El escándalo Livedoor en Tokio "es un asunto serio"
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York, a quien para no identificarlo se lo cita como Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretara Michael Douglas en la película «Wall Street». Los temas son la caída de las Bolsas, el escándalo Livedoor en Tokio y el precio del petróleo.)
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Gordon Gekko: En principio se acabó el almuerzo gratis...
P.: Las acciones chocaron con una muralla de inconvenientes que se levantó de la nada. La crisis nuclear con Irán, el escándalo Livedoor en Japón, la gripe aviar tocando las puertas de Europa. ¿Llegó la hora de desenfundar una visión más pesimista?
G.G.: Si esos son los problemas con los que habrá de tallar, yo diría que todavía son obstáculos que se pueden superar.
P.: ¿Le parece? Acabo de leer un informe que cita la disputa con Irán y señala que, si su producción se restringe -y no mucho, bastaría con retirar medio millón de barriles diarios- el precio del crudo puede saltar por encima de los 100 dólares...
G.G.: Eso no sería un trago agradable. Sin dudas.
P.: ¿Pero no le pondría un punto final al rally de las acciones?
G.G.: Yo diría que cuando las Bolsas comenzaron su ascenso -en marzo de 2003- el precio del petróleo se ubicaba en torno de los 25 dólares. Hemos digerido un boom notable si se piensa que el barril supo exceder los 70 dólares luego del huracán Katrina. Y, pese a ello, las acciones cotizaban en sus niveles más elevados de los últimos cuatro o cinco años apenas un par de semanas atrás. No había signos de preocupación...
P.: Pero 100 dólares parece una valla demasiado alta.
G.G.: Correcto. En rigor lo que parece menos formidable es tener que cubrir una merma de medio millón de barriles por día. Ya experimentamos una catástrofe imprevista con los huracanes de agosto y setiembre del año pasado y los mercados, sin embargo, salieron adelante. Hubo un salto de precios pero que resultó fugaz y, por ende, asimilable.
P.: Cuénteme del caso Livedoor. Su impacto sobre las Bolsas japonesas fue tremendo.
G.G.: Es que estaban lanzadas a la suba y las tomó en completo offside.
P.: ¿Dejará secuelas?
G.G.: Es un asunto serio. Un escándalo que huele peor cuanta mayor información sale a la luz. Siendo grave, empero, no lo es más que Enron, o WorldComm o Parmalat.
P.: ¿El liderazgo del Nikkei -la Bolsa que más trepó durante 2005- puede quedar comprometido?
G.G.: Es posible. Pero no es un hecho consumado. Y si ocurriera, no necesariamente sería por culpa del caso Livedoor. Lo normal, después de todo, es que el mercado que más sube en un año no figure en el podio el período siguiente. Yo diría que la secuela más delicada ha sido corroborar que en una situación de gran turbulencia los sistemas de la Bolsa de Tokio no fueron capaces de procesar todas las órdenes de compra y venta en tiempo y forma...
P.: En líneas generales, su opinión es que la fiesta ha sufrido un contratiempo pero no ha culminado aún...
G.G.: Yo creo que las Bolsas están, a esta altura, relativamente bien preparadas para lidiar con el tipo de accidentes que usted mencionó. Hay una buena gimnasia para acomodarse a escándalos empresarios, el encarecimiento de la energía o una política monetaria más restrictiva que la que, en estos momentos, se descuenta que aplicará la Reserva Federal. Lo mismo vale para los atentados como hemos visto luego de las experiencias de Madrid y Londres. El talón de Aquiles es otro...
P.: ¿Cuál?
G.G.: La salud de las utilidades empresarias. Si algo acompaña desde su nacimientoa este rally de las accioneses un proceso sostenidoy profundo de mejoría en la capacidad de generación de ganancias. En los Estados Unidos, en Europa y en Japón. Los precios de las acciones se han elevado pero la valuación no se ha desorbitado de la mano de esas mayores ganancias y de su mejor calidad ya que las firmas han recortado la utilización de deuda...
P.: ¿Ve un problema en ciernes?




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