El periodista dialoga con el especialista en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», quien asegura que el Tesoro estadounidense no podrá resolver todos los problemas del sistema financiero. Explicó que el organismo pudo auxiliar a las agencias hipotecarias pero que también se necesitará ayuda para los bancos de inversión en dificultades, para evitar que se depriman los consumidores y para conceder garantías de la Administración Federal de la Vivienda a los préstamos hipotecarios refinanciados con la banca.
Periodista: La Tesorería mostró sus cartas. Intervino Fannie Mae y Freddie Mac, respaldó sus deudas y les pasó la factura a todos sus accionistas. ¿Cómo juzgar la recepción de la iniciativa? El lunes provocó euforia. El martes, sin embargo, el nerviosismo afloró de nuevo, muy punzante. Y no sé si el avance de hoy (por ayer) en los mercados permite hablar de un empate.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Gordon Gekko: Me imagino que el Tesoro tenía en mente una reacción más favorable. Más potente y duradera. No pudo ser.
G.G.: La percepción empeoró. Seguro. Se desconfía hasta de la propia sombra. Qué mejor ejemplo que lo que ocurrió este lunes. Un cable desactualizado que levantó el « Chicago Tribune» dice que United Airlines se acoge a la bancarrota y la acción se pulveriza --cayó a un centavo-en el acto. Era una noticia tirada de los pelos, sin fundamentos, un refrito de seis años atrás, pero primero la gente vendió a mansalva y sólo después averiguó si era cierto.
P.: Dada la crisis, cualquier mala noticia es verosímil.
G.G.: Tal cual. Y hay que lidiar con ese trasfondo. Pero que el Tesoro se hace cargo de las dos grandes agencias hipotecarias -cuando su compromiso efectivo se puso en duda-es una verdad comprobada. Y no se trata de una decisión trivial. Levantará un muro de contención; la crisis en sí -en la salud de los fundamentos-no pudo haber desmejorado.
P.: A lo sumo será una medida como la línea Maginot. Gigantesca pero no efectiva.
G.G.: Todo lo contrario. Esto no es un elefante blanco. Fíjese que todavía el Tesoro no desembolsó un solo dólar y ya Fannie Mae estrenó una emisión de 7 mil millones de dólares -a dos años de plazo (y, por ende, con muy poco potencial de ganancia de capital)- con una reducción vertical de costos financieros. Como le dije, la iniciativa no es trivial. Y, a diferencia de la línea Maginot, se erige en pleno frente de combate. Además, como su construcción será modular, si la crisis cambia de ángulo el Tesoro puede redirigir sus esfuerzos y atacar otro frente que demande prioridad.
P.: Como rescatar a un banco de inversión si lo ahogan los problemas. El martes hubo tres instituciones de perfil diverso-Lehman, Washington Mutual y AIG-, todas de envergadura, en la hoguera de los rumores. Y saber que el Tesoro se hará cargo de las agencias hipotecarias no fue óbice para que estallara otro rapto de angustia.
G.G.: No lo discuto. La frazada del Tesoro está pensada para cubrir a las dos agencias hipotecarias. Y, si quiere, estirándola, a los doce bancos del sistema federal de préstamos para la vivienda (FHLB). No alcanza para todo el sistema financiero.
P.: Como sea. Pero lo cierto es que el frío penetra igual. Se cierra la puerta principal pero entra por varias ventanas y lo mismo hiela la espalda.
G.G.: Tapiar las ventanas encarece los costos sobremanera. Todavía no parece imprescindible. Y no hay quórum, hoy por hoy, para tamaña empresa.
P.: No existe la voluntad. Quizás tampoco la necesidad. Perfecto. Supongamos que, a medida que la situación se complica, ambas quedan en evidencia. ¿Tendrá el Tesoro músculo suficiente para llevarlo a cabo?
G.G.: La economía es la ciencia de administrar la escasez. Habrá que usar muchísima ciencia.
P.: Pero, ¿es factible tender una mano para auxiliar las deudas de las agencias (que no son monedas; suman 5,4 billones de dólares) y otra para ocuparse de poner a salvo a los bancos de inversión en dificultades?
G.G.: Y otra para lanzar, quizás, un segundo paquete fiscal de estímulo y evitar que se depriman los consumidores. Y una cuarta para conceder garantías de la FHA (la Administración Federal de la Vivienda) a los préstamos hipotecarios refinanciados con la banca.
P.: Iniciativa que ya fue aprobada por el Congreso.
G.G.: Así es. Y no olvide que también es posible, lo admitió Sheila Bair, titular de la FDIC, que haya que tomar recursos del Tesoro para apuntalar el fondo de cobertura de los depósitos bancarios. En principio, la FDIC ya está asistiendo a los bancos pequeños que se vieron perjudicados por la brusca pérdida de valor de las acciones preferidas de Fannie Mae y Freddie Mac.
P.: Es imposible barrer todo el espectro.
G.G.: Así es. Más de uno tendrá que arreglarse solo y dormir a la intemperie.
P.: ¿Hasta dónde se podrá estirar el Tesoro?
G.G.: Esto es una cuestión empírica. Tome el déficit fiscal del presente ejercicio. Cerrará en torno a los 410 mil millones de dólares frente a los 160 mil millones del año previo. No hubo inconvenientes para financiar ese salto. Allí está incluido, por cierto, el primer paquete fiscal de incentivos. Por completo.
P.: No está incorporado, sin embargo, el impacto de los anuncios recientes.
G.G.: Es que todavía no hubo ningún desembolso concreto. Pero el tema ya está puesto sobre el tapete. Y aquí cabe consignar un éxito importante, que no se debería pasar por alto. Esta iniciativa -y todas aquellas que mencionamos recién-se va a financiar a través de la colocación de más deuda pública. La variable clave para medir el músculo de la Tesorería es, por ende, la tasa de interés de largo plazo. Y, no cabe duda, el mercado ni se mosqueó.
P.: El gobierno, si hace falta, puede embarcarse en nuevas expediciones.
G.G.: Esa es la señal. La tasa larga no penalizó las numerosas excursiones que ya se llevan a cabo pero tampoco las que se acaban de anunciar. El dólar es otra variable sensible. Gran parte del financiamiento proviene de extranjeros. Y el dólar se fortaleció, en vez de derrumbarse. El oro -que es el refugio natural de la desconfianza cuando se sabe que una crisis profunda gobernará el uso de la billetera del sector público pero se ignoran sus límites-se cayó como una piedra. No planteó ni siquiera un desafío. El panorama permite respirar aliviado. La crisis no pudo acorralar al Tesoro. Siendo así, está en condiciones de dar batalla en muchos frentes.