La cuarta política del Gobierno que debería ser cuestión de Estado

Opiniones

Una balanza comercial superavitaria y con alto valor agregado debería ser una cuarta política del Gobierno.

Alberto Fernández asumió el 10 de diciembre del año pasado, hace tan sólo hace menos de 9 meses. Y realizó una excelente gestión del manejo de la pandemia, de la negociación de la deuda externa y del fortalecimiento del sistema sanitario en general, entre otras cosas. Pero no se pueden solucionar todos los males de la Nación en tan sólo 9 meses y con la pandemia mundial de Covid-19. Por ello, esta última circunstancia lo ha obligado a postergar lo importante por lo urgente.

Considero seriamente que una balanza comercial superavitaria y con alto valor agregado debería ser una cuarta política de estado. La Argentina como Nación tiene tan sólo tres políticas de Estado que han atravesado todas sus administraciones desde el retorno de la democracia: El reclamo sobre Malvinas, Juicio y castigo a los crímenes de Estado y la Integración Regional (léase MERCOSUR).

Con sus altos y sus bajos, todos y cada uno de los gobiernos han respetado en mayor o menor medida estos tres puntos cardinales. Asimismo, tomando estadísticas confiables (OCDE - 2019), puede verse con claridad meridiana que nuestros males no se encuentran ni en las políticas de subsidios, ni en el déficit fiscal, ni en la deuda externa (las naciones más desarrolladas del mundo tienen grandes índices de las tres cosas y altas calidades de vida).

Pues bien, habrán notado que expresé tres puntos cardinales cuando en realidad son cuatro. ¿No falta uno? Por más que la renegociación exitosa de la deuda soberana con acreedores externos privados y públicos – FMI entre otros – y acreedores privados y públicos internos, ya casi sea una realidad ¿le cabe a alguien alguna duda que Argentina va a tener cerrado el mercado de créditos externos por unos cuantos años? ¿Es plausible que un Gobierno que se preocupa por los sectores más vulnerables de la población, ajuste sus cuentas fiscales – jubilaciones, planes sociales y tarifas entre otras – para así obtener los dólares que tanto ansía y le cuesta sostener al Banco Central, para evitar la inflación, la deflación, la fuga de capitales y la falta de atracción de inversiones? Tampoco parece lógico. ¿Entonces?

Miremos un poco las cuentas públicas de fuentes veraces, el INDEC. A cifras estimadas de Junio de 2020 la balanza comercial argentina arroja un escaso superávit de 1.484 millones de dólares, siendo nuestros principales productos de exportación los productos primarios y las manufacturas de origen agropecuario (más del 70%), siguiéndole desde muy lejos las manufacturas de origen industrial con algo menos del 18%.

Esta composición se ha mantenido casi en forma invariable en la Argentina en los últimos 50 años. Si miramos el cuadro completo, veremos que la variación interanual arroja un saldo deficitario en materia de exportaciones del orden del – 8,6%.

Así las cosas Argentina no puede salir de este círculo vicioso. No tiene dólares en sus arcas, no tiene forma de conseguirlos, y no aprovecha la única manera genuina que tiene de obtenerlos (comercio exterior superavitario con alto valor agregado) como una política de Estado.

Si hay una lección que nos dejó esta pandemia es que ya sea a través del INVAP, del Instituto Malbrán, de las universidades y laboratorios nacionales, mediante el uso de tecnologías de punta, podemos – y estamos – a la altura de cualquier nación desarrollada, con PBIs que superan holgadamente el nuestro.

Un ejemplo de ello es el exitoso ensayo que se está desarrollando con suero hiperinmune extraído de caballos, prueba originaria pura y exclusivamente de nuestro país, reconocida en todo el mundo como asombrosa. Entonces, ¿qué esperamos para explotar nuestra materia gris y hacer de ella un producto exportable que logre que ingresen divisas genuinas a nuestras arcas?.

La opción de hierro es, ¿seguiremos endeudándonos a tasas imposibles de pagar, ajustaremos nuestras cuentas fiscales con el sufrimiento que ello conlleva para nuestra gente -ambas cosas que Alberto Fernández jamás hará-, o de una vez por todas nos pondremos los pantalones largos y haremos de nuestras exportaciones un producto deseable en los mercados mundiales, logrando con ello tener un desarrollo genuino?.

La premisa está planteada. Y el argumento veraz se repite una y otra vez: debemos hacer del comercio exterior argentino superavitario y con alto valor agregado una cuarta política de estado. De lo contrario, seguiremos jugando en la “B”, como hace 50 años.

(*) Abogado y Mágister en Relaciones Comerciales Internacionales.

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