La renegociación de la deuda continúa siendo el factor decisivo a la hora de plantear inversiones a mediano plazo. Aunque las negociaciones no hacen más que extenderse, se reafirma como escenario más probable, arribar a un acuerdo.
La deuda y el Covid-19 juegan su partido: ¿qué queda para las inversiones?
Existen opciones de inversión en pesos y dólares, a la espera de la etapa final de la reestructuración de la deuda.
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Hay varios factores que refuerzan esta teoría. El gobierno continúa negociando y extendiendo plazos, señal de que está dispuesto a moverse de su oferta original. Ya se firmaron nuevos acuerdos de confidencialidad, mientras que se especula que con respecto a la nueva oferta, los bonos tendrán un valor presente neto (VPN) en torno a los u$s50 y se podría agregar un sweetener atado a las exportaciones agropecuarias.
La distancia entre las partes no es tan significativa y cabe cuestionarse si, incluso en el peor de los casos (oferta más agresiva de los bonistas), se afecta la sostenibilidad de la deuda. Y además, aún si la posición oficial se endureciera, el contexto de fuerte recuperación de la renta fija emergente permite pensar en una exit yield menos agresiva, lo que automáticamente mejora los valores presentes de la oferta para los acreedores. Ahora nada de esto no quita que será importante ver, si a nivel global, no recrudece la situación de la pandemia.
Llegar a un acuerdo es una condición necesaria, pero no suficiente para disminuir las presiones sobre el tipo de cambio, uno de los aspectos más preocupantes de la macro en el último tiempo. Si bien nos encontramos desde hace algunas semanas en relativa estabilidad, en el nuevo contexto normativo, hay inversores institucionales, bancos y empresas tienen serias dificultades para acceder al dólar en cualquiera de sus versiones.
Esto ha permitido en el corto plazo frenar la fuerte pérdida de reservas que se observó el mes anterior, lo que representa un gran alivio para el Banco Central y permite despejar algunas preocupaciones de los ahorristas en cuanto a la disponibilidad de liquidez en los bancos.
Pero un tema importante que no se ha resuelto aún es la brecha entre el dólar oficial y los dólares alternativos, que se ubica en torno al 65%, muy por encima del promedio vigente en épocas de restricciones similares durante el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (39,5%). Si bien la distancia viene reduciéndose desde los máximos, es aún tan amplia que no hay ningún incentivo a liquidar divisas en el dólar MULC, y por ende salvo necesidad insalvable u obligación, no hay oferentes de dólares en ese mercado.
Por las cifras acumuladas hasta abril, puede preverse un superávit comercial que rondará los u$s16.000 millones, en un contexto de fuerte caída del comercio exterior. La presión más importante sobre el tipo de cambio, como ya es costumbre, llegará por el lado de los vencimientos de deuda en pesos, cuyos principales tenedores son no residentes y cuyo objetivo, normalmente es desinvertir y recuperar posición en moneda extranjera. De hecho, a fin de evitar esta mayor presión sobre el tipo de cambio, el equipo económico concentra sus esfuerzos en intentar canjear los instrumentos antes de sus vencimientos.
¿Qué opciones de inversión existen en este contexto?
En cuanto a las alternativas de inversión en pesos, el plazo fijo bancario se estabilizó en el 30%, lo que representa una leve mejora pero aún no convence a ahorristas para permanecer en moneda local.
Como opciones más flexibles se encuentran los Fondos Comunes de Inversión (FCI) T+0 o Money Markets, que permiten rescatar en inmediato, sin un mínimo de permanencia.
Aquellos que estén dispuestos a asumir una mayor volatilidad con un horizonte un poco más amplio, recomendamos los T+1 que permiten a un minorista exponerse a diferentes tramos de la curva de deuda en pesos (ya sea corporativos o soberanos).
Mientras que para los inversores más agresivos y experimentados recomendamos posicionarse dentro de la curva soberana en pesos. Vemos atractivo, a pesar de la volatilidad posible y dentro de los diferentes ajustes, los bonos indexados CER por sobre Badlar o tasa fija. En este caso, puntualmente apuntamos al atractivo del TX21 ol TC21, ambos con durations de 1 año y Tires cercanas al 9/10% por encima de la inflación futura.
Para los dólares descansando en la caja de ahorro o el colchón, los FCI corporativos y soberanos Latam sin riesgo Argentino, y que pueden suscribirse con dólar local son un excelente vehículo.
Si en lugar de contar con dólares, el inversor tiene saldos en pesos, puede analizar las distintas alternativas en FCI Dollar Linked, aunque es importante tener en cuenta que acá será clave el timing entre el plazo de la inversión y la aceleración o no de la devaluación del tipo de cambio. Estos fondos, a diferencia de una Obligación Negociable DL, permiten a un minorista diversificar y minimizar el riesgo de crédito de una compañía en particular. En estos títulos, los rendimientos rondan entre el 4/6% por sobre la devaluación oficial, dependiendo el sector y la compañía en cuestión.
En cuanto a los bonos soberanos en dólares, por el momento, el diferencial de paridades por legislación se mantiene cerca de los 100 puntos, retrocediendo con respecto a los 250 puntos que vimos hace pocos días y aún más por debajo de los 500/600 máximos registrados tras el anuncio de postergación de los títulos de ley local en abril. Dada la discrecionalidad que hay en ley local, donde la justicia suele avalar cambios unilaterales en las condiciones de emisión, arbitrar legislación es relativamente barato.
(*) Gerente Comercial de Portfolio Personal Inversiones (PPI).






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