¿Cómo salir de la coronacrisis?

Opiniones

El desafío pasa ahora por diseñar un programa que movilice los recursos internos siendo capaz de readaptar y reconvertir una cantidad importante de puestos de trabajo y sectores productivos.

La pandemia coronó una larga agonía de la economía argentina que lleva dos años en crisis desde la corrida cambiaria que detonó el programa de sobreendeudamiento de la gestión Macri, allá por mayo de 2018. Los números de abril, con caídas de la actividad que rozan la ciencia ficción, van a dejar una profunda huella de empresas cerradas y puestos de trabajos perdidos que perdurará más allá de la pandemia.

El esfuerzo estatal por sostener los ingresos, se diluye ante la reducción de los multiplicadores de la política fiscal que genera la pandemia (por la parálisis de los sectores no esenciales y los cambios que impone en los hábitos de consumo), pero no así el rojo de las cuentas públicas ni las presiones cambiarias alimentadas por la inyección de liquidez que lo acompaña.

Asimismo, los escenarios de “nueva normalidad” hacen prever la necesidad de reconvertir amplios sectores productivos, con la dificultad de buscar nuevas ocupaciones a un amplio espectro de trabajadores. Semejantes desafíos hacen que todas las proyecciones, herramientas e instrumentos con los que se pretendía finalizar un período de recesión de casi dos años tengan que ser reformulados enteramente. El plan económico original de Alberto Fernández, donde una resolución rápida de la deuda en el marco de una política de acuerdo social, creaba un entorno estable que atraería inversiones permitiendo un crecimiento sostenido donde la brecha externa se desplazaba por el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales, ya no existe.

La negociación de la deuda probablemente se extienda en el tiempo, la conflictividad social crecerá al calor de la destrucción económica generada por la pandemia, la inversión privada externa será reducida y la interna deberá ser inducida por políticas activas, el desarrollo de los no convencionales es una incógnita con el actual precio del petróleo y lo más probable es que el comercio internacional se vea por un tiempo reducido, por lo que la dinámica exportadora no podrá ser el motor del crecimiento.

El desafío ahora pasa por diseñar un programa que movilice los recursos internos siendo capaz de readaptar y reconvertir una cantidad importante de puestos de trabajo y en algunos casos, sectores productivos por completo, en un contexto de finanzas públicas detonadas y fuertes presiones cambiarias. Algunas ideas poco habituales que tiempo atrás podían considerarse extremas, deberán empezar a ser escuchadas por el oficialismo, si no quiere ingresar en un proceso de descomposición política a poco de comenzar su mandato.

El “plan Marshall criollo” presentado por los movimientos sociales es un ejemplo la posibilidad de movilizar amplios sectores de la población, en pos de una reconversión productiva drástica. Esas ideas retoman el programa de reactivación que conformaba el plan Hornero elaborado desde el CESO, donde se proponía la generación de 500.000 puestos de trabajos anuales en sectores vitales para el desarrollo, con amplios multiplicadores del empleo y bajo derrame a importaciones: vivienda, educación, deportes, cultura. Esas ideas deberían readaptarse a la nueva normalidad, contribuyendo a una descentralización geográfica de la población y al relativo autoabastecimiento en bienes esenciales de las diversas regiones del país. Una forma de reducir el futuro impacto de nuevas pandemias.

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