Feroz interna tras pacto de silencio
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Recordemos que durante el gobierno del ex presidente Kirchner se promovió la discusión de los convenios entre los empresarios y los sindicatos, discusión que estaba congelada desde comienzos de la década de los 90 por obra de las necesidades de la convertibilidad.
Hoy, los sindicatos no quieren resignar el poder recuperado en base a la disputa salarial, y la consigna es mantener dicho poder frente al empresariado y frente al mismo gobierno nacional. Es más, mejorar los salarios de los convenios es esencial para poder librar la batalla intersindical, ya que el atractivo de los conflictos de encuadramiento provienen fundamentalmente al arma mortal de los mejores ingresos.
Por ende, los gremios no sólo buscan mejorar las retribuciones para satisfacer a las bases, también observan con cuidado los salarios de otros convenios donde compiten por la representación de los trabajadores. Un ejemplo es la UOM con su Laudo 29 en la industria autopartista y los sueldos de los convenios de empresa de SMATA con las terminales automotrices. Otros factores conspiran contra el pacto social como los proyectos antiempresa del diputado Héctor Recalde en la Cámara baja, la reforma de los tickets aprobada en el Parlamento, y otros proyectos que tienen media sanción. Todos ellos minan los costos empresarios y cambian las reglas de juego. En otros términos, con los incrementos del costo laboral que operan en abanico, en especial los aumentos salariales convencionales, los incrementos de costos por vía de las reformas legales, y la caída de la productividad por efecto de la conflictividad sectorial, están hipotecando el pacto social. Para que exista un «gran acuerdo nacional» hay que crear canales de diálogo, basados en el objetivo común de la convergencia, con el fin de lograr que el crecimiento siga siendo sustentable, con mejoras de precios y salarios compatibles con dicho crecimiento. Es muy difícil llegar en forma colectiva a lograr los objetivos si los pasos intermedios que se dan resultan incompatibles con ellos. Como afirmaba Séneca: «Para un barco que no tiene destino, finalmente, todos los vientos son desfavorables».




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