14 de agosto 2006 - 00:00

¿Dónde me pongo?

Argentina y sus dirigentes hemos padecido una reiterada ilusión: creer estar en un listado y encontrarnos con que la realidad nos pone en otro.

Nos indignamos cuando se publica el informe de Transparenc y International (sobre corrupción) o el de Greenpeace (medioambiente) y nos ponemos contentos cuando descubrimos alguno que nos reconoce el cariño o la confianza universal.

Pero el caso más paradigmático es el de la tradición peronista. Yo me he pasado la juventud y la primera madurez explicando que Perón era la versión argentina de Tito, Nasser, Nehru, Mao Tsé Tung, Ho Chi Minh, Ben Bella o el mismísimo Castro (el propio Perón dijo: «Fidel es tan comunista como yo»), y que, en referencia a los países centrales, era el De Gaulle sudamericano. De ahí su nacionalismo industrialista, su laborismo estructural y su tercerismo geopolítico.

Sin embargo, al momento de su derrocamiento las escalas de su exilio fueron Stroessner ( Paraguay), Pérez Jiménez ( Venezuela), Somoza (Nicaragua), Trujillo (República Dominicana) y Franco (España).

Si bien es cierto que uno se exilia donde puede (y lo dejan) y no donde quiere, ese itinerario quedó marcado a fuego en términos de su identidad histórica.

Menem reinó durante los 90. Coincidió con Bill Clinton (EE.UU.), Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Julio Sanguinetti (Uruguay) y Eduardo Frei (Chile). Con ellos construyó el Mercosur y negoció el 4+1.

Fue una década de profundas transformaciones en la región y en el mundo. También de grandes errores, que fueron reconocidos y autocriticados por sus propios actores.

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, vicepresidente del Banco Mundial y economista en jefe de la Casa Blanca durante esos años, es el mayor exponente de los aciertos y las equivocaciones de ese período (según sus propios best-sellers).

Pero en el momento del balance, resulta que Menem está en las antípodas de todos ellos y aparece identificado en lo ideológico con Margaret Thatcher (Inglaterra) y con Alberto Fujimori (Perú), Fernando Collor de Mello (Brasil) y Carlos Salinas de Gortari (México) en cuanto a la «calidad» de su administración.

Ni Perón ni Menem aceptaron nunca este «manipuleo» de listados pero no pudieron escapar a sus efectos.

Podremos concordar parcialmente con quienes atribuyen este fenómeno a una conspiración de poderes ocultos que incluyen a agencias de información, multimedios tendenciosos y «sinarquías económicas» malintencionadas, pero también tendremos que aceptar algunos «desvíos» de conductas propias que abonan las caracterizaciones expuestas.

Por último, y para confirmar su identikit peronista (tantas veces cuestionado), Néstor Kirchner se incorpora con decisión a esta ilustre tradición.

Inmediatamente después de asumir la presidencia, fue recibido con honores en el «club» de los nuevos mandatarios socialdemócratas sudamericanos: Ricardo Lagos (Chile), Tabaré Vázquez (Uruguay) y Lula (Brasil), y hasta fue invitado a participar en una cumbre de la Tercera Vía presidida por Tony Blair en Londres con los líderes de centroizquierda europeos bajo el directo padrinazgo de Rodríguez Zapatero.

En sólo tres años el panorama cambió drásticamente.

El «líder de centroizquierda» pasó a ser «populista», poco amigo de sus más prestigiosos vecinos e integrante de un cuarteto con Evo Morales (Bolivia), Fidel Castro (Cuba) y Hugo Chávez (Venezuela). Claro que el primero -Morales- ya está buscando rumbos más moderados, y el segundo -Castro- está preparando las maletas para su último viaje.

Quedamos así con el curioso caso del primer «pingüino caribeño» de la historia, que, por vía de su mentor, llega a enlistarse con Bielorrusia e Irán.

Claro que nuevamente se reproduce la eterna conspiración que busca desacreditar a nuestros líderes máximos para torcer el camino hacia la grandeza de la Nación y la felicidad de nuestro pueblo. Finalmente, todo confluye en esa clásica queja del manosanta interpretado por el genial Alberto Olmedo: «...y...si no me tienen fe...».

(*) Secretario de Relaciones Internacionales de Compromiso por el Cambio.

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