Juan Domingo Biden y los debates sobre el futuro

Opiniones

En Argentina se registra una experiencia novedosa, la sindicalización de los trabajadores de la economía popular. ¿Puede pensarse en un futuro de dignidad para las excluidas y los excluidos?

Texto elaborado en co-autoría con Adrián Lutvak, politólogo y docente, integrante de la Fundación Igualdad.

A finales de abril, el presidente estadounidense Joe Biden se dirigió al Congreso de los EE.UU. con un discurso que tuvo una gran repercusión a nivel internacional pero también un capítulo local, siendo objeto de comentarios de la vicepresidenta argentina y de posteriores réplicas por parte de la oposición. Sin pretender trasplantar los debates que allí se están dando a nuestra realidad local, sí creemos que los planteos realizados dan cuenta de que existen importantes transformaciones en curso a nivel global.

El pasaje que probablemente más rebote haya tenido fue aquel en el que el presidente estadounidense señaló que "Wall Street no construyó este país. La clase media construyó este país, y los sindicatos construyeron a la clase media". En un discurso de más de una hora se refirió al futuro; al trabajo; al cambio tecnológico; a la energía limpia y al cambio climático; a las tareas de cuidado y al impuesto al uno por ciento más rico, entre otros temas.

Estas líneas no buscan analizar el debate político económico estadounidense, sino algunas particularidades que adquirió este en nuestro país a partir de la oposición entre pasado y futuro.

Pasado ya un año y medio del comienzo de la pandemia, podemos arriesgar que los pronósticos sumamente optimistas que veían emerger de esta crisis una sociedad más solidaria fueron, cuanto menos, puestos en cuestión por una realidad en la que las desigualdades más brutales han sido explicitadas aunque no siempre cuestionadas.

Sí puede decirse, no obstante, que esta situación a todas luces atípica puso en el centro de la discusión pública algunas discusiones que si bien no son nuevas adquieren hoy una significación distinta.

Quisiéramos detenernos sobre algunas reflexiones en torno a trabajo, sindicatos y tecnologías. Con anterioridad a la pandemia ya había autores que hacían referencia a una "crisis del trabajo", con una tendencia a la automatización del trabajo que tiene epicentro, claramente, en los países centrales. No obstante, aunque con cifras sumamente inferiores a las allí registradas, nuestro país tampoco escapa a este fenómeno. Según un informe oficial del año 2018, el índice de automatización se mantuvo estable entre 2007 y 2015 y dio un salto del veinte por ciento entre 2016 y 2017.

Aquí se nos presenta un primer interrogante: ¿el futuro es trabajando más?

En España actualmente se está haciendo una prueba piloto de una reducción de la semana de cuatro días de trabajo, utilizando financiamiento del fondo de recuperación de la Unión Europea por el coronavirus. Se están sostenido experiencias de este tipo con la hipótesis de que podría incluso repercutir positivamente en la productividad.

Ahora bien, en nuestro país, como en muchos países de la región y del mundo, hay amplios sectores de la población que más allá de esas por ahora leves transformaciones se encuentran hace muchos años excluidos. Frente a esa situación, en Argentina se registra una experiencia novedosa, la sindicalización de los trabajadores de la economía popular. Su herramienta, la UTEP, tiene un nivel de reconocimiento y organización muy importante, y varios sectores dentro de este gremio plantean la necesidad de avanzar en un Ingreso Básico Universal (IBU). ¿Puede pensarse en un futuro de dignidad para las excluidas y los excluidos que esté en parte escindido de una actividad laboral?

El hecho de que sectores de una organización sindical -de nuevo tipo, pero sindical al fin- la que esté a la cabeza de un planteo que puede considerarse de avanzada implica un fuerte contraste con planteos de reformas flexibilizadoras que se hacen aún hoy "en nombre de la modernidad" y que, paradójicamente, están asociados hoy a ideas más ancladas en el pasado.

Debe decirse también que en la Argentina para reducir la pobreza es necesario aumentar la producción y el desarrollo, no estamos ante la misma situación que los países del Norte global. Eso trae aparejado el debate respecto a la sustentabilidad necesaria a la hora de encarar ese proceso. Recientemente Elisabeth Mohle y Daniel Schteingart publicaron un interesante artículo titulado "Diez ideas para construir un desarrollismo ambientalista", incluido en el "Libro abierto del Futuro", una publicación de Argentina Futura, espacio que funciona en la órbita de la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación.

Algunas de las propuestas, como el mencionado IBU, cuenta entre sus defensores con multimillonarios que nada tienen que ver con la defensa de las grandes mayorías. Hay quienes ven en este tipo de medidas un camino para desarmar lo que aún queda de los estados de bienestar, sobre lo cual giró justamente el debate alrededor del discurso de Biden al que nos referimos al comienzo.

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Parece entonces más conveniente la alternativa cauta de exploración de combinar elementos de ruptura pero también de continuidad antes que dejarse llevar por los cantos de sirena de un cambio total de paradigma que presente como una opción tirar por la borda conquistas de suma importancia.

El que las organizaciones sindicales sean parte activa de estas discusiones constituye un aspecto de interés para que la tensión entre tecnocracia y humanismo se resuelva en favor de aquel pueblo tantas veces enunciado pero que debe ser construido en un escenario fragmentado de diferentes niveles de inclusión o exclusión y precariedad.

Aquella heterogeneidad del frente oficialista que suele llevarlo a las tapas de los diarios por enfrentamientos internos -sean reales o solo expresiones de deseo- es también la que permite que estos debates sean protagonizados por sectores que lo integran. De lo que se trata entonces es de conquistar el futuro.

Abogado y Docente. Integrante de la Fundación Igualdad.

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