18 de agosto 2004 - 00:00

Final sospechoso para la elección de EE.UU.

Todos lo saben, pero no muchos políticos o periodistas de la corriente prevaleciente están dispuestos a hablar al respecto, por temor a dar la impresión de que son teóricos de las conspiraciones: existen probabilidades sustanciales de que los resultados de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, a efectuarse en noviembre de 2004, sean sospechosos.

Cuando digo que el resultado será sospechoso, no me refiero a que las elecciones, de hecho, serán robadas. (Pudiéramos no saberlo nunca.) Me refiero a que existirá suficiente incertidumbre con respecto a la honestidad del conteo de votos como para que buena parte del mundo y muchos estadounidenses alberguen serias dudas.

¿Cómo podrían resultar sospechosas las elecciones? Bien, para tomar una sola de varias posibilidades, supongamos que Florida -donde recientes sondeos de opinión le dan a John Kerry la delantera-vuelve a definir los comicios en favor de George W. Bush. Buena parte de los sufragios de Florida será contabilizada por máquinas electrónicas de votación, las cuales no dejan rastro en papel.

Expertos independientes en informática que han examinado el código de programación de algunas de estas máquinas se muestran consternados ante las fallas de seguridad. Así que existirán dudas razonables con respecto a si los votos de Florida son o no contabilizados de manera apropiada, y sin boletas de papel que recontar. La opinión pública tendrá que aceptar el resultado sobre la base de la fe.

• Delincuentes

No obstante, la conducta de los funcionarios del gobernador Jeb Bush con respecto a otros asuntos relacionados con las elecciones no ofrece justificación para albergar dicha fe. En primer lugar, estuvo el asunto de la lista de criminales. La ley de Florida niega el voto a criminales convictos. Pero en 2000 mucha gente inocente, entre la cual había muchos negros, no pudo votar debido a que fueron incluidos erróneamente en una lista de delincuentes; estas erróneas exclusiones podrían haber puesto al hermano del gobernador Bush en la Casa Blanca.

Este año, Florida trazó de nuevo una lista de criminales y trató de mantenerla en secreto. Cuando un juez obligó a que se divulgara dicha lista, resultó que, una vez más, ésta había desposeído del voto equivocadamente a muchas personas -en su mayoría afroestadounidenses, otra vez-al tiempo que casi no incluyó a hispanos. El lunes de esta semana, mi colega Bob Herbert informó sobre otra iniciativa de Florida altamente sospechosa: oficiales de la policía estatal se han presentado en los hogares de ancianos electores del segmento negro -incluyendo a participantes de operaciones enfocadas a sacar a los electores a votar-y los interrogaron como parte de lo que, según afirma la entidad, es una investigación por fraude.

No obstante, el Estado ha suministrado muy poca información con respecto a la investigación y, como destaca Herbert, eso da la impresión de ser un intento notable con miras a intimidar votantes. Dado ese patrón, habrá escepticismo si las máquinas de votación de Florida, carentes de registro impreso, le dan al presidente Bush una victoria inesperada que no es verificable.

El Congreso de Estados Unidos debería haber actuado hace largo tiempo para poner las siguientes elecciones por encima de cualquier sospecha, requiriendo para ese fin registros impresos de los sufragios.

Sin embargo, una legislación se atascó en un comité y podría ser ya demasiado tarde para cambiar el equipamiento físico. Pero es de importancia crucial que estas elecciones sean creíbles.

¿Qué se puede hacer? Aún hay tiempo para que funcionarios (electorales) suministren una seguridad mejorada, asegurándole a la opinión pública que nadie puede manipular las máquinas de votación antes o durante las elecciones; contratar a consultores independientes para que lleven a cabo pruebas al azar antes y durante el día de las elecciones, así como proporcionar boletas electorales a cada votante que así lo solicite.

Los electores, de la misma forma, pueden hacer su parte. En fecha reciente, el Partido Republicano de Florida distribuyó un folleto en el cual exhortaba a los votantes a usar las boletas destinadas a electores ausentes para asegurarse de que sus votos sean contados. El partido alega que eso fue un error, pero, de hecho, fue un buen consejo. El electorado debería usar boletas de papel donde estén disponibles, y si eso significa sufragar con la boleta de ausente, que así sea. ( Funcionarios electorales se sentirán furiosos con respecto al incremento de la carga de trabajo, pero ellos mismos se lo han buscado.).

• Buena idea

Finalmente, algunos activistas electorales han exhortado a llevar a cabo un esfuerzo de último momento en favor de las encuestas de salida, de manera paralela, aunque independiente, a las encuestas por parte de grupos de comunicación masiva (cuya operación combinada sufrió un sobrecalentamiento durante el inesperado triunfo republicano en las elecciones de 2002). Eso suena como una muy buena idea.

De conducirse encuestas de salida de manera intensiva, se serviría a tres objetivos. Funcionaría como un disuasivo para cualquiera que contemple un fraude electoral. Si todo saliera bien, esa medida ayudaría a validar los resultados y silenciar a los escépticos. Y también proporcionaría una advertencia temprana si se llegara a producir una manipulación electoral -quizás, con suficiente tiempo de antelación para buscar una forma de arreglarla.

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