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10 de julio 2026 - 18:17

Derechos de exportación: ¿funcionó la reducción?

El contexto externo favorable, con mejores precios internacionales, sumado a menores derechos de exportación, configuró un escenario propicio para el sector agroexportador, aunque las cantidades exportadas no muestran un salto contundente.

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Retenciones al agro: el debate tras la reducción impositiva.

Depositphotos

La rebaja de derechos de exportación al agro abrió una pregunta central para la política económica: ¿alcanzó para impulsar las exportaciones? Los primeros datos disponibles muestran un panorama más matizado. Aunque la campaña agrícola 2025/2026 cerró con una cosecha récord histórica, superior a los 163 millones de toneladas de granos, las cantidades exportadas no registraron un salto equivalente.

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Según datos de Macro-UNAJ, al comparar el primer semestre de 2026 con el mismo período de 2025, se observa que el desempeño exportador fue dispar entre los principales productos agrícolas: soja, harina y aceite de soja, trigo y maíz.

En el primer semestre de 2026, la soja acumuló 2,52 millones de toneladas; la harina de soja, 12,42 millones; el aceite de soja, 2,72 millones; el trigo, 9,10 millones; y el maíz, 18,90 millones. En igual período de 2025, los registros habían sido de 2,85 millones, 12,25 millones, 2,68 millones, 8,70 millones y 17,95 millones de toneladas, respectivamente. En tanto, la importación de soja fue de 2,30 millones de toneladas, frente a 2,42 millones en 2025.

La principal diferencia aparece en la caída de la soja y de su importación, mientras que crecieron —aunque de manera moderada— la harina y el aceite de soja, el trigo y el maíz. Es decir, hubo mejoras en algunos rubros, pero sin variaciones contundentes en términos de volumen.

Entre enero y noviembre de 2025, los derechos de exportación fueron del 33% para la soja, 31% para la harina y el aceite de soja, y 12% para el trigo y el maíz. La reducción a partir de diciembre de 2025 buscó mejorar los incentivos del sector exportador, pero los datos iniciales sugieren que el efecto sobre las cantidades fue limitado.

Al observar la evolución mensual, los picos máximos y mínimos permiten una primera aproximación al impacto de la baja de retenciones. Sin embargo, la lectura no muestra una ruptura clara respecto de la dinámica previa (Ver tabla DEX, TN y Precios, pico en rojo, mínimo en azul).

En materia de precios internacionales, los productos seleccionados registraron en el primer semestre de 2026 valores superiores a los de 2025, con excepción del comportamiento del maíz. En términos generales, el contexto externo fue más favorable para el complejo agroexportador.

La combinación de menores derechos de exportación desde diciembre de 2025 y mejores precios internacionales configuró, en principio, un escenario favorable para el sector. También se observa un mayor peso de productos con agregado de valor: crecieron las exportaciones de harina y aceite de soja, mientras cayó el poroto sin procesar. A su vez, los precios del aceite de soja se ubicaron en niveles históricamente elevados y los volúmenes de maíz mostraron una expansión sostenida. La contracara es que, aun con una cosecha récord, las cantidades exportadas no “explotaron” ¿Estarán acopiando los actores sociales del agro?

En ese marco, la reactivación del tipo de cambio paralelo y del oficial en las últimas semanas vuelve a instalar otra pregunta: ¿Algunos productores y parte del sector exportador esperan una devaluación? El pico de junio en cantidades exportadas se repitió en ambos años, por lo que de acá a noviembre podría abrirse nuevamente el debate entre una baja a cero de los derechos de exportación o una depreciación de la moneda. Por ahora, las exportaciones de cereales y oleaginosas parecen moverse sin grandes sobresaltos, incluso con mejores precios internacionales.

Superávit fiscal y ¿ajuste? al agro

El debate también se vincula con el superávit fiscal y con el tratamiento que reciben los exportadores. En una nota de Carlos Miral publicada en Ámbito, se señala que “el canciller Pablo Quirno reconoció que existen restricciones presupuestarias que limitan la devolución de impuestos a las empresas exportadoras”. Según esa publicación, las alarmas del sector se encendieron a fines de 2025, cuando las devoluciones comenzaron a caer, hasta que en febrero no recibieron pagos por reintegros ni por IVA.

En el caso del IVA, se trata de créditos que las empresas no pueden compensar con compradores del exterior: pagan el tributo durante el proceso productivo, pero al exportar no pueden trasladarlo al cliente final.

Los reintegros, por su parte, funcionan como un beneficio asociado a la extensión de cada cadena de valor. Cuanto más larga es la cadena, mayor es la acumulación de impuestos en distintas etapas, entre ellos Ingresos Brutos. En sectores como el aceite de soja, el proceso suele ser más corto; en otros, como el textil, puede incluir entre cinco y siete pasos.

Los datos permiten una conclusión provisoria: aunque mejoraron los precios internacionales y se redujeron los derechos de exportación, las cantidades exportadas no crecieron en la misma magnitud que la cosecha. La baja de derechos de exportación tampoco estaría aliviando los costos y los márgenes -aumento del gasoil-, por otro lado, tampoco crece la recaudación a raíz de esta baja, pero no parece ser, por sí sola, la variable capaz de resolver los problemas estructurales del sector externo argentino. Pensar que mover los derechos de exportación, ceteris paribus, alcanza para mejorar la economía implica subestimar la dependencia de los precios internacionales y dejar fuera de la discusión otros factores productivos, financieros y cambiarios. Tal vez sea hora de ampliar el debate y salir de la dicotomía entre retenciones sí o retenciones no. Estados Unidos no tiene derechos de exportación, pero tiene un esquema de programa que subsidian al productor agropecuario que le permite ser una de las principales potencias, también hay que salirse de la idea: subsidio si o no. Los subsidios son utilizados como ejes estratégicos, no como un fin en si mismo.

Ernesto Mattos, economista UBA e investigador IDEPI-UNPAZ/FCE. Docente en UNAJ, UNDAV y UNLa.

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