Consensos y tensiones a 50 años del golpe de Estado de 1976

Memoria, justicia y democracia conviven con tensiones y nuevas formas de desapego político. A medio siglo del inicio de la última dictadura cívico-militar, la sociedad reafirma la democracia, pero debate cómo interpretar su pasado reciente y crecen los matices en la lectura del pasado.

El retorno de la democracia, otra fecha clave en Argentina. 

El retorno de la democracia, otra fecha clave en Argentina. 

A medio siglo del inicio de la última dictadura cívico militar en la Argentina, la relación de la sociedad con su pasado reciente no es un objeto de museo, sino una construcción viva, dinámica y cargada de tensiones. La investigación conjunta entre Pulsar.UBA y el CELS, que combina una fase cualitativa de grupos focales con una encuesta nacional de 1.136 casos, ofrece una radiografía profunda sobre cómo el país procesa este período en pleno 2026.

Pese al paso del tiempo, el tema no parece haber caído en el olvido. El 71% de los argentinos afirma conocer "mucho" o "bastante" sobre el período 1976-1983. El recuerdo parece estructurarse sobre conceptos claros puesto que las palabras más utilizadas por los entrevistados para definir esa etapa son "desaparecidos", "represión" y "violencia estatal". El 63% sostiene que no hubo motivos que justificaran el golpe institucional, frente a un 27% que opinan lo contrario. Y existe un amplio consenso sobre la necesidad de mantener abierta la búsqueda de justicia ya que ante la pregunta de si “Es necesario que el Estado siga juzgando a los militares” el 70% de la población manifiesta estar muy o bastante de acuerdo esta afirmación.

A pesar de la condena general, persisten dos interpretaciones sobre el accionar del gobierno militar. Quienes lo caracterizan como “una dictadura que llevó a cabo un plan sistemático de desaparición de personas y violación de derechos humanos” (61%), que es la visión predominante, especialmente entre mujeres, personas con mayor nivel educativo y residentes del AMBA y quienes optan por definirlo como “un gobierno que encaró una lucha contra el terrorismo, en la que pudo haber habido excesos” (32%) que aún en minoría, no deja de ser un número significativo.

Estos marcos interpretativos deben ser leídos en un contexto más amplio, puesto que también el 71% consideran que la dictadura del 76-83 fue “mala” y “muy mala”, el 19% “regular” y solo el 7% la recuerdan como “buena” y “muy buena”. Es decir, la mirada favorable hacia la dictadura militar, aún en las interpretaciones menos condenatorias, no dejan de ser exigua.

Al consultar sobre la posibilidad de un nuevo golpe de estado encontramos que este escenario se percibe como algo "fuera de la historia", “impracticable” o “impensado”. El 83% de los encuestados considera "poco" o "nada probable" que vuelva a haber una dictadura en Argentina y se fundamenta en que la sociedad no lo permitiría. El trabajo de investigación cualitativa nos permitió comprender que por lo general la sociedad argentina imagina que la propia población saldría masivamente a las calles para impedirlo, habría reclamos internacionales o bien impedimentos de magnitud que harían naufragar cualquier intento.

Democracia y nuevas generaciones

Este pacto democrático adquiere matices específicos en las nuevas generaciones. Recientemente encuestamos 2500 estudiantes de entre 16 y 18 años para un estudio en conjunto con la asociación conciencia. Este segmento, que además de estar cerca de ingresar al mercado laboral podrá votar el año que viene, es objeto de muchas especulaciones pero ¿que sabemos realmente de ellos?

Como dato central podemos afirmar que estos jóvenes tienen una clara falta de apego hacia la política. El 69% manifiesta tener poco o nulo interés en la materia. De hecho la baja relevancia que tiene la política en su vida parece reflejarse en la forma en la que establecen relaciones personales ya que el 59% rechaza la idea que se pueda juzgar si una persona es buena o mala por sus opiniones políticas, el 64% afirma tener amigos con ideas opuestas y hasta el 61% afirma que podría estar en pareja con una persona que tenga ideas políticas opuestas a las suyas.

Otro de los hallazgos interesantes del informe surge al cruzar la baja frecuencia de conversación política en el hogar con la alta coincidencia ideológica. Aunque solo el 33% dice hablar de política con su familia, la simetría de pensamiento es abrumadora: el 80% de los jóvenes dice coincidir "siempre" o "a veces" con las opiniones políticas de sus padres. Solo un escaso 10% manifiesta una discrepancia casi total con sus familias.

Este cúmulo de datos permiten vislumbrar que aunque existen tensiones discursivas sobre el pasado y segmentos alejados de la política tradicional, la relación entre los argentinos y la democracia muestra señales muy positivas. Los argentinos muestran hoy que, aún teniendo poca confianza en la dirigencia y los partidos políticos, el 85% considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Afirman en un 90% que es importante vivir en un país democrático como también dan señales inequívocas respecto a la importancia del respeto por la división de poderes y valoran la completitud de los mandatos presidenciales. Como conclusión podemos decir que más allá de las diferencias que reconocemos existen entre nosotros, la democracia sigue siendo el escenario que elegimos para discutir el país que queremos.

El autor Máximo Reina es sociólogo, Mg en Antropología e investigador del Observatorio Pulsar.UBA.

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