El Ejecutivo acaba de apretar el botón del "push electoral" y avanza con la principal urgencia

Opiniones

Más allá de que hubo algunos rubros ganadores, el consumo privado se vio afectado negativamente por la pandemia. La pregunta del millón es si es posible una mejora de aquí a las PASO y las legislativas.

A dos meses de las PASO hay una variable económica clave que no termina de arrancar: el consumo privado. Al comparar las cifras de cuentas nacionales sin estacionalidad del cuarto trimestre de 2019 (pre-pandemia) con el primer cuarto del año, se observa que mientras la inversión, las importaciones y el consumo público superaron los niveles pre-pandemia (en 22,6%, 10,4% y 2,3%, respectivamente), el PBI, el consumo privado y las exportaciones no lo alcanzaron (-2,1%, -6.3% y -19%, respectivamente).

Pese a que voy centrarme en analizar el gasto de las familias quiero resaltar el comportamiento dispar de dos variables centrales para el crecimiento sostenido: la inversión (+22,6% vs. 4 trimestre de 2019) y las exportaciones (-19% vs. 4 trimestre de 2019). ¿Por qué una se recuperó tan fuertemente y la otra quedó tan rezagada? La base de comparación (4 trimestre de 2019) explica una parte: la transición presidencial frenó la inversión pero aceleró las exportaciones ya que se descontaban suba de retenciones tras el cambio de gobierno. Asimismo, la elevada brecha cambiaria tiene un sesgo anti-exportador, mientras que dinamiza la construcción y los bienes durables y de capital si estos se valúen al dólar oficial (léase están de oferta).

Volviendo al consumo privado, la recuperación no sólo viene lenta sino muy heterogenia. Durante el confinamiento estricto de 2020 el gasto de las familias se concentró en lo básico y lo que se consume en el hogar. En la primavera del año pasado hubo un mini boom de venta de durables, bienes importados, construcción y refacciones, al calor del alza de la brecha cambiaria (llegó a 3 dígitos). La llegada del verano coincidió con la remoción de las restricciones por la pandemia: las familias recuperaron casi todas las opciones de gasto pero no el poder adquisitivo, por ello la restricción presupuestaria estuvo operativa. Por último, la llegada de la segunda ola volvió a reducir el menú disponible y a generar un comportamiento precautorio por parte de las familias. Pese a que aún no hay cifras oficiales del segundo trimestre, la performance no fue alentadora: la confianza del consumidor se redujo y se ubicó en el menor nivel en dos años.

Más allá de que hubo algunos rubros ganadores, el consumo privado se vio afectado negativamente por la pandemia, con fuerte impacto en servicios de hotelería, restaurantes y recreación en lugares cerrados o eventos masivos. La pregunta del millón es si es posible una mejora de aquí a las PASO y las legislativas.

El gasto de los hogares depende principalmente de cuatro aristas: salario real, empleo, crédito y seguridad social/transferencias estatales. Para apuntalarlas, el Ejecutivo acaba de apretar el botón del "push electoral" que implica:

  • utilizar el dólar oficial y las tarifas de servicios públicos como ancla para morigerar la inflación permitiendo una recuperación del salario en términos reales y en moneda dura;
  • implementar una política fiscal expansiva para apuntalar los ingresos de los sectores desprotegidos y la obra pública, que es empleo-intensiva;
  • y aplicar una política monetaria/crediticia laxa, para fomentar el gasto de las familias.

Tras un primer semestre de relativa paridad entre precios y salarios, en equilibra prevemos una mejora del salario formal en torno a 2 puntos porcentuales (p.p.) en la segunda mitad del año. A este resultado se llega por la combinación de mayores subas de salarios respecto a lo previsto a principios de año, gracias a reapertura de paritarias y sumas fijas decretadas por el Ejecutivo y una menor inflación, que perforaría el piso de 3% promedio mensual gracias al uso intensivo del ancla cambiaria y tarifaria.

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En materia de empleo, la recuperación ha sido similar a la del Producto (el primer trimestre de 2021 se ubicó apenas por debajo de los niveles pre-pandemia), pero el empleo privado formal (el de mayor calidad) no logra recomponerse. Para el segundo semestre prevemos que aumenten los puestos y las horas trabajadas pero dicha expansión no vendría casi por el lado del asalariado privado registrado.

En cuanto al crédito, los préstamos en pesos para las familias (incluye hipotecarios, prendarios, personales y tarjetas) treparon sólo 15,8% en el primer semestre afectados por fuerte repago luego de la suspensión del pago de cuotas de tarjetas de crédito, ubicándose por debajo del alza de precios, que estimamos en 25% durante la primera mitad del año (sólo los créditos prendarios treparon por encima de los precios y con tarjeta se vieron afectados por el repago). El Ejecutivo quiere revertir este comportamiento atípico para un año electoral, pero no será sencillo porque las entidades financieras tienen incentivos a prestar al Tesoro y/o al BCRA. La banca pública, el subsidio de tasa y los préstamos blandos de ANSES a los receptores de la seguridad social podrían revertir la tendencia, pero sólo se recuperaría lo perdido en el primer semestre.

Por último, prevemos una inyección fiscal significativa de cara al segundo semestre: tras un primer semestre con un déficit primario inferior al 1% del PBI, el rojo nacional acumularía -sin contabilizar DEG´s- 3% PBI en los últimos seis meses del año.

En síntesis, si no hay una tercera ola que obligue a volver a restringir la circulación y la actividad económica -el Gobierno aceleró la vacunación para tratar de evitarla- prevemos una mejora progresiva del consumo privado en la segunda mitad de 2021. El nivel pre-pandemia no se alcanzaría durante el tercer trimestre (PASO) pero podrían hacerlo hacia fines del año (Generales).

Director de análisis macroeconómico de equilibra.

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