7 de julio 2005 - 00:00

¿El fin de la vinculación entre política y ética?

Es, sin duda, Aristóteles quien concibió de manera clásica y primera el concepto de lo que hoy modernamente conocemos como «la política». Este maestro griego, nacido en Estagira en el año 384 a.c. y que compartió con Platón y Sócrates ser uno de los filósofos más famosos de la antigüedad, vinculó también esta ciencia y práctica con la ética. De su obra, en la que se destacan especialmente «La Política» -considerado el tratado político más grande de todos los tiempos- y «Etica Nicomaquea», puede advertirse el alto concepto que el filósofo tenía sobre los temas relativos al gobierno de los Estados.

Aristóteles señala que las personas generalmente se equivocan al buscar sólo su propio bien, pensando que esto es lo que debe hacerse y sostiene que no es posible asegurar uno su propio bien sin interesarse en el bien de la República, ya que las conductas deben obedecer tanto a la prudencia como a la virtud moral, porque la virtud propone el fin recto de la actuación y la prudencia los medios para alcanzarlo. En el concepto aristotélico el bien más importante que debe perseguir toda comunidad política es el bien común.

• Interés personal

Hoy debemos reconocer que la República Argentina, en lo que a materia política se refiere, se encuentra muy lejos de aquel ideal aristotélico, pues presenta una fuerte impronta de personas y dirigentes -desde los de más alto encumbramiento hasta aquellos operadores menores- que sólo persiguen su interés personal y lo que consideran su propio bien, en la búsqueda de consolidar su posición de poder, en lugar de perseguir el bien común. Tanto la virtud como la prudencia aparecen totalmente desplazadas, y la ambición y ansias de poder ocupan su lugar.

Los argentinos estamos asistiendo atónitos a un espectáculo en el cual dos matrimonios enfrentados han paralizado a la Nación y han prácticamente llevado a la inactividad al Poder Legislativo mientras se están disputando en privado -con el auxilio de negociadores y mediadores- el poder sobre cuarenta millones de argentinos como si fueran los dueños exclusivos y excluyentes de este país. Para ello no escatiman esfuerzos ni la utilización de armas y medios -públicos y privados- tendientes a seducir, alinear, conquistar o reclutar adeptos, simpatizantes o aliados, llegando incluso a comprometer en su conflicto a la Justicia y a fomentar entre las filas del adversario la amenaza, la deslealtad y la traición, conductas incompatibles éstas -en forma absoluta- con la virtud moral y también con la prudencia.

El resultado final de esta disputa será absolutamente anecdótico; cualquiera sea el desenlace, la República y la democracia habrán sido derrotadas.

En efecto, si el enfrentamiento termina por la vía de un armisticio o acuerdo concertado entre ambas partes, se habrá efectuado el reparto territorial y seccional del poder y éste se convertirá en absoluto, habiéndose consagrado un nuevo antecedente trágico según el cual los destinos de la República y su gobierno pueden ser decididos en un cuarto cerrado entre dos matrimonios al margen de las normas constitucionales y del pueblo de la Nación; si termina con derivar la cuestión a una « aparente» división partidaria, habrá muerto el pluripartidismo y las próximas elecciones nacionales quedarán convertidas en una mera elección «interna» del partido gobernante sin lugar alguno para la conformación de una oposición.

¿Es el bien supremo de la Nación y el bien común para el país que alguien determinado -y no otro- gane las elecciones? ¿El objetivo personal de ganar, justifica la utilización de cualquier medio para ello? ¿Dónde está el respeto hacia los votantes? ¿Dónde ha quedado la responsabilidad de gobernar y ejercer los cargos electivos? ¿Queda algún resabio de ética y de prudencia en nuestros principales dirigentes políticos?

Unos pocos ejemplos podrían dar algunos indicios. El presidente de la República intenta confundir elecciones generales de diputados y senadores nacionales con un plebiscito de su acción de gobierno; porque hoy se necesita ganar. La esposa del Presidente, que es senadora por Santa Cruz y que hace más de treinta años que no vive en la provincia de Buenos Aires, será candidata a senadora por dicha provincia; porque hoy se necesita ganar. La actual ministra de Desarrollo Social y hermana del Presidente, será candidata a senadora por la provincia de Santa Cruz pero anuncia que cuando gane y sea elegida, renunciará a su banca para continuar siendo ministra de Desarrollo Social; y ello es porque hoy se necesita ganar. El canciller, a pesar de estar cumpliendo una buena gestión, abandonará su cargo sin cumplir con el período gubernamental y será candidato a diputado nacional encabezando la lista en la Capital Federal; porque hoy se necesita ganar. Otro ministro que iba a ser candidato a diputado por una provincia y una vicegobernadora han decidido no serlo, pero no porque consideren que deben seguir cumpliendo con sus funciones, sino porque las encuestas dieron mal; y hoy se necesita «ganar».

• Trampolín

¿Hacen nuestros dirigentes lo que deben hacer y cumplen con aquello para lo cual fueron elegidos o designados, u ocupan simplemente las funciones como modo de catapultarse a otras funciones diferentes? Es innumerable la lista de concejales que ejercen la concejalía como un mero trampolín para ser diputados, no importa por quién ni por dónde, los diputados que ejercen la diputación a modo de campaña para ser senadores, los senadores que quieren ser ministros, los gobernadores que quieren ser senadores -y muchos de ellos se han hecho elegir como tales por las legislaturas provinciales años antes de que terminen sus mandatos-; otros senadores, al revés, dejan sus bancas para ser candidatos a gobernadores; el jefe de Gobierno anterior no terminó su mandato porque quería ser Presidente y abandonó la jefatura para ser candidato, fue elegido y luego abandonó la Presidencia. Ni hablar de esos maravillosos y abruptos «... cambios de domicilio...» a diferentes provincias en las cuales los candidatos no se domicilian, nunca se domiciliaron, nunca vivieron ni vivirán, a las que transfieren un ficticio «... domicilio...» para ser candidatos a diputados nacionales, cuando es necesario reforzar una campaña; porque hoy hay que ganar.

Pueda ser que en algún momento los argentinos reflexionemos y nos demos cuenta que es necesario rescatar aquel concepto aristotélico de la política, donde la virtud moral y la prudencia reinen para poder realizar ese fin tan loable y merecido para nuestro pueblo que es el «bien común».

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