Resulta fascinante observar cómo el entusiasmo por las ideas de la libertad se detiene abruptamente en la frontera de los balances contables propios. El grito de ¡Viva la libertad, carajo!, que ha resonado con fuerza en el debate público, parece encontrar un matiz restrictivo cuando la competencia deja de ser una teoría académica para convertirse en un paquete que llega desde el otro lado del mundo. El conflicto latente entre el gigante regional Mercado Libre y el desembarco de plataformas como Temu pone sobre la mesa una contradicción fundamental: la diferencia entre defender el libre mercado y defender a los empresarios establecidos. La consigna parece mutar en un cínico ¡viva la libertad, pero muera la competencia!
Mercado Libre versus Temu: ¿viva la libertad o viva mi privilegio?
Cualquier intento de frenar a la competencia mediante la intervención estatal no es más que una traición a los principios de la libertad.
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Mercado Libre y Temu, rivales en el comercio electrónico.
Para entender este fenómeno, nada mejor que recurrir a la claridad de Ludwig von Mises, quien nos recuerda que en una sociedad de mercado los empresarios no son los “amos”, sino los “pilotos” que dirigen el navío. Sin embargo, estos pilotos están sometidos incondicionalmente a las órdenes del “capitán”: el consumidor. Es el público, y nadie más, quien decide qué debe producirse y quién debe estar al mando de las fábricas o las plataformas digitales.
La postura de Mises es tajante: los consumidores son “jerarcas egoístas e implacables”, caprichosos y difíciles de contentar. No les interesan los méritos pasados, ni los derechos adquiridos, ni cuánto ha invertido una empresa en el país durante las últimas décadas. Si alguien les ofrece algo mejor o más barato, abandonan a sus proveedores tradicionales sin el menor remordimiento. Esta es la esencia de la democracia del mercado: cada centavo gastado representa un voto, dado que es el consumidor quien libremente elige dónde gastar su dinero.
Cuando las empresas se sienten amenazadas por nuevos competidores y buscan algún tipo de protección o regulación, olvidan que su posición de preeminencia no es un derecho perpetuo. La riqueza sólo se conserva e incrementa si los propietarios perseveran abnegadamente en el servicio al consumidor. En el momento en que un empresario deja de seguir las directrices que el público marca, comienza a sufrir pérdidas y es relevado de su posición por otros más eficientes.
El error común es utilizar terminología política para describir el éxito empresarial. Llamar «rey» o «magnate» a un empresario es una metáfora peligrosa, pues sugiere un poder de mando que no existe. Un “rey del comercio” no gobierna a sus clientes; se pone a su servicio. Su supuesto “reino” se desvanece en el instante en que los consumidores prefieren gastar su dinero con otro proveedor. Por tanto, pedir que se limite la entrada de competidores extranjeros para proteger a los locales es, en esencia, pedir que se ignore la voluntad del “capitán” de la economía.
En los sistemas dirigistas, los grupos de presión buscan privilegios personales a costa de los más débiles, en este caso, los consumidores. Pero en una economía de mercado, los empresarios no pueden derivar ventajas de la protección política. La libertad exige aceptar que el éxito de hoy no garantiza el de mañana. Si realmente creemos en la libertad, debemos defender el derecho del consumidor a ser “insensible y duro”, tal como el mercado le exige ser.
Cualquier intento de frenar a la competencia mediante la intervención estatal no es más que una traición a los principios de la libertad. No se puede reclamar libertad para comerciar y, al mismo tiempo, exigir que se limite la libertad de elección del prójimo. El desafío para los grandes actores locales no es pedir regulaciones, sino reconfirmar su mandato diariamente ante el tribunal del consumo. Y, de esta manera, demostrar que pueden seguir siendo los más capaces para servir a un soberano que no perdona ni olvida: el ciudadano común con un centavo en el bolsillo.
Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral
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