Diciembre es un mes lleno de emociones. Navidad, año nuevo, festejos varios de fin de año y en esta oportunidad se suma que ganamos la copa mundial.
Las emociones y la alimentación cobran gran protagonismo en las fiestas
Lo ideal en esta época sería contar con herramientas que permitan identificar ¿Qué me pasa? ¿Tengo hambre o tengo ansiedad y estoy buscando comida? ¿Cuál fue mi última comida? ¿Hace cuánto tiempo? ¿qué nutrientes contenía esa ingesta?
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Las emociones están a flor de piel y la alimentación es parte de cada uno de esos eventos.
hay quienes se les cierra el estómago y no pueden comer y otros quienes se desorganizan en la alimentación habitual.
Lo cierto es que las emociones nos atraviesan por lo que aceptarlas y sobre todo identificarlas en muy importante porque suelen mezclarse con la comida.
La ansiedad, una emoción que a la mayoría de las personas las hace comer de más, es útil hasta cierto punto. En el momento en que la ansiedad se vuelve inmanejable se acude a la comida para calmarla. Este mecanismo funciona durante unos pocos minutos por lo que si no contamos con otras herramientas para canalizarla volveremos a acudir a la comida una y otra vez con las consecuencias que eso trae.
El enojo es otra de las emociones muy presentes en la actualidad. Es una emoción que se percibe frente a la injusticia entre otros motivos. Se reconoce el enojo porque se siente en el cuerpo como taquicardia o un sentimiento de exceso energía que necesitamos liberar.
Que podemos hacer frente a estas situaciones.
Lo ideal seria contar con herramientas que permitan identificar ¿Qué me pasa? ¿Tengo hambre o tengo ansiedad y estoy buscando comida?
¿Cuál fue mi última comida? ¿Hace cuánto tiempo? ¿qué nutrientes contenía esa ingesta?
Todas estas preguntas sirven para determinar lo que elijo comer, cuando lo voy a comer, de que manera lo voy a comer y a partir de ahí entender cual es el vínculo con la comida.
Si aún no es posible aplicar la estrategia mencionada, hay otros tips que también pueden ayudar.
- Ser flexibles: frente a las emociones la restricción alimentaria nunca es una buena aliada. Va a aumentar el descontrol.
- Cambiar las porciones: comprar unidades más pequeñas de esos alimentos que sentimos no podemos controlar en esos momentos.
- Planificar con anticipación que quiero comer, cuantos comensales hay y hacer la compra en base a ese dato.
- Comer aquello que uno tiene deseo, de lo contrario, va a comer lo que “cree “que es lo correcto, pero inevitablemente también aquel deseo.
Por último, tener presente que ¡las emociones nos informan! No son buenas ni malas. Solamente debemos aprender a reconocerlas y saber que hacer con ellas.
Nutricionista especialista en obesidad (MN 9739) Instagram: @lic.aracelivallone
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