¿El fin de la vinculación entre política y ética?
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En efecto, si el enfrentamiento termina por la vía de un armisticio o acuerdo concertado entre ambas partes, se habrá efectuado el reparto territorial y seccional del poder y éste se convertirá en absoluto, habiéndose consagrado un nuevo antecedente trágico según el cual los destinos de la República y su gobierno pueden ser decididos en un cuarto cerrado entre dos matrimonios al margen de las normas constitucionales y del pueblo de la Nación; si termina con derivar la cuestión a una « aparente» división partidaria, habrá muerto el pluripartidismo y las próximas elecciones nacionales quedarán convertidas en una mera elección «interna» del partido gobernante sin lugar alguno para la conformación de una oposición.
¿Es el bien supremo de la Nación y el bien común para el país que alguien determinado -y no otro- gane las elecciones? ¿El objetivo personal de ganar, justifica la utilización de cualquier medio para ello? ¿Dónde está el respeto hacia los votantes? ¿Dónde ha quedado la responsabilidad de gobernar y ejercer los cargos electivos? ¿Queda algún resabio de ética y de prudencia en nuestros principales dirigentes políticos?
Unos pocos ejemplos podrían dar algunos indicios. El presidente de la República intenta confundir elecciones generales de diputados y senadores nacionales con un plebiscito de su acción de gobierno; porque hoy se necesita ganar. La esposa del Presidente, que es senadora por Santa Cruz y que hace más de treinta años que no vive en la provincia de Buenos Aires, será candidata a senadora por dicha provincia; porque hoy se necesita ganar. La actual ministra de Desarrollo Social y hermana del Presidente, será candidata a senadora por la provincia de Santa Cruz pero anuncia que cuando gane y sea elegida, renunciará a su banca para continuar siendo ministra de Desarrollo Social; y ello es porque hoy se necesita ganar. El canciller, a pesar de estar cumpliendo una buena gestión, abandonará su cargo sin cumplir con el período gubernamental y será candidato a diputado nacional encabezando la lista en la Capital Federal; porque hoy se necesita ganar. Otro ministro que iba a ser candidato a diputado por una provincia y una vicegobernadora han decidido no serlo, pero no porque consideren que deben seguir cumpliendo con sus funciones, sino porque las encuestas dieron mal; y hoy se necesita «ganar».
• Trampolín
¿Hacen nuestros dirigentes lo que deben hacer y cumplen con aquello para lo cual fueron elegidos o designados, u ocupan simplemente las funciones como modo de catapultarse a otras funciones diferentes? Es innumerable la lista de concejales que ejercen la concejalía como un mero trampolín para ser diputados, no importa por quién ni por dónde, los diputados que ejercen la diputación a modo de campaña para ser senadores, los senadores que quieren ser ministros, los gobernadores que quieren ser senadores -y muchos de ellos se han hecho elegir como tales por las legislaturas provinciales años antes de que terminen sus mandatos-; otros senadores, al revés, dejan sus bancas para ser candidatos a gobernadores; el jefe de Gobierno anterior no terminó su mandato porque quería ser Presidente y abandonó la jefatura para ser candidato, fue elegido y luego abandonó la Presidencia. Ni hablar de esos maravillosos y abruptos «... cambios de domicilio...» a diferentes provincias en las cuales los candidatos no se domicilian, nunca se domiciliaron, nunca vivieron ni vivirán, a las que transfieren un ficticio «... domicilio...» para ser candidatos a diputados nacionales, cuando es necesario reforzar una campaña; porque hoy hay que ganar.
Pueda ser que en algún momento los argentinos reflexionemos y nos demos cuenta que es necesario rescatar aquel concepto aristotélico de la política, donde la virtud moral y la prudencia reinen para poder realizar ese fin tan loable y merecido para nuestro pueblo que es el «bien común».




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