17 de abril 2006 - 00:00

Fin a las burbujas

(El periodista dialoga con Luis Palma Cané, experto en mercados internacionales, quien dijo que los bancos centrales aprendieron «que las burbujas no hay que pincharlas sino desinflarlas» y destacó las buenas perspectivas de las principales economías.)

PERIODISTA: ¿Qué opinade la etapa de fuerte crecimiento reciente de la economía mundial? ¿Está llegando a su fin con las subas de tasas en los principales países?

Luis Palma Cané: El crecimiento viene siendo muy alto. En 2004, la producción mundial subió 5%, el mejor número en los últimos 30 años. En 2005 comenzó a moderarse y los analistas consideran para el futuro dos escenarios. Por un lado, se habla del «aterrizaje forzoso», donde el actual período de bonanza desemboca en una recesión, mientras otros sostenemos la tesis del «aterrizaje suave», que predice un crecimiento reduciéndose gradualmente para sostenerse en un nivel superior a 3%.

P.: ¿En qué se basan las dos posturas?

L.P.C.: Los partidarios del «aterrizaje forzoso» sostienen que después de 2 o 3 años de crecimiento por encima de la media histórica de 3%, las economías comienzan a recalentarse. Cuando se llega al uso pleno de la capacidad instalada, el exceso de demanda sigue presionando y los salarios y los precios de los commodities se disparan, generando una inflación por encima de 2,5% anual, nivel tope tolerado por las autoridades de las economías desarrolladas. Entonces, los bancos centrales actúan para corregir la situación mediante políticas monetarias restrictivas, estableciendo las tasas de interés en niveles que llevan a recesiones. Estos analistas ignoran el conjunto de factores que se observan ahora en el contexto mundial y que se combinan para generar una situación distinta, donde las fuertes subas en el producto no generan inflación.

P.: ¿Cuáles son esos factores que llevan a la nueva situación?

L.P.C.: En primer lugar, la globalización, materializada en la manera en que los países centrales importan mano de obra barata de China e India a través de sus productos, deprimiendo así los precios de las manufacturas y de los servicios intensivos en mano de obra. Segundo, los incrementos espectaculares de productividad en las economías desarrolladas, que evitan que las subas de salarios se trasladen a inflación, ya que pueden ser absorbidas por las empresas. Tercero, la innovación tecnológica y la inversión, que se mantienen en altos niveles e incrementan la capacidad instalada, por lo que la fuerte demanda se ajusta vía incrementos de cantidades y no de precios. Por último, la mayor eficiencia en la utilización del petróleo, que permite a los países centrales conseguir una unidad de producto con la mitad del crudo que necesitaban en los 90. Todas estas fuerzas actúan en el mismo sentido de moderar los impactos inflacionarios del crecimiento.

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