El FONDEF y la trascendencia como prioridad

Opiniones

La Ley que ha creado el Fondo Nacional de Defensa (FONDEF) para con el reequipamiento de las Fuerzas Armadas Argentinas será afectado para la recuperación, modernización y/o incorporación de material para la defensa, entre otros.

El dólar, la inseguridad, la inflación; la corrupción y la pobreza. Tenemos todo y, en muchos casos, al por mayor. Que trasvasan la visión panóptica de cada individualidad – y hasta diría de cada posición moral -; pero tienen una característica común: se centran en la coyuntura, en la problemática de la inmediatez, de lo que debemos solucionar ahora mismo. Que son fundamentales y, dada su continuidad temporal (y la incapacidad de eliminarlos de quienes detentan las máximas responsabilidades), terminan siendo de trascendental relevancia para el devenir de nuestro país. Porque la referencia para con el trascender no es menor: allí es donde se encuentra la base para, definitivamente, construir una sociedad mejor. No para nosotros, los argentinos del hoy; sino y principalmente, para las futuras generaciones.

La Ley que ha creado el Fondo Nacional de Defensa (FONDEF) para con el reequipamiento de las Fuerzas Armadas Argentinas, pareciera poseer este espíritu superador: el mismo será afectado para la recuperación, modernización y/o incorporación de material para la defensa; el favorecer la sustitución de importaciones a través del desarrollo de proveedores, como así también la inserción internacional de la producción local de bienes y servicios orientados a la defensa; el promover la innovación productiva, inclusiva y sustentable por medio de un mayor escalonamiento tecnológico; y el incrementar las acciones de investigación y desarrollo, tanto en el sector público como en el privado, mejorando las condiciones de creación, difusión y asimilación de novedosos bienes y servicios por parte de la estructura productiva nacional. Como primer eje de trabajo, se buscará revitalizar las grandes fábricas como Astilleros Río Santiago, Tandanor, y la Fabrica Argentina de Aviones (FAdeA); como así también Institutos de innovación e investigación, como el INVAP, el cual aportará su reconocido desempeño internacional. Se estima – y se espera – generar aproximadamente 14 mil puestos de trabajo de manera directa.

Es probo a lo largo de la historia mundial: generar una Industria de la Defensa Nacional de vanguardia es fundamental y estratégico, ya sea en su rol como motor de la economía nacional y sus efectos multiplicadores pro-positivos – incluida la generación de miles de puestos de trabajo -; por el ingente aporte de tecnología de punta (drones, cyberdefensa, la carrera espacial); la investigación y el desarrollo realizado por el Capital Humano altamente calificado; o mismo el fortalecimiento de las cadenas de valor de pequeñas y medianas empresas. En definitiva, vital para lo que representa una Argentina donde la oferta de producción nacional languidece cíclicamente, la escases de divisas es una habitualidad, y las frecuentes recesiones se encuentran siempre a la vuelta de la esquina.

Al día de hoy, el presupuesto militar de Argentina representa el 0,7% del PBI – uno de los más bajos inclusive en la región -; el cual tiene como destino principal los gastos corrientes, dejando muy poco margen para la inversión en capital, el entrenamiento, los ejercicios y despliegues. Y aquí reside una necesidad clave, un deber ser con el cual nos tenemos que reencontrar luego de décadas de desidia: se invierte en defensa no solo con el concepto final de estar preparados para la guerra, sino para ser soberanos en el manejo de la tecnología y evitar la dependencia externa. En un mundo donde la interdependencia compleja es una realidad, los medios de guerra suelen tener piezas y armados que involucran el desarrollo, la producción, el financiamiento y la logística de diversas empresas y países.

Es por ello que el FONDEF cumple un rol complementario que oxigena con una clara finalidad: no puede ser asignado para incrementar el personal ni para fortalecimiento de las instituciones, sino exclusivamente para equipar a las Fuerzas Armadas. Por ende, es un aporte independiente de los recursos que sean asignados al Ministerio de Defensa y a las Fuerzas Armadas en el presupuesto nacional. En cifras concretas, el Fondo estará integrado con el 0,35% del total de los Ingresos Corrientes previstos en el Presupuesto Anual el año 2020, el 0,5% para el año 2021, el 0,65% para el año 2022 y el 0,8% para el año 2023, manteniéndose este último porcentaje para los sucesivos ejercicios presupuestarios.

