14 de marzo 2023 - 10:29

Debate por la deuda pública: crónica de un default anunciado (Parte XIV)

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- ¿Compro dólares? - Era una pregunta cada vez más frecuente en los cumpleaños. Cambiemos representaba el fin del populismo para muchos. Cambiemos prometió crecimiento económico sustentable. Federico Sturzenegger (PhD) en la poltrona del BCRA era una eminencia y garantía de estabilidad monetaria y cambiaria…

Solo cinco trimestres después de asumir Macri, se percibía cierta desilusión acerca de la naturaleza de los problemas argentinos. Parecía ausente esa modalidad óptima de producir cambio. A la sazón, colegas de diferente extracción nos permitíamos expresar una apreciable cuota de escepticismo, tanto en la aplicación de los recursos técnicos, en el gerenciamiento y la articulación de ciertos aspectos teóricos.

A la hora de evaluar el grado de efectividad que puede aportar un programa económico se elaboran numerosas investigaciones que pueden rebatir o reafirmar conjeturas previas, arrojando luz sobre los puntos más importantes. A principios de agosto 2017, era posible determinar que tanto el enfoque económico como el gerenciamiento del Estado habían sido ineficaces para resolver las materias pendientes del gobierno peronista.

Argentina es otro tipo de país, diferente al que examina la bibliografía básica económica y de negocios. Tiene particularidades notables que no opera un economista estándar, un profesor de la universidad, ni muchos CEOs. Tampoco aprovechaba en el Estado un empresario argentino que “sabe ganar dinero”, porque en ciertos casos, “saber ganar dinero” es un eufemismo cuando profundizamos las estrategias utilizadas. Se puede ser rico en base a vender en negro, contrabandear, incumplir con las concesiones del Estado, falsear declaraciones juradas, ganar licitaciones mediante cohecho, entrar en moratorias y blanqueos por evasión, etcétera…

Los factores que tienen mayor incidencia en el éxito de un programa económico argentino se vinculan en primer termino con lograr el bienestar general.

El Estado de bienestar, lo que podríamos ver en una ciudadanía europea meridional, con 3 veces el PBI per cápita de Argentina, habiendo pasado por dos guerras, sin sindicatos tan fuertes y movimientos sociales menos dinámicos. En nuestro país existe una multitud de argentinos que posee una extraordinaria conciencia de sus derechos políticos y sociales. El resto de las cuestiones macroeconómicas podrían ser factores comunes a todas las economías del sistema.

En la Argentina los programas económicos son más duraderos cuando las necesidades de la ciudadanía están insatisfechas, por eso el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner estuvo atascado cuatro años. No era el paraíso y faltaba mucho-según Macri eran necesarios 20 años-. Pero se había avanzado mucho en la distribución del ingreso. Cuando subsisten demandas que esperan ser atendidas se consiguen mejores resultados que cuando cambian. Ejemplo: en 2005 la demanda de un hombre de a pie era tener automóvil y combustible barato. La reclamación del mismo en 2015 era “más seguridad” y hasta “mano dura” porque le robaron una rueda del auto que se compró en 2006.

LA EXPLOSION DEL dólar ERA CUESTION DE TIEMPO

“Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo…” (Eclesiastés).

El tipo de cambio real multilateral, es el equivalente al valor del peso local con respecto a una canasta de monedas y determina en alguna medida, el grado de competitividad de la economía de un país.

En Argentina el comportamiento del sector externo en 2016, luego de una mega devaluación exhibió un aporte negativo a PBI de (-0.7) puntos, donde lo más preocupante fue el comportamiento que tuvieron las importaciones que crecieron 5.4%-en lugar de caer 12% como en 2014-, restando 1.3 punto a la variación del PBI de todo el año.

En abril 2017 el dólar cotizaba $15. En 2002 el dólar cotizaba el equivalente de lo que abril 2017 representaría $ 38 y, el tipo de cambio real bilateral (de 1 dólar), costaba más de $ 42. Cuando tomábamos el promedio de 20 años, el tipo de cambio real multilateral, incluyendo el dólar “planchado” de la Convertibilidad por cuatro años-1997, 2001-, cotizaría a $22. Esto era alrededor de 28% menos, o digamos 40% de apreciación real del peso. Si se consideraba el promedio histórico desde 1960 (excluyendo las dos hiperinflaciones, costaba 33% menos, o tenía una apreciación de 50%). Desde 2003 a 2009 al promedio, abril 2017 un dólar estaría alrededor de $ 30. Para equiparar a la devaluación de Kicillof debía estar en $ 22 (ese nivel requeriría otra nueva devaluación de 45%), acumulando 122% de devaluación en 16 meses.

