No es habitual que Lionel Messi hable de arrepentimientos. Su carrera parece una línea ascendente casi perfecta: talento, disciplina, títulos, reconocimiento global. Sin embargo, recientemente sorprendió al admitir algo que excede el fútbol: dijo que se arrepiente de no haber estudiado inglés de chico. Que en determinados contextos internacionales, rodeado de figuras influyentes, puede sentirse limitado por no dominar el idioma.
Messi, el inglés y el idioma que también construye imperios
La lección no es futbolística. Es económica y profesional. En el siglo XXI, el idioma también construye imperios.
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Lionel Messi.
La declaración es simple, pero encierra una reflexión profunda sobre el mundo en el que vivimos.
Messi es, probablemente, la marca personal argentina más potente del planeta. Jugó en Europa, se consolidó como figura global, hoy es referente en Estados Unidos y mueve contratos multimillonarios. Su talento deportivo nunca estuvo en discusión. Pero incluso alguien con ese nivel de reconocimiento identifica que el idioma es una herramienta que amplía autonomía, seguridad y capacidad de conexión directa.
En la economía actual, el inglés no es una materia escolar ni un “plus” en el currículum. Es infraestructura. Es el puente que permite negociar sin intermediarios, participar en conversaciones estratégicas, construir relaciones internacionales y sostener una marca en mercados diversos. No se trata solo de entender, sino de influir. No se trata solo de hablar, sino de liderar.
Durante años, en Argentina, el aprendizaje del inglés fue visto como complemento cultural. Hoy es un diferencial competitivo. Empresas que buscan expandirse, emprendedores que quieren escalar sus proyectos, profesionales que aspiran a roles regionales o globales: todos compiten en un terreno donde el idioma es parte del equipamiento básico.
El talento abre puertas. El idioma multiplica habitaciones.
Messi logró construir un imperio deportivo y comercial sin que el inglés fuera central en su desempeño en la cancha. Pero fuera del campo, en eventos, negociaciones, encuentros internacionales, el dominio del idioma puede marcar una diferencia en términos de autonomía y posicionamiento. Su comentario no es una crítica al pasado; es una señal para el futuro.
Argentina exporta talento en tecnología, servicios profesionales, creatividad, ciencia y deporte. Sin embargo, muchas veces ese talento se encuentra con un techo invisible: la dificultad para comunicarse con naturalidad en el idioma dominante de los negocios globales. Y ese techo no siempre es técnico; es estratégico.
El inglés no garantiza éxito. Pero su ausencia puede limitar crecimiento.
Cuando una figura del alcance de Messi reconoce que hubiese querido incorporar esa herramienta antes, lo que está diciendo es algo más amplio: en un mundo interconectado, la comunicación directa es poder. Es independencia. Es capacidad de negociación.
La lección no es futbolística. Es económica y profesional. En el siglo XXI, el idioma también construye imperios.
Docente Inglés Cambridge y especialista en certificación internacional
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