar trabajando para proteger a los colaboradores y clientes de cada institución. Al mismo tiempo, resulta fundamental la construcción de un Plan de Concientización sobre la Importancia de la Ciberseguridad en las Organizaciones. Cada vez con mayor frecuencia se realizan ataques centrados en explotar las vulnerabilidades de las personas.

Es necesario invertir tiempo en informar y capacitar a los usuarios, para que tengan más y mejores herramientas para tomar sus decisiones. Esto permitirá minimizar el riesgo de accesos no autorizados a información confidencial, que pueden impactar de manera profundamente negativa en el negocio. La fuga, robo y pérdida de información confidencial; pueden provocar crisis de reputación en la marca, incumplimientos legales (GDPR, etc.) y afrontamiento de multas, que en muchos países con regulaciones estrictas pueden llegar hasta el 4% de la facturación anual de la empresa.

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