21 de agosto 2022 - 00:00

Los viejos de hoy en día, ¿qué sienten y que los aburre?

El adulto mayor, los jubilados, se encuentran ante una crisis vital que cuestiona su identidad. Es que, en realidad, la edad no debería ser una cualidad destacable.

Jubilados. El viejo se ve de una manera determinada, tiene de sí una imagen juvenil, por ejemplo, y puede sorprenderse cuando el espejo le devuelve otra diferente.
Jubilados. El viejo se ve de una manera determinada, tiene de sí una imagen juvenil, por ejemplo, y puede sorprenderse cuando el espejo le devuelve otra diferente.

Los viejos de hoy en día fueron, muchos de ellos, hippies en su adolescencia, impusieron el vestido informal y cómodo, bregaron por la liberación del cuerpo, por la paz y el amor libre, sufrieron el flagelo del SIDA, las represiones a sus ideales. Se reconvirtieron en ejecutivos exitosos, estudiosos de los procesos sociales, se psicoanalizaron. No nacieron en la “era digital” pero la crearon, e impulsaron el formidable desarrollo tecnológico. Pese a que algunos se les complica el uso de computadoras o Smart phones, lo vienen empleando hace más de 30 años. Se sumaron a las prácticas y dietas “new age”, llenaron las canchas de tenis, los gyms y los spas acompañando el auge de los cuerpos sanos y bellos y también los consultorios de cirujanos plásticos. Asumieron distintas posturas políticas con convicción. Resistieron el COVID a fuerza de Zoom. Educaron y ayudaron a sus hijos y ahora ayudan con los nietos.

Causa cierta sorpresa y polémicas el ver que están incursionando en los espacios en general reservados a adolescentes, por ejemplo, lo que sucede en la plataforma “Tik tok” caracterizada por videos cortos en los que se demuestra alguna habilidad o creatividad. No por el hecho de ostentar más o menos 70 años, el resultado logrado tiene que ser meritorio; hay algunos videos grotescos o pobres, pero otros son excelentes, evidencia de una capacidad histriónica o didáctica formidable. Es que, en realidad, la edad no debería ser una cualidad destacable, se trata específicamente de ser buen actor o actriz con gracia, o hábil cocinero o eximia bailarina, no una cuestión geriátrica.

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Poner la edad como muestra de, ya sea experiencia o ineficiencia, no siempre alcanza para definir una situación. Un anciano no necesariamente es respetable; tampoco es necesariamente descartable. A medida que avanzan los años el desgaste del cuerpo pone a los viejos en una situación de vulnerabilidad; en cierto sentido su situación se asemeja a la de los adolescentes, históricamente desaprobados, la mujer desvalorizada o los que sufren prejuicios raciales. Nos encontramos con un fenómeno que podría entrar dentro del rubro de la discriminación y la necesidad de lucha por el respeto a las diferencias.

Según Lacan (1949) todo impulso instintivo, aun cuando responda a una maduración natural, no puede dejar de ser vivido como un peligro; ante crisis vitales (adolescencia, climaterio) esta relación se exacerba. El adulto mayor se encuentra ante una crisis vital que cuestiona su identidad. En la temprana infancia se comienza a construir la identidad, sostenida en la mirada de la madre que reconoce a su hijo como una persona y en el espejo que lo muestra completo. En la vejez se atraviesa nuevamente esta necesidad de “reconocerse”.

El viejo se ve de una manera determinada, tiene de sí una imagen juvenil, por ejemplo, y puede sorprenderse cuando el espejo le devuelve otra diferente. Es necesaria una acomodación que no siempre es sencilla. El modo en que es visto desde afuera, con cariño o desprecio, ayudará o complicará este proceso. Pero el adulto mayor ya no es un niño inmaduro y puede oponer su propio criterio. Los adultos mayores pueden encontrarse en una situación de vulnerabilidad orgánica o económica sin que esto afecte su experiencia de vida, su saber, su capacidad de trabajar, crear, sufrir o divertirse. Y tienen derecho a elegir y decidir sobre qué hacer, cómo y dónde.

Los más lúcidos de esta generación se caracterizaron durante el transcurso de sus años por una actitud de interés, curiosidad, cuestionamiento y acción. Es esperable que esas cualidades determinen también su forma de envejecer. La rebelión de los viejos de hoy en día no consiste en protestar por cuidar a los nietos, a los que les dedican energía y alegría. Les aburre hablar de enfermedades, aunque por momentos el tema se les impone. Añoran el pasado, pero no tanto. Su motor y su conflicto es otro, sienten que tienen la vida por delante.

Conceptos extractados del libro “Introducción a la lectura de Jacques Lacan” de Diana Sahovaler de Litvinoff, Psicoanalista de APA.

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