Uno de los pilares argumentativos del proyecto de reforma laboral del gobierno libertario es la idea de que el “alto costo laboral” constituye el principal obstáculo para la inversión, la creación de empleo y el crecimiento económico. Esta afirmación, repetida de forma casi ritual por funcionarios, economistas afines y voceros empresariales, opera más como un dogma ideológico que como una hipótesis empírica verificable.
El "costo laboral" como mito fundacional del programa libertario
Este artículo sostiene que la precarización laboral no solo no resuelve estos problemas, sino que los agrava, al erosionar la demanda agregada y debilitar el mercado interno.
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La precarización laboral, lejos de ser una solución, profundiza estos problemas.
El problema central de este argumento no es solo su debilidad empírica, sino su función política, desplazar la atención desde las verdaderas causas de la crisis económica hacia el salario y los derechos del trabajador. El “costo laboral” se convierte así en un chivo expiatorio, una variable convenientemente visible que oculta procesos estructurales mucho más profundos: la caída del consumo, la financiarización, la fuga de capitales y la desinversión productiva.
Este artículo sostiene que la precarización laboral no solo no resuelve estos problemas, sino que los agrava, al erosionar la demanda agregada y debilitar el mercado interno.
Salarios, consumo y demanda agregada: una relación estructural
Desde una perspectiva macroeconómica básica -keynesiana, estructuralista o incluso postkeynesiana-, el nivel de actividad económica depende en gran medida de la demanda agregada. En economías como la argentina, con un mercado interno históricamente relevante, el consumo de los hogares constituye el principal componente de dicha demanda.
Los salarios no son simplemente un “costo” para las empresas; son, simultáneamente, el principal ingreso de la mayoría de la población y, por lo tanto, el motor del consumo. Reducir salarios reales, precarizar ingresos y aumentar la incertidumbre laboral tiene un efecto directo e inmediato sobre el nivel de gasto de los hogares.
La reforma laboral libertaria, al promover inestabilidad, contratos precarios y debilitamiento de la protección social, genera un doble efecto contractivo:
- Reduce el ingreso disponible efectivo.
- Incrementa la propensión al ahorro precautorio, incluso en sectores de bajos ingresos.
Ambos efectos conspiran contra la expansión del consumo y, por ende, contra la rentabilidad de las propias empresas.
Precariedad e incertidumbre: el freno invisible al consumo
La literatura económica y sociológica coincide en que la incertidumbre laboral tiene un impacto significativo sobre el comportamiento del consumo. Aun cuando los ingresos nominales no caigan de inmediato, la percepción de inestabilidad induce a los hogares a postergar gastos, evitar compromisos financieros y reducir el consumo de bienes durables.
La precarización no solo empobrece, inhibe la confianza. En contextos de alta volatilidad, los hogares ajustan su comportamiento de manera defensiva. Este fenómeno resulta particularmente intenso en economías con escasa protección social, donde la pérdida del empleo implica una caída abrupta del nivel de vida.
La reforma laboral libertaria, al debilitar los mecanismos de protección, amplifica este efecto. El resultado es una economía atrapada en un círculo vicioso: menos estabilidad, menos consumo, menos ventas, menos inversión, más precariedad.
La inversión productiva y el error de diagnóstico
El discurso libertario asume que la reducción del “costo laboral” incentivará automáticamente la inversión productiva. Sin embargo, esta suposición ignora un principio básico de la economía real, las empresas invierten cuando esperan vender.
En un contexto de caída del consumo y contracción de la demanda, la reducción de costos laborales no genera un incentivo suficiente para invertir en capacidad productiva. Por el contrario, las empresas tienden a reducir producción, ajustar empleo, reorientar excedentes hacia actividades financieras o especulativas, y dolarizar y fugar capitales.
La experiencia argentina es particularmente ilustrativa. Los ciclos de ajuste salarial y flexibilización laboral no han producido booms de inversión productiva sostenida, sino procesos de desindustrialización y reprimarización.
Financiarización y desinversión: los verdaderos drenajes de recursos
Mientras el discurso oficial se concentra obsesivamente en el “costo laboral”, elude sistemáticamente la discusión sobre la financiarización de la economía argentina. La elevada rentabilidad de activos financieros, la apertura irrestricta de la cuenta capital y la tolerancia a la fuga de capitales constituyen incentivos mucho más poderosos que cualquier reforma laboral.
En este contexto, reducir derechos laborales no dirige recursos hacia la inversión productiva, sino que libera excedentes para su apropiación financiera. El trabajador pierde estabilidad y poder adquisitivo, mientras que el capital no asume ningún compromiso productivo equivalente.
Aquí se revela la asimetría moral del proyecto libertario, se exige sacrificio a quienes viven de su trabajo, mientras se preservan intactos los mecanismos que permiten a las actividades financieras proteger y externalizar sus ganancias.
Precarización y productividad: una relación inversa
Contrariamente a lo que sostiene el discurso oficial, la precarización laboral no mejora la productividad de manera sostenida. La evidencia muestra que la productividad depende de múltiples factores; inversión en capital físico, formación, innovación, organización del trabajo y estabilidad de las relaciones laborales.
La alta rotación, la desmotivación y la falta de compromiso asociadas a la precariedad tienden a reducir la productividad a mediano y largo plazo. Un trabajador inseguro, exhausto y desvalorizado difícilmente pueda sostener niveles elevados de desempeño.
La reforma laboral libertaria, al erosionar el vínculo entre trabajador y empresa, socava las condiciones mismas de la productividad que dice promover.
El costo oculto: desempleo, subempleo y daño macroeconómico
El resultado agregado de estas dinámicas es un mercado laboral más fragmentado, con mayor subempleo, informalidad y rotación. Lejos de reducir el desempleo estructural, la precarización lo normaliza y lo distribuye de manera desigual.
Desde el punto de vista macroeconómico, este proceso genera:
- Menor recaudación fiscal.
- Mayor presión sobre sistemas de asistencia social.
- Menor capacidad del Estado para sostener políticas anticíclicas.
- Mayor vulnerabilidad frente a shocks externos.
La reforma laboral no reduce los costos sociales, los desplaza hacia el futuro y hacia los sectores más vulnerables.
La estaca económica
Este articulo ha demostrado que el argumento del “costo laboral” constituye una falacia económica funcional a un proyecto de redistribución regresiva. Las empresas no pierden rentabilidad por pagar salarios o respetar derechos, sino por la caída del consumo, la contracción de la demanda y la desinversión productiva.
La precarización laboral, lejos de ser una solución, profundiza estos problemas. Al erosionar ingresos, confianza y estabilidad, debilita el mercado interno y socava las condiciones de posibilidad de un crecimiento sostenible.
Doctor en Ciencia Política. Master en Política Económica Internacional. Profesor de Finanzas en tiempos irracionales. YouTube: @DrPabloTigani, en X: @pablotigani
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