Todos recordamos aquella magnífica e impresionante novela de Emily Jane Bronté, situada en los sombríos y desolados páramos de Yorkshire, la cual constituyó una asombrosa visión metafísica del destino, la obsesión, la pasión y la venganza. Publicada por primera vez en 1847, un año antes de morir su autora, esta obra rompió por completo con los cánones del decoro que la Inglaterra victoriana exigía a toda novela -tanto en el tema escogido como en la descripción de los personajes- para desarrollar un relato pleno de talento, seducción, tragedia y, finalmente, traición.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Esta vez, la acción no transcurrió en ese paraje rocoso de Inglaterra, sino en la ciudad balnearia de Mar del Plata, donde también tuvieron lugar episodios de seducciones, obsesiones y pasiones en dos ámbitos diferentes: la IV Cumbre de las Américas y la III Cumbre de los Pueblos de América. A la primera concurrieron los jefes de Estado del continente -con excepción del presidente de Cuba- y a la segunda, una serie de diversas y heterogéneas organizaciones junto con algunos personajes de la política, la farándula y el deporte, liderados por Diego Armando Maradona.
En ambas cumbres existieron las intrigas, las contradicciones y los conflictos. De hecho, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, participó con un papel relevante -aunque patético- en ambas cumbres en forma simultánea. En la primera, para intentar liderar una resistencia frente a la política continental e internacional desarrollada por los Estados Unidos y el presidente Bush, a las que calificó de imperialistas y dominantes. En la segunda, para alentar a los asistentes en su lucha por la finalización de la pobreza y por el respeto de los derechos humanos, aspectos -ambos- que se encuentran absolutamente ausentes en el gobierno de su propio país.
Por nuestra parte, no estamos tanto mejor. Mientras se envían señales hostiles a la conformación final del ALCA juntamente con Venezuela -no parecen pensar lo mismo Brasil, Uruguay y Paraguay-, el presidente Kirchner aguardó ansioso la reunión que mantuvo a solas con el presidente Bush con la esperanza de obtener su apoyo estratégico para negociar favorablemente con el FMI la salida final del default, la cual manejó mal.
También en ambas altas cumbres las aguas estuvieron divididas y costó mucho poder legar a una declaración de aspectos generales que pudiera ser suscripta por todos. Las Cumbres de las Américas tienen su antecedente en el encuentro de diecinueve presidentes del continente en julio de 1956 en Panamá bajo el auspicio de la Organización de Estados Americanos. Posteriormente, en abril de 1967, otros diecinueve presidentes más un representante de Haití se reunieron en Punta del Este, Uruguay. El objetivo siempre fue lograr la adhesión de los países latinoamericanos a la política continental promovida por los Estados Unidos. Sería recién veintisiete años después cuando naciera la denominación de Primera Cumbre de las Américas, en Miami, en diciembre de 1994. Allí, los ministros de Comercio de los países americanos, con la exclusión de Cuba, se pusieron de acuerdo en establecer una zona de libre comercio « desde Alaska hasta Ushuaia» que incluiría a treinta y cuatro países. Se llamaría ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas).
La segunda cumbre se celebró en Santiago de Chile, donde el proyecto del ALCA siguió avanzando. En abril del año 2001, en la Tercera Cumbre de las Américas, se aprobaría en Québec ( Canadá) la Carta Democrática Interamericana.
• Reunión extraordinaria
La aparición del fenómeno terrorista en Nueva York y Washington y el aumento de la conflictividad social en América latina por parte de ciertos sectores de población exigieron la convocatoria de una nueva cumbre extraordinaria en Monterrey (México). El objetivo del encuentro, según la declaración de los participantes, era implementar «medidas para fortalecer la gobernabilidad de las democracias» de las regiones centro y sur del continente y «combinar acciones conjuntas en la lucha antiterrorista». Se aprobó la declaración de Nuevo León, donde se nombraba el «uso efectivo de recursos internos e internacionales» por parte de los países más ricos y destacaba el «vínculo de interdependencia entre las economías nacionales y el sistema económico mundial» acogiendo favorablemente «los avances logrados para el establecimiento de un «Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA)» apoyando «el acuerdo de los ministros sobre la estructura y calendario adoptado para la conclusión de las negociaciones para el ALCA en los plazos previstos».
El formato de la «III Cumbre de los Pueblos de América», por el contrario, fue del tipo Foro Social Mundial, con actividades centrales organizadas por la «Alianza Social Continental» y por la « Autoconvocatoria Argentina No al ALCA», y actividades autogestionadas (talleres, movilizaciones, actividades culturales), bajo consignas expresadas en banderas plenas de imágenes de terroristas, dictadores, incluyendo un tren político-farandulesco. Según uno de los líderes de esta supuesta anticumbre -Adolfo Pérez Esquivel-, «hay un despertar en toda América latina y en el mundo, un despertar de los pueblos. Los pueblos antes quedaban como espectadores, y actualmente se están asumiendo como protagonistas».
Nada más cierto que esto último, pero no en el sentido dado por el Premio Nobel de la Paz de 1980. Es insólito que el dirigente de la «anticumbre» no advierta que en los países democráticos el pueblo se expresa a través del voto y se respeta el resultado de las elecciones. El « pueblo», al menos en la República Argentina, hace dos semanas ya se expresó en forma contundente y relegó a un porcentaje menor que 2% del electorado a todos estos personajes mesiánicos que junto con ex deportistas, dictadores latinoamericanos, piqueteros, agitadores y organizaciones violentas invocan permanentemente -de un modo temerario- ser la voz del pueblo o representarlo en su conjunto, cuando el pueblo expresamente los ha desconocido. Finalmente, no puede desconocerse que aquellos países que se incorporaron al ALCA -al igual que los que forman parte del NAFTA- han mostrado un progreso económico notable en áreas estratégicas de la economía y el comercio internacional. La circunstancia de que en muchos casos no se haya podido verificar la teoría del «derrame» y que los beneficios no se hayan reflejado en un mejor nivel de vida de los ciudadanos de dichos países no puede adjudicarse al ALCA o al NAFTA sino a los sistemas internos de cada país. Como sostenía Arthur Okun.
Dejá tu comentario