Por supuesto, los fondos especiales y las partidas específicas no son un tema exclusivo de nuestro país, sino de todo aquel Estado que defiende los intereses geoeconómicos y geopolíticos de su población como un todo – luego dependerá de la política redistributiva para afianzar el bienestar micro -. Porque las potencias con visión estratégica de largo plazo lo tienen bien en claro: aunque la ideología se torna una variable de relevancia a la hora de tomar la decisión de apoyar a tal o cual Estado u grupo en conflicto (ya sea diplomáticamente o a través de la venta de armamento), en la arena internacional son todos potenciales enemigos, mientras que los beneficios que se pudieran obtener de las ganancias geoeconómicas y geopolíticas, redundarán en ganancias domésticas que, como mínimo, podrán ayudar a aliviar las tensiones sociales.

En el caso de los Estados Unidos de Norteamérica, del propio presidente Donald Trump llevó al Congreso una propuesta para crear una Fuerza Espacial que costará 13.000 millones de dólares en los próximos cinco años. Sus responsabilidades incluyen el “desarrollar profesionales y adquirir sistemas militares del espacio, junto con el madurar la doctrina militar para la potencia espacial”. Lo más interesante es que el presupuesto destinado al cosmos es adicional a los ya inmensos 740.000 millones de dólares correspondientes para la cartera el corriente año, superando los niveles máximos alcanzados durante las guerras de Corea y Vietnam. Evidentemente, la histeria anti-China, que ha emergido como la ‘amenaza central’, requiere recursos infinitos.

Su partenaire chino, cuenta con un gasto militar anual, ‘declarado oficialmente’, de 178.000 millones de dólares. Sin embargo, su presupuesto crecerá este año un 7,5%, por encima del incremento del PBI previsto previo a la pandemia del COVID-19 (entre el 6% y el 6,5% del producto). En este sentido, Xi Jimping quiere completar la modernización del Ejército Popular de Liberación para 2035, cuyo objetivo final es conseguir unas fuerzas armadas de primera clase capaces de imponerse en cualquier tipo de guerra para el año 2050. Para ello, está desarrollando o ha adquirido, algunos de los sistemas de armamento más modernos del mundo, desde sistemas de misiles hipersónicos a novedosos submarinos nucleares.

Cabe destacar que las esquirlas de la disputa por la supremacía global no son menores en esta ‘nueva guerra fría’. Y la tecnología para la defensa juega un rol central. El Primer Ministro de Australia, Scott Morrison, anunció hace pocas semanas que en la próxima década se destinarán 575.000 millones de dólares para las Fuerzas Armadas australianas, incluyendo una ampliación de 270.000 millones de dólares para la adquisición de armamento militar (la mayor parte destinado a compras a los Estados Unidos). "Las relaciones entre China y los Estados Unidos son muy difíciles, ya que compiten por la supremacía política, económica y tecnológica; tenemos que estar a la altura de las circunstancias”, enfatizó en una entrevista reciente, mientras se jactaba de haber excedido la promesa previa de su propio gobierno de incrementar el gasto militar anual al 2% del PBI; todo ello, mientras el país sufre la primera recesión en casi 30 años y la desocupación tocó un techo record de 9,4% por el COVID-19.

En el caso del viejo mundo, hace pocos meses el Parlamento Europeo adoptó el primer programa comunitario – denominado Fondo Europea de Defensa - para financiar el desarrollo de nuevos productos y tecnologías en el ámbito militar, incrementar la eficiencia en el gasto del sector, e impulsar la innovación en defensa. Ello implicará la cooperación entre los Estados miembros en la producción de tecnología y equipos de defensa avanzados e interoperables, como así también alentará la participación de las pequeñas y medianas empresas en proyectos colaborativos. ¿Los números? Nada despreciables 13.000 millones de euros para el periodo 2021-2027.