Inflación, situación fiscal y monetaria, endeudamiento

Con casi 10% acumulado de inflación en solo un cuatrimestre, no estaba muy claro cómo se llegaría a 17% en todo 2017. El FMI con máxima moderación ya hablaba de 25.6% y el perjuicio era un daño autoinfligido porque aumentaron 50% los peajes, 80% la electricidad, etcétera. No se pueden subir todas las tarifas y pretender que el IPC baje.

De todos modos, el gasto primario, sin contar los subsidios económicos subió 41% hasta julio. El gobierno seguía financiándose con mucha emisión de deuda, generando una considerable carga de intereses que aumentaba déficit fiscal.

Endeudamiento nacional, provincial e internacional.

“…los deudores son esclavos de sus acreedores”. (Proverbios 22:7b0, La Biblia, NVI)

El ministro Caputo coloco en 3 meses 22 mil millones de dólares. Al ingresar semejante cantidad de dólares, la Argentina superaba dos récords terminales de Fernando De la Rúa en diciembre de 2001: 1) más retraso cambiario y 2) más deuda en dólares. Recordemos siempre que cuando se produce un descarrilamiento y la deuda está compuesta mayoritariamente en dólares (Ej.: De la Rúa y Macri), la relación deuda/PBI puede dispararse hasta lo extravagante y puede incluir el default. En ese punto, si después de las elecciones los tomadores de deuda argentina titubeaban, el FMI podía ser el prestamista de última instancia. La verdad es que, si no decidía ayudar enseguida con 25.000 millones de dólares en 2018, tendríamos el default de la deuda pública privada. Pues, así fue, el equipo económico corrió en busca de auxilio en forma desesperada. Escenarios como 2017, iban al encuentro de un único domicilio (Washington DC) porque tarde que temprano comenzarían a escasear los dólares y desaparecería el financiamiento. Lo decíamos desde Diario Registrado, pero no teníamos mucha repercusión.

Actividad

En 2016 el consumo privado cayó 1.5% y la inversión se derrumbó 5.5%. La recesión venía siendo distinta a otras recesiones. En proporción caía menos la demanda doméstica, si bien esta era la única recesión donde se contraía consumo e inversión, y al mismo tiempo aumentaban las importaciones. Desconocida situación en 18 años. Esta era otra causa del problema de la industria argentina. Había muchas ramas que venían cayendo por dos trimestres consecutivos-recesión-como: alimentos y bebidas, productos químicos, refinación de petróleo, productos de caucho y plástico, metalmecánica, cigarrillos, papel y cartón, construcción, metales básicos, edición e impresión, insumos textiles. La recuperación industrial no era obvia, no existía ningún indicio de una recuperación vigorosa de largo alcance como la del periodo 2003-2011, que aun superó la gran recesión mundial, con el semestre trágico en medio (último trimestre de 2008 y primer trimestre de 2009).

La economía en volvía a tornarse extremadamente vulnerable, no se percibía recuperación, a lo sumo se esperaba pudiese lograr algún amesetamiento hasta que llegaran las elecciones (octubre 2017).

La recesión era insólita, porque era una recesión con política fiscal ultra expansiva, supuestamente con el objeto de espolear la demanda agregada, pero al mismo tiempo con política monetaria contractiva, a los fines de detener la inflación que no cedía, más bien aumentaba.

La inflación anualizada superaba el nivel que proporcionaban los consultores privados en la época de Cristina Fernández de Kirchner, lo que podría profundizar la caída de la actividad económica. Cualquier manual dice que de una recesión se sale con una combinación de políticas fiscales y monetarias expansivas. Cuanto menos se enfocara el gobierno en las urgencias de corto plazo, mayor sería el riesgo que disminuyera su preferencia en las próximas elecciones de medio termino. En cambio, si apuntaban hacia el largo plazo, necesitarían confianza para atraer inversiones y crecer de manera sostenida. Estaban haciendo todo lo contrario.

La inversión productiva solo vuelve cuando el tipo de cambio es competitivo, la tasa de interés baja y el crédito abunda. Para que llegaran las inversiones, el déficit fiscal debía ser exiguo, y no era recomendable que se exhibiera una copiosa protesta social ni represión para detenerla. De exponer una presunta ingobernabilidad del sistema democrático daba cuenta el gobierno de Fernando De la Rúa y Patricia Bullrich.

A esa altura las preguntas más frecuentes en el mercado eran: - ¿Cuánto? y ¿Cuándo? – Las grandes mayorías que votaron no se enteraban. (Continuará)

Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros.

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