29 de marzo 2026 - 00:00

El error de regular las bolsitas de nicotinas como cigarrillos

La llegada de este producto a la Argentina reabre una discusión clave: cómo regular la nicotina sin confundir dependencia con daño y qué enseñan los casos internacionales.

Las bolsitas de nicotina están en el centro de la escena 

Las bolsitas de nicotina están en el centro de la escena 

Hay una escena que se repite en los debates sobre salud pública con una regularidad casi perfecta. Aparece un producto nuevo, suena la alarma y la respuesta instintiva de los legisladores es meter todo en la categoría de peligro máximo y aplicar el mismo reglamento de siempre. El diagnóstico no siempre es incorrecto. La solución, casi siempre, sí lo es.

Las bolsitas de nicotina llegaron a Argentina hace pocos meses. El gobierno de la provincia de Buenos Aires prontamente emitió una “alerta” por las mismas. Entidades médicas encendieron luces de alarma. Y en Santa Fe una diputada provincial presentó un proyecto de ley para incorporarlas al marco regulatorio del tabaco, con el mismo tratamiento que rige para los cigarrillos.

La intención es impecable. La herramienta, cuestionable. Porque las bolsitas de nicotina no son cigarrillos. No producen combustión, no generan humo, no contienen tabaco en hoja ni los miles de químicos que el fuego libera. Tienen nicotina, sí, y la nicotina genera dependencia. Pero equiparar la dependencia con el daño es el tipo de error que, cuando se convierte en política pública, cuesta vidas. No metafóricamente: cuesta vidas medibles, estadísticas que aparecen años después en los registros de mortalidad por cáncer de pulmón.

¿Cuánto menos riesgosas son las bolsitas de nicotina que los cigarrillos?

Los estudios disponibles calculan un riesgo combinado de 0,1 sobre 100 para las bolsitas sin tabaco, contra 100 sobre 100 para los cigarrillos. Se trata de una diferencia superlativa.

Lo que ocurrió en Grecia en los últimos 15 años puede enseñarnos lo bueno y lo malo. El país mediterráneo trató todos los productos de nicotina con la misma dureza que al cigarrillo: mismas restricciones de comunicación, mismos espacios públicos, impuestos equivalentes, y en 2019 directamente prohibió las bolsitas de nicotina y vedó a los fabricantes de mencionar diferencias de riesgo, aunque estuvieran respaldadas por evidencia científica. El resultado fue una tasa de tabaquismo que se mantuvo en torno del 42% durante tres legislaturas. Grecia tenía las leyes más restrictivas de la Unión Europea y los peores índices de salud respiratoria.

En 2020, sin embargo, cambió de enfoque. Legalizó las bolsitas, diferenció las advertencias sanitarias según el riesgo de cada producto, y estableció impuestos distintos: por encima del 65% del precio de venta para los cigarrillos, por debajo del 15% para alternativas. En 3 años, seis puntos porcentuales menos de fumadores. Es decir, 600.000 personas dejaron de fumar.

El mismo patrón se reproduce en Chequia, que en tres años bajó siete puntos gracias a una estrategia coordinada entre ministerios que incluyó explícitamente la reducción de daños. Y en Suecia, el caso más conocido, donde la tasa de tabaquismo cayó al 5,3% (la más baja de Europa) mientras el uso de productos orales de nicotina subía. No a pesar de ese crecimiento, sino en buena parte gracias a él. El efecto fue especialmente notable entre mujeres: antes de que llegaran las bolsitas, el tabaquismo femenino bajaba a la mitad del ritmo que el masculino. Después, lo superó. ¿Qué tienen en común Suecia, Chequia y Grecia? Que dejaron de tratar todos los productos de nicotina como si fueran iguales.

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Los estudios disponibles calculan un riesgo combinado de 0,1 sobre 100 para las bolsitas sin tabaco, contra 100 sobre 100 para los cigarrillos. Se trata de una diferencia superlativa.

Los estudios disponibles calculan un riesgo combinado de 0,1 sobre 100 para las bolsitas sin tabaco, contra 100 sobre 100 para los cigarrillos. Se trata de una diferencia superlativa.

El argumento que suele esgrimir el prohibicionismo bien intencionado es que los sabores y los envases llamativos atraen a los adolescentes. Es un argumento con algo de razón y mucho de confusión. La respuesta a ese problema no es prohibir o equiparar al cigarrillo; es regular específicamente. Por caso, verificación de edad en los puntos de venta y prohibición efectiva de venta a menores con sanciones reales. Eso es regulación inteligente. Meterlos bajo la Ley Antitabaco porque “la nicotina no deja de ser adictiva porque venga en forma de golosina”, una frase correcta en lo que dice y engañosa en lo que omite, es confundir la dependencia de nicotina con el daño de la combustión y legislar en consecuencia.

La Argentina tiene hoy una tasa de tabaquismo del 22%. Tiene también algo que Europa no tenía cuando empezó este debate: la experiencia de los países que ya transitaron el camino. Puede copiar los errores de Estonia, que prohibió los sabores en los vaporizadores y vio crecer el tabaquismo un 40% desde 2020. O puede mirar lo que hicieron Suecia y el Reino Unido, que bajó del 16,4% al 10,4% en ocho años después de integrar el vapeo a su estrategia de salud pública.

El vacío regulatorio que hoy existe para las bolsitas de nicotina es un problema real. Pero los vacíos se llenan con regulación proporcional al riesgo, no con la misma regulación que se aplica al producto más dañino disponible. Mucho menos, con prohibiciones atolondradas.

La buena noticia es que el momento de actuar bien sigue abierto. La discusión que inició Santa Fe, más allá de sus limitaciones conceptuales, tiene el mérito de instalar el tema. Argentina puede tomar esa energía regulatoria y orientarla hacia un marco diferenciado: estándares de calidad para productos de nicotina sin combustión, restricción de venta a mayores de 18 años con mecanismos de control efectivos, impuestos proporcionales al daño, y comunicación transparente sobre riesgos relativos.

Se trata de una posición pro-evidencia. Y la evidencia, en este caso, es bastante clara: los países que regularon con inteligencia y abrazaron la innovación salvaron vidas. Los que decidieron que los productos innovadores que contienen nicotina merecen el mismo trato que el cigarrillo, no.

Presidente de la Fundación Internacional Bases y CEO de Somos Innovación.

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