Las posibles recetas para enfrentar el problema de liquidez y capilaridad

Opiniones

Sólo 300.000 empresas pagan sueldos a través de bancos, dentro de un universo de 2 millones de sumando autónomos y monotributistas. Lo que es peor, una fracción de las empresas bancarizadas califica para créditos.

El coronavirus Covid-19 paraliza al mundo y pone en jaque a todas las estructuras de liderazgo. Llegó con la velocidad de un rayo, de proporciones épicas. El único aliciente es que se trata de un shock de carácter transitorio.

En el corto plazo genera un problema masivo de iliquidez tanto en empresas como en trabajadores informales. Es por ello que gran parte de la solución debe llegar a través de abundante financiamiento dirigido especialmente a las firmas que sufren interrupciones abruptas y generalizadas en sus flujos de caja e inyecciones de efectivo para los trabajadores informales no bancarizados.

Los gobernantes han recurrido a distintos grados de distanciamiento social forzoso e intervenciones económicas. En la Argentina nos encontramos frente a un mix extremo: cuarentena total en etapa temprana y estímulos económicos a pequeña escala, con serios problemas de implementación debido a la escasa bancarización del sistema.

Existen sólo 300.000 firmas que pagan sueldos a través de instituciones financieras, dentro de un universo de 2 millones de empresas sumando autónomos y monotributistas. Lo que es peor, sólo una fracción de las bancarizadas está calificada por las entidades financieras para ser sujeta de crédito. También se suman alrededor de 3 millones de trabajadores informales que no están bancarizados. Este complejo cuadro implica que las inyecciones de liquidez via financiamiento no tienen la capilaridad que se necesita.

Además, el coronavirus impacta sobre una estructura económica y social ya debilitada por el freno de la actividad productiva desde agosto pasado y la crisis financiera que derivó en el reperfilamiento de la deuda del sector público nacional. Para las empresas la situación de estrés se arrastra desde el año pasado, lo que torna este nuevo evento definitorio para la suerte de sus negocios.

Para hacer frente al ahogo financiero y de liquidez es posible recurrir a la emisión monetaria como recurso de última instancia. A diferencia de la crisis del 2008/2009, hoy no hay superávit fiscal o fondos administrados por las AFJP para genera un colchon de recusos para intervenir. Lógicamente no se trata de un salto permanente en la cantidad de dinero, lo que sí llevaría a un desequilibrio casi con certeza. Se está discutiendo el orden de magnitud de un pico transitorio de oferta, que coincide con un salto espectacular de la demanda de pesos originado en los motivos que señalamos anteriormente.

Para las provincias generar liquidez es una necesidad de primer orden. En este sentido la emisión de cuasimonedas también es un recurso de última instancia. Lógicamente su valor respecto al Peso dependerá del alcance de la emisión que realice cada provincia, pero la experiencia muestra que siempre cotizan muy por debajo de la par. En cualquier sentido se trata de un problema de segundo orden.

Una alternativa superadora es conseguir una ventanilla directa de financiamiento con el Banco Central para que por única vez se emita deuda de corto plazo garantizada contra coparticipación y/o recursos propios provinciales calculados en base a la trayectoria “normal” de las partidas presupuestarias. Esta deuda de corto plazo podría ser refinanciada en forma parcial y en directa relación con las capacidades de cada una de las provincias para evitar impactos macro no deseados (inflación, por caso).

Con la liquidez disponible otro problema es cómo hacer que llegue a las firmas con la celeridad que se necesita. El sistema financiero puede atender la situación de un grupo de empresas pero difícilmente de respuesta a las más vulnerables. Dada la velocidad de los acontecimientos, sortear la burocracia del sistema financiero es clave.

Según nuestras estimaciones los medios de pago “amplio” (M2 más cuasi monedas) podrían llegar a crecer hasta 85% i.a. en 2020, si tomamos la medición entre puntas (diciembre vs. diciembre) y de no mediar intervención del BCRA. Muy por encima de la inflación esperada pre Covid-19, en torno de 45%.

De no mediar intervención, el M2 amplio se ubicaría a fines de 2020 en torno de 17% del PBI, desde 13% en 2019. Es difícil pensar que el BCRA no actuará para controlar semejante desequilibrio y que la demanda de pesos absorberá tal expansión de la oferta.

Es evidente que este crecimiento de los agregados afecta la nominalidad y que se requiere coordinación entre las provincias y el Gobierno Nacional para evitar desequilibrios aun mayores. Se espera entonces menos aumento de la base monetaria, lo que es equivalente a mayores emisiones de pasivos no monetarios del BCRA y, por ende, tasas más altas. Desde ya, el desborde de pesos acelerará la inflación por encima del 45% i.a. proyectado. Si la cuarentana se extiende 30 días en su versión “plena” estaremos frente a una retracción en la actividad económica de al menos 5%.

Pero los datos agregados, como la mayor inflación esperada o un desplome aun más pronunciado del PBI, esconden el verdadero problema económico de fondo. Una pyme sin ingresos no puede subsistir mas de allá de un mes. Si bien la dirección de las políticas públicas es la correcta, la magnitud de la asistencia tiene que ser mucho mayor y los tiempos de respuesta mucho más rápidos si se quieren evitar daños en la estructura productiva muy difíciles revertir.

(*) Economista y CEO de Analytica Consultora

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