Uno de sus objetivos es continuar endureciendo su posición ante Rusia, derivado de un desgaste permanente en la relación desde la crisis de Crimea en 2014. Para los rusos, esta dinámica es parte del TEG global: el éxito obtenido en Siria está permitiendo que, consolidada ya su posición de actor imprescindible en Medio Oriente y ampliando su ambición al Mediterráneo Oriental, África e Iberoamérica, continúe con su política de potenciar la tecnología militar para viabilizar más rápidamente su proyección a nivel global. En el mientras tanto, pandemia de por medio, el Ministerio de Defensa ruso ha utilizado su industria para con la construcción de 16 centros médicos multifuncionales en 15 regiones de los distritos militares occidental, meridional, central y oriental del país; todo a cargo de la principal contratista del ejército, la Compañía de Construcción Militar (VSK, en sus siglas en ruso), con un presupuesto de aproximadamente 120 millones de dólares.

Más cercano a nuestro país, tenemos el caso emblemático de Chile. La ley Nº 13.196 indica que la empresa estatal de cobre Codelco debe destinar el 10% de sus ventas al exterior a las Fuerzas Armadas, donde el monto tiene un piso mínimo establecido de 180 millones de dólares. En sentido similar al FONDEF argentino, todos los recursos derivados de la Ley del Cobre deben ser destinados a la compra de armamento. Sin embargo, y aunque los montos no han sido significativos, en algunos años se han utilizado parte de estos recursos para financiar el costo civil y militar de desastres naturales (2010, 2011, 2015 y 2016). Otro punto a resaltar es que como las grandes inversiones muchas veces implican compromisos de alto costo y largo plazo, los recursos devengados pueden ser menores a los montos efectivamente autorizados. Finalmente, como los recursos aportados por Codelco suelen ser mayores que los gastos efectivos en la compra de armamento, a lo largo del tiempo se han ido acumulando excedentes en el Banco Central de Chile; ello ha conllevado a un álgido debate político sobre el destino final de los mismos, sobre todo ante una sociedad tan desigual y altamente privatizada en servicios esenciales, como lo son la salud y la educación.

En definitiva, la dinámica nacional e internacional muestran que la modernización y la tecnologización de los medios y las herramientas de las Fuerzas Armadas, se encuentra, como mínimo, en la ‘picota’ de las discusiones políticas claves para con el devenir económico, político y social de cada uno de los Estados-Nación. Por ende, nosotros como argentinos tampoco debemos olvidar un fin esencial y estructural que debemos perseguir: el garantizar la soberanía de los espacios aéreos, terrestres y marítimos; como así también el coadyuvar a repensar, porqué no, los desafíos del futuro que ya se disputan hoy en día las grandes potencias y que nos impactan directamente; la proyección antártica, la disputa espacial, la guerra cibernética. Es por ello que debemos proteger nuestros recursos estratégicos (el agua dulce, el capital ictícola, la agricultura sustentable), mostrarnos cohesionados y fuertes ante los desafíos cibernéticos y satelitales, y sobre todo generar escenarios de empatía para con la protección denodada de nuestras fronteras (especialmente poniendo el eje para con los esfuerzos en nuestro mapa bicontinental).

Porque de no ser así, continuaremos llegando siempre tarde, siempre lentos. Un pequeño ejemplo paradójico es que en la misma sesión que se aprobó el FONDEF, unos minutos antes la Cámara había aprobado un incremento en las multas sobre la pesca ilegal en aguas argentinas. ¿Qué hubiese sucedido en los últimos años si las embarcaciones de la Armada hubieran tenido la tecnología de última generación y las capacidades de disuasión apropiadas durante el patrullaje en su zona de control? Usted ya tiene la respuesta.

Realmente no vale la pena mirar para atrás exclusivamente para llorar por la riqueza perdida. Solo esperemos esta vez estar a la altura de las circunstancias y, de una vez por todas, sepamos aprovechar la oportunidad que tenemos por delante. Para ello debemos ser eficientes y eficaces; sobre todo cuando se requiere ser quirúrgico a la hora de realizar el gasto técnico y la inversión tecnológica para alcanzar objetivos que deben ser evaluados con suma inteligencia. Pero además y muy especialmente, evitando las filtraciones financieras espurias que, lamentablemente y en muchas ocasiones con razón, puedan generar cuestionamientos de las diferentes vertientes políticas. Porque el FONDEF debe ser una política de Estado, que debe perdurar. Por el bien de nuestros hijos y nietos, es hora de que hagamos bien las cosas.

* Economista y Doctor en Relaciones Internacionales. Autor del Libro “La Sociedad Anestesiada. El sistema económico global bajo la óptica ciudadana.” Twitter: @KornblumPablo

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