Final sospechoso para la elección de EE.UU.
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Este año, Florida trazó de nuevo una lista de criminales y trató de mantenerla en secreto. Cuando un juez obligó a que se divulgara dicha lista, resultó que, una vez más, ésta había desposeído del voto equivocadamente a muchas personas -en su mayoría afroestadounidenses, otra vez-al tiempo que casi no incluyó a hispanos. El lunes de esta semana, mi colega Bob Herbert informó sobre otra iniciativa de Florida altamente sospechosa: oficiales de la policía estatal se han presentado en los hogares de ancianos electores del segmento negro -incluyendo a participantes de operaciones enfocadas a sacar a los electores a votar-y los interrogaron como parte de lo que, según afirma la entidad, es una investigación por fraude.
No obstante, el Estado ha suministrado muy poca información con respecto a la investigación y, como destaca Herbert, eso da la impresión de ser un intento notable con miras a intimidar votantes. Dado ese patrón, habrá escepticismo si las máquinas de votación de Florida, carentes de registro impreso, le dan al presidente Bush una victoria inesperada que no es verificable.
El Congreso de Estados Unidos debería haber actuado hace largo tiempo para poner las siguientes elecciones por encima de cualquier sospecha, requiriendo para ese fin registros impresos de los sufragios.
Sin embargo, una legislación se atascó en un comité y podría ser ya demasiado tarde para cambiar el equipamiento físico. Pero es de importancia crucial que estas elecciones sean creíbles.
¿Qué se puede hacer? Aún hay tiempo para que funcionarios (electorales) suministren una seguridad mejorada, asegurándole a la opinión pública que nadie puede manipular las máquinas de votación antes o durante las elecciones; contratar a consultores independientes para que lleven a cabo pruebas al azar antes y durante el día de las elecciones, así como proporcionar boletas electorales a cada votante que así lo solicite.
Los electores, de la misma forma, pueden hacer su parte. En fecha reciente, el Partido Republicano de Florida distribuyó un folleto en el cual exhortaba a los votantes a usar las boletas destinadas a electores ausentes para asegurarse de que sus votos sean contados. El partido alega que eso fue un error, pero, de hecho, fue un buen consejo. El electorado debería usar boletas de papel donde estén disponibles, y si eso significa sufragar con la boleta de ausente, que así sea. ( Funcionarios electorales se sentirán furiosos con respecto al incremento de la carga de trabajo, pero ellos mismos se lo han buscado.).
• Buena idea
Finalmente, algunos activistas electorales han exhortado a llevar a cabo un esfuerzo de último momento en favor de las encuestas de salida, de manera paralela, aunque independiente, a las encuestas por parte de grupos de comunicación masiva (cuya operación combinada sufrió un sobrecalentamiento durante el inesperado triunfo republicano en las elecciones de 2002). Eso suena como una muy buena idea.
De conducirse encuestas de salida de manera intensiva, se serviría a tres objetivos. Funcionaría como un disuasivo para cualquiera que contemple un fraude electoral. Si todo saliera bien, esa medida ayudaría a validar los resultados y silenciar a los escépticos. Y también proporcionaría una advertencia temprana si se llegara a producir una manipulación electoral -quizás, con suficiente tiempo de antelación para buscar una forma de arreglarla.




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