"No hemos defendido con todas las armas a ahorristas locales"
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P.: Los bancos están finalizando 2006 con importantes niveles de rentabilidad.
M.L.T.: Las entidades pueden volver a las ganancias, pero lo que se rompió es la confianza, que es un intangible. De hecho, se está dando otro tipo de relación entre las entidades y los clientes. Por ejemplo, el negocio de los fondos comunes nunca volvió a seducir al ahorrista individual como sucedió en la década del 90. Ahora se apunta fundamentalmente al ahorro de las empresas.
P.: ¿Por qué remarca que los fondos comunes eran distintos a los bancos?
M.L.T.: Nuestro rol era comprar lo que los clientes demandaban y no se trató de una decisión propia nuestra como administradores. Pero al final todos fuimos iguales para el público. Al banquero le pasó que prestó demasiado al gobierno sin poner límites. Y si bien es cierto que existía presión oficial, por otra parte era rentabilidad sin demasiado esfuerzo.
P.: ¿No se pudo prevenir, considerando que el deterioro fue lento?
M.L.T.: Es cierto que el deterioro fiscal no se produjo de la noche a la mañana. Y no se puso coto al financiamiento que ofrecían las entidades financieras. Después fue una bola de nieve imposible de parar, porque la alternativa era el default, lo cual finalmente ocurrió.
P.: ¿Cuál es puntualmente su observación respecto de la postura que asumieron los bancos?
M.L.T.: Mi percepción es que se quiso reconstruir el negocio de la banca pero sin reconstruir la relación. Si se quiere hacerlo sobre cimientos firmes, primero hay que restablecer la relación y luego el negocio. Y en ese proceso es importante reconocer errores. Esto no existe, en general se tapó y la salida de la crisis más el viento de cola provocó que no se mirase para atrás. Pero sería bueno hacerlo, no para revolver la herida sino para construir. Y preguntarnos qué aprendimos de todo esto.
P.: ¿Qué hicieron en 1784 para defender a los clientes?
M.L.T.: Interpusimos la acción de amparo más grande. Una fue contra la pesificación de la deuda y otra contra el «corralito». La primera fue la más grande registrada en el país por 100 millones de dólares. Tuvimos un fallo favorable en primera instancia, mientras que la segunda causa llegó a la Corte Suprema. Desde lo judicial gritamos y defendimos a nuestros clientes donde podíamos, que era en la Justicia.




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