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18 de julio 2008 - 00:00

"No voté en contra"

Otro de los protagonistas del debate en la Cámara alta fue el senador por Santiago del Estero, Emilio Rached. En diálogo por radio «Continental» contó sobre las horas previas a su votación y explicó los motivos que lo llevaron a rechazar el proyecto del gobierno.

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PERIODISTA: ¿Usted tiene conciencia de la importancia, el peso que tuvo su votación, no?

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Emilio Rached: Supongo, sí, sí, creo que sí.

P.: ¿Y cómo se siente ahora, unas horas después?

E.R.: Muy bien, muy bien, como me tenía que sentir ¿no? He sido coincidente con valores, que uno ha cultivado en la vida, y con... y con formas de ver la política ¿no?, esa es la verdad.

P.: ¿Qué fue lo que lo decidió a votar en contra, Rached?

E.R.: Bueno, creo en verdad que no he votado en contra, en contra específicamente de algo, o de alguien. Soy un hombre que pertenece al campo; hace ciento veinte días, nadie ha expresado que la Resolución 125 era una resolución que iba a terminar generando muchísimos problemas, confrontaciones, problemas económicos, muchos de los cuales los veremos en los próximos meses, desgraciadamente; y, en definitiva, lo que hoy uno está esperando es que esto sirva como un buen dato, como un buen elemento para que, de ahora en más, nos dediquemos a reconstruir y a recuperar el tiempo perdido, que ha sido mucho y que ha sido importante, y que la ubica a la Argentina quizás en una sensación internacional de país irresponsable, que no es la primera vez que nos sucede, pero que realmente... pasa ¿no?

P.: ¿Cómo era el tironeo de los argumentos?

E.R.: Mire, más que todo, lo que hay que tener, lo que no hay que perder de vista en la política es a la gente ¿no? A veces sucede que en política, cuando ocupamos cargos importantes, nos termina pasando como decía el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini, que «el palacio idiotiza». Nos termina alejando de realidades, o no teniendo en cuenta lo que está sucediendo, y no teniendo claro lo que está pasando en la calle; ojalá que la expresión mía, en definitiva, haya sido lo que realmente estaba pasando entre la gente ¿no?

P.: ¿Por eso es que usted estaba inencontrable ayer que todo el mundo lo estaba buscando y usted no aparecía por ningún lado?

E.R.: No, no, yo realmente reconozco, entré y salí mucho, fui a mi despacho.

Ustedes saben que son decisiones muy importantes, uno sabe el peso de la responsabilidad que tiene en sus manos, y desea por sobre todas las cosas hacer las cosas bien. Bueno, eso es lo que en definitiva intenté, era uno más de la cuestión, con algunas condiciones en particular, porque yo pertenezco a un gobierno provincial, con un gobernador como el doctor (Gerardo) Zamora, que tiene un vínculo estrecho con el gobierno de la Nación, y una agenda de trabajo importante, en una provincia altamente postergada con problemas que el gobernador está tratando por todos los medios de superar cuanto antes, estadísticas que son realmente muy dolorosas, no solamente en números, sino, por sobre todas las cosas, en lo que sucede en lo cotidiano, y... y bueno, creo que está haciendo muy bien las cosas, que merece el apoyo de gran parte de la ciudadanía, como está teniendo, y también que merece el apoyo del gobierno de la Nación, porque Santiago es una larga historia de dolencias públicas y privadas.

P.: ¿A qué hora apagó el celular?, ¿en qué momento se dio cuenta de que no soportaba más llamados?

E.R.: No, ayer tuve el teléfono apagado casi todo el día, porque ya no necesitaba que nadie me acerque ningún dato, ni ningún otro elemento. Lo que pasa es que yo no había hecho pública mi decisión, por una cuestión de prudencia, y también porque no quería que se hicieran especulaciones. Ustedes saben que sobre mi voto pesaba una carga de que... lo que podría haber sucedido en los pasillos, y bueno, el que me conoce a mí sabe que yo no negocio por otras vías que no sean las legales y las normales, eh, de la actividad política ¿no?

P.: ¿Por eso apagó el teléfono?

E.R.: Sí, porque además hay que estar en la sesión, hay que escuchar argumentos, y... y era necesario estar atento a todo. Cuando uno sale del recinto, habitualmente sigue desde el despacho por televisión los argumentos que se exponen, pero, lo reitero, desde un primer momento yo ya estaba en el Senado sabiendo lo que iba a hacer, y tampoco quería cometer la injusticia de decírselo a un medio antes que a otro, porque tampoco me parecía correcto ¿no?